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El nieto número cien fue recuperado. Hermoso regalo de Navidad.


LAS ABUELAS DE PLAZA DE MAYO ANUNCIARON LA IDENTIFICACIÓN DEL NIETO NÚMERO 100: CON EL NOMBRE DEL PADRE CONFIRMADO


MATÍAS FUE CRIADO POR SU MADRE NORMA ESPINOSA. SU PADRE TULIO VALENZUELA DESAPARECIÓ ANTES DE PODER RECONOCERLO.

Las Abuelas de Plaza de Mayo anunciaron la recuperación del nieto número cien. En este caso, la historia es distinta a la de otros nietos apropiados ilegítimamente durante la última dictadura militar.

Matías es el hijo de Tulio Valenzuela y de Norma Espinosa, ambos militantes de Montoneros. Tulio murió en 1978, cercado por un grupo de tareas de la ESMA, y como estaba en la clandestinidad nunca pudo reconocerlo. Matías siempre vivió con Norma y siempre supo que era hijo de los dos, pero recién ahora pudo cruzar los datos genéticos suyos con los de la familia de su padre alojados en la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi).

Con ese resultado también puede obtener el apellido de su padre.

Por Alejandra Dandan
Fuente: Página 12
Más información: http://www.pagina12.com.ar/
Enviado por Gacemail - TEA imagen
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De Puerto Pirámides a Neuquén


Por Osvaldo Bayer (*)

El mismo día que llegué a Alemania recibí un paquete de Puerto Pirámides. Sí, de la lejana y bien querida Patagonia. Me informaban del éxito tenido con la acción “Poniéndoles nombre a las calles de mi pueblo”. La más democrática de las acciones que se pueda uno imaginar. Toda una actividad comenzada hace tres años por la docente Eugenia Eraso y acompañada desde un principio por otros docentes y las autoridades municipales. Era necesario ya poner nombres a las calles porque la población había crecido.

Pero esta vez se hizo al revés. Es decir, no se esperó que los nombres fueran puestos por las llamadas autoridades nacionales o provinciales –como siempre fue costumbre en nuestro país–, sino que las votara el mismo pueblo. Para lo cual se pusieron tres categorías de nombres. En la primera, “Nombres de antiguos pobladores y pobladoras de la península Valdés”. En la segunda, “Pueblos originarios”, y la tercera categoría: “Hombres y mujeres que tuvieron un rol protagónico en la Historia de la Patagonia”. Para lograr lo primero, se movilizó a los alumnos mayores de 12 años del ciclo básico del nivel secundario de la Escuela N° 87, a fin de que ellos visitaran a todos los más antiguos pobladores y escucharan su opinión acerca de quiénes merecían que las calles de ese pueblo que ellos ayudaron a construir llevaran sus nombres. Durante dos años esos estudiantes salieron a la calle a buscar los datos, con lápiz, papel, grabador y cámara en mano. Recogieron y grabaron decenas de charlas de prolongada duración. Fueron a las raíces del origen. Es decir, se reunía a la historia con el porvenir, los viejos y los apenas salidos a la vida. ¿Por qué así? Lo dice la docente Eugenia Eraso: “La posibilidad de involucrar a los jóvenes con la población adulta ofrece una valiosa oportunidad de transformarlos a ambos en protagonistas en la reconstrucción y también en la proyección de la historia futura”, y “así se deja de lado aquella postura de siempre de nombrar calles de las ciudades con los nombres que dicta la historia oficial”.

Es decir, un principio sano, bien democrático. Más en la Patagonia, donde todo se llama Roca, Perito Moreno y el nombre de todos los oficiales de aquella expedición militar que tuvo como objeto sólo quedarse con toda la tierra. “Recordar nuestros orígenes y a los primeros que vinieron desde otras latitudes”, señala el proyecto. Y así fue. Se organizó luego una comisión de vecinos y de docentes, que actuaron junto a la presidenta del Concejo Deliberante local y el director de Cultura. Además, contaron con el asesoramiento de los historiadores de la Universidad de Trelew.

Es la primera vez que se hace algo así en nuestra república: votaron todos los habitantes mayores de 12 años, es decir que también se integró en esta historia a los que asomaban a la adolescencia. Fueron votados así diecisiete nombres de antiguos pobladores. Siete, de los pueblos originarios, entre ellos los nombres tehuelches, Cacique Inacayal, Cuadro del Indio, Aymé Payné, Cacique Sayhueque, y Nancuyeo, y una de las principales calles llevará precisamente ese nombre: Pueblos originarios. Y siete, de protagonistas de la historia patagónica. En esta categoría, el más votado fue el nombre de Peones patagónicos, en recuerdo de los trabajadores de la tierra fusilados por el 10 de Caballería en las huelgas de 1921; y en segundo lugar, nada menos que Facón Grande, el nombre que le asignaron las peonadas a ese gaucho que salió en defensa de los huelguistas y murió ejecutado por los militares. Otros de los votados fue el nombre del abogado Mario Abel Amaya, desaparecido por la última dictadura militar. También se eligió como nombre a Hermanos Cugura, dos jóvenes chubutenses, desaparecidos durante la dictadura de Videla.

Es decir, la opinión del pueblo, debido a una proposición venida desde las bases. Todo un ejemplo a seguir. Vemos así cómo se aprende de la verdadera historia. Y cómo, con el tiempo, los valores éticos van derrotando a la historia oficial: Peones patagónicos, Facón Grande, Mario Abel Amaya, Pueblos originarios, Cacique Inacayal. Justamente Ina-cayal, el tehuelche que fue exhibido en el museo de La Plata por el perito Moreno, y que al morir, pronunció estas palabras: “Yo, hijo de esta tierra... blancos ladrones, matar a mis hermanos, robar mis caballos y la tierra que me vio nacer... ahora prisionero... desdichado”. Ahora lo recordará para siempre Puerto Pirámides. Algo para aprender.

Como decimos, en la historia –a veces tarda– finalmente triunfa la Etica. Porque también en nuestra querida Patagonia, justamente el próximo martes, se llevará a cabo, como todos los años para esta fecha, el acto de recordación de los peones rurales fusilados en 1921 en la estancia La Anita, propiedad de los Braun Menéndez. Organizado por la Comisión de la Memoria de las Huelgas Patagónicas de 1921, que preside el historiador Luis Milton Ibarra Philemon, se llevará a cabo ese acto justamente en el cenotafio que recuerda a las decenas de trabajadores fusilados en dichas huelgas rurales. Concurren siempre muchos patagónicos, principalmente estudiantes universitarios y secundarios y representantes de los trabajadores rurales. Pero creemos que ha llegado el momento de solicitar que se inicie de una vez también la reivindicación de tantos seres humildes asesinados por el poder, dado que fue el presidente Yrigoyen quien dio el bando de la pena de muerte al teniente coronel Varela, jefe del 10 de Caballería para terminar con los huelguistas. No hace mucho tiempo, en una entrevista que tuve con el dueño de la estancia La Anita, Federico Braun, le sugerí que donara una cuarta parte de su extensísima estancia a los trabajadores rurales para que ellos organizaran una cooperativa de trabajo y producción. De esa manera, se indemnizaría en el recuerdo a aquellos otros humildes trabajadores que fueron fusilados por pedir tan poco, justo en esa estancia. Pero el latifundista Federico Braun se hizo el desentendido. Creemos que ya es hora de que la Legislatura santacruceña expropie una parte de esa estancia y promueva esa cooperativa. Fueron los poderes públicos los responsables. Tiene que haber una respuesta ante tanto crimen. Es hora de comenzar a discutir esto que se mantiene sólo como “un error del pasado”.

Errores que seguimos cometiendo los argentinos. Porque demos vuelta la hoja, hasta aquí, en Europa, ha llegado el eco de un nuevo hecho vergonzoso que acaba de ocurrir en suelo argentino, que lo llena a uno de dudas y de profunda indignación. El desalojo brutal a que fueron sometidos los habitantes del espacio ancestral de la comunidad Paicil-Antreao en la ladera del cerro Belvedere, en Villa La Angostura, sur de Neuquén. Aquí se ha podido ver por televisión la entrada brutal, la destrucción de las viviendas, a palazo limpio, y la humillación a que fue sometida esa población originaria por parte de la policía neuquina y parapoliciales. Todo porque el latifundista norteamericano William Fisher lo solicitó al juez Videla, quien aprobó el desalojo. Ya se ha vuelto cosa común en la Patagonia. Se vende toda la tierra –ver el caso Benetton, con casi un millón de héctareas– al mejor postor, sin tener la menor consideración con las familias autóctonas que viven desde hace siglos en esas regiones. Lo escribimos ya en estas contratapas cuando se desalojó a la familia Curiñanco-Nahuelquir, en Leleque. Ahora es el gobernador Sapag que permite la actuación de parapoliciales en el caso Paicil-Antreao. Pero, uno se pregunta, ¿no hay otros procedimientos? Por ejemplo, ante todo, respetar el derecho a las familias con sus hijos a tener un techo en tierras que siempre fueron habitados por ellos. Es que en “la práctica” la moral se mide por los millones de dólares que pone un extraño sobre la mesa y al cual nuestra Justicia le da derecho a la vida y a la muerte de los demás, más siendo éstos humildes. Porque no exagero, si esas familias se hubieran resistido con violencia, la policía neuquina y sus parapoliciales habrían dejado tendido en el suelo a más de uno, como ya lo hizo con el maestro Fuentealba. Parece ser que los gobernadores de Neuquén toman como modelo a Sobisch.

La pregunta, entonces, es: ¿cuándo se van a poner los derechos humanos –más cuando se trata de familias– por delante del dinero en nuestro país? ¿Cómo es que la provincia de Neuquén –en su Justicia y sus autoridades de gobierno– no atendió primero los intereses de las familias antes que los intereses mezquinos de un dueño de todo menos de la moral? Más teniendo en cuenta que esas poblaciones son milenarias y que debe respetarse su falta de sentido de la propiedad, que los enaltece ante nosotros.

De Puerto Pirámides a los actos reivindicativos en la estancia La Anita, sí, pero... para finalizar con la ignominia de los palos a la comunidad Paicil-Antreao. Un tiempo argentino. ¿Y el pensamiento de los héroes de aquel 25 de mayo de 1810, dónde queda? ¿Y nuestro Himno con ese verso definitivo “Ved en trono a la noble igualdad, Libertad, Libertad, Libertad”?

(*) Fuente: Osvaldo Bayer desde Bonn en Página 12, Argentina.-

5 de diciembre de 2009
Enviado por SERPAL
Servicio de Prensa Alternativa
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Recortes: "Mujeres mapuches" - Página 12

De una nota en Página 12
por María Sol Wasylyk Fedyszak.
Desde El Bolsón y Esquel

***

Liliana Cárdenas vive al pie de las montañas de Lago Puelo, en una zona que pertenece a Motoco Cárdenas, una comunidad mapuche conformada por más de 10 familias que van por la quinta generación.

A su casa sólo se puede acceder caminando, después de atravesar un arroyo y recorrer tres cuadras de pleno bosque.

“Hay mucha gente engañada, los engañan porque no saben leer ni escribir."
...
"Nosotros conformamos una comunidad reconocida por el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI). Nosotros decidimos no estar más solos, unirnos, y si nos pasa algo, si a mi papá o a mí me tiran al río, uno va a saltar, enseguida.”

En este momento tienen un abogado que no saben si los seguirá defendiendo, ya que depende de si el INAI le aprueba el proyecto.

La familia de Liliana hizo una denuncia hace un tiempo porque el propietario de al lado organiza cabalgatas dentro del territorio de la comunidad Motoco.

Después de la denuncia, “el puestero del propietario de al lado amenazó a mi papá diciéndole que le iba a atar una soga al cogote y lo iba a arrastrar por el río. Finalmente quedó todo en la nada, el secretario del juez o el fiscal me dijo: mire que esto tarda mucho, como diciéndome que me convenía hacer las paces con esta gente, yo le dije que las paces no las iba a hacer con nadie porque ya nos habían hecho mucho daño. Estamos con incertidumbre, pero nosotros estamos en las tierras, queremos el lugar y no vamos a aflojar”, enfatiza Liliana.

***

Para llegar a la casa de Maximiliana y Alicia, en la zona de Leleque, hay que atravesar tierras Benetton.

Ellas, junto a seis mujeres más, están al frente de las únicas ocho familias que viven en la zona.

Unidas enfrentan cualquier adversidad que se les presente.

Sus casas están pegadas y siempre se juntan cuando reciben visitas.

En invierno comienzan sus actividades a las 9 de la mañana porque hace demasiado frío, cortan leña, buscan agua, hacen pan.

Reciben noticias a través de la radio.

Hay momentos en que se les complica salir de la zona porque se desborda el río y quedan encerradas.

Hoy reclaman que sus hijos puedan continuar educándose en la escuela, y quieren la instalación de un puesto sanitario para no tener que caminar kilómetros para asistir a los enfermos en las urgencias.
...
“Donde estamos nosotras ahora pertenece al ferrocarril. Conseguimos esta casa hace 12 años, cuando mi esposo trabajaba en la estancia y los chicos estudiaban. Además, la escuela quedaba cerca y no había que viajar tanto para llegar. Con el tiempo comenzaron a llegar un montón de familias que llevaban a sus chicos a la escuela”, relata Maximiliana.

Hoy sólo quedan alrededor de ocho familias, casi todas mujeres solas.

Algunos de los maridos están trabajando en otros lugares como peones de campo.
...
A medida que los chicos terminaban la escuela, las familias se iban.

Desde el lugar en el que viven, deben caminar dos horas para llegar a la ruta por donde pasa el micro que viaja a cualquier otra localidad, como Esquel o El Bolsón, pero los días de lluvia o nevada la salida es complicada.

Con el tiempo las quisieron desalojar.

“Nos decían que esas eran tierras de Benetton y que nos iban a alquilar una casa en el pueblo para que nos fuéramos a vivir pero después pensamos que era un engaño.”

Para entrar y para salir de su casa deben atravesar tierras Benneton.

“Antes había otro patrón que tenía una tranquera para dejarnos pasar con el caballo, pero cuando murió comenzaron a querer desalojarnos del lugar, cerraron todo con candado.”

Cuando empezaron a decirles que se tenían que ir, llamaron a Mauro Millán, werkén (vocero) de la Organización Mapuche-Tehuelche 11 de octubre: cuando él las fue a visitar para charlar, para saber qué necesitan y asesorarlas acerca de sus derechos, hizo todo el camino acompañado por custodia de Benetton.

Además, cerca de Leleque, en medio de la ruta desértica, se encuentra una comisaría.

Algunos suponen que es para frenar las manifestaciones que se hicieron en protesta de la compra de tierras por parte del propietario italiano.

Hace un año les dijeron que debían desalojar la zona en la que viven, “el que venía era una persona que pertenecía a la empresa del ferrocarril”, relata Alicia.

Algunas familias quieren quedarse allá porque se criaron en ese espacio, pero otras si les ofrecen una casa podrían trasladarse.

“A nosotras nos gustaría quedarnos y nos gustaría tener una escuela para que los chicos no se tengan que ir del lugar si quieren seguir estudiando después del nivel básico, pero la maestra de la escuela que venía de El Bolsón ahora no puede venir más, así que no sabemos si habrá clases. Otra de las docentes tuvo un bebé y la maestra de jardín tiene problemas, la directora se encuentra sola. No hay Polimodal.”

También querían instalar un puesto sanitario porque el hospital más cercano, el de El Maitén, queda demasiado lejos. Todavía siguen esperando.

***

María Luisa Huincaleo tiene 56 años, más de la mitad en lucha.

“No queremos que los jóvenes se vayan a la ciudad y abandonen sus tierras porque ahí es donde se les da la posibilidad a los terratenientes de ver los campos solos y querer comprarlos, y eso es lo que queremos evitar; somos responsables de defender la tierra”.
...
María Luisa es werkén de la comunidad mapuche de Gualjaina (una palabra tehuelche que significa “dos ojos de agua”), un pequeño centro urbano cercano a Esquel en el que viven 900 familias que descienden, en un 90 por ciento, de los pueblos originarios, aunque no todos conozcan la cultura.

"Cuando yo iba a la escuela, de chica, me decían que yo era india, y yo lloraba, tanto me discriminaron. Todavía hoy uno va a ciertas comunidades y te dicen: 'yo no soy mapuche', pero uno le ve el apellido que es mapuche. Les han lavado tanto la cabeza, les dicen que no sirven, que son brutos, inútiles, entonces se discriminan ellos mismos. Pero a pesar de todo siempre digo que si nosotros después de 500 años nos levantamos quiere decir que tenemos aguante después de todo lo que nos han hecho...".
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"Yo sufrí muchísimo para criarme, me quedé huérfana temprano y todo eso me llevó a desear que, cuando fuera grande, iba a tomar mis propias decisiones. Por eso volví a la comunidad, a ayudar mi gente y ahora tengo una responsabilidad: dejar un camino más claro para los que vienen."
...
Cuando era pequeña, su madre no podía enseñarle la lengua mapuche:
“En ese tiempo estaba Gendarmería, que le prohibía terminantemente que le enseñe la lengua a sus hijos, y ella nos decía que para que nosotros no fuéramos castigados no nos iba a enseñar”.

Ahora, el hijo de María Luisa, a los 9 años, está recuperando la lengua y habitando las costumbres:
“Es un peuchen, es un chico de los que está dentro de la ceremonias”.



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