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6 sept. 2014

Con orden... - Por Eduardo Juan Salleras


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CON ORDEN Y MIENTRAS EL CUERPO AGUANTE
Por Eduardo Juan Salleras, 3 de agosto de 2014.-

Se autoriza su publicación solamente en forma completa y nombrando la fuente

Habiendo recuperado parcialmente el uso de mi mano derecha luego de una operación, vuelvo al ruedo de la escritura. Aproveché también ese tiempo para intentar modernizar mi vieja “netbook”.

De todas formas me hizo bien no poder redactarle a mis dedos lo que sentía. Fue una semana plagada de inconvenientes, sumados al siempre angustiante ánimo social del que prefiero por el momento no hablar.

Es tal el nivel de hervor general, desde el simple arrebato hasta el crimen organizado, pasando por los abusos de autoridad, por la intolerancia civil y los casos aberrantes de deshumanización, que uno busca en cualquier cosa distracción, contención, algo que sirva de bálsamo: un bello paisaje, una vista amena, un perfume, una melodía…

La lectura nos permite, eligiendo el texto adecuado, y lograr concentrarnos, abstraernos de lo cotidiano… y sino la tele.

Ahora, para encontrar en ella algo parecido a lo que necesitamos: alivio, es realmente muy difícil.

Siempre busco programas documentales o culturales; también los relacionados con la actividad gourmet.

Sin embargo hasta en los canales ilustrativos hay violencia o en algunos casos situaciones desagradables: gente presa, accidente aéreos, cocodrilos, víboras y tiburones… ¿cuántos programas se pueden hacer sobre tatuajes?... y esos desquiciados que pretenden corregir a malos cocineros o redimir del cierre a un bar… los autos son muy lindos pero los realitys sobre el tema son patéticos… ¡los realitys son patéticos!… entonces uno debe usar el control remoto demasiado, tal vez una presentación de la BBC – imperdibles, extraordinarias – o en su defecto: El Chavo.

Deberían ahondar un poco más el género animado, los tradicionales dibujitos.

Claro, al insistir en la búsqueda, algo - tan solo algo - se encuentra.

En el canal gourmet tropiezo con una transmisión desde Alemania, un muchacho en bicicleta recorre la zona de la Selva Negra. Paisajes y pueblos de ensueño, además, disfrutar del Orden… olvidado en nuestros días en la Argentina.

Orden y Progreso dice en la bandera de Brasil. Si no hay orden no hay progreso y pensar que nuestros progresistas son anarquistas.

Volvamos a las acuarelas que me permiten volar fuera del medio que rodea mí vida, aunque ellas son auténticas, parte de una realidad distinta a la nuestra. En esos prolijos caminos rurales o en aquellas calles inmaculadas de antiguos pueblos, nada está fuera de sitio… respeto absoluto por el espacio público, porque viven afuera como lo hacen puertas adentro.

Esta situación no se obliga, se educa.

Al final del programa, el muchacho de la bicicleta, luego de haber recorrido una chacra de frutales con la señora del lugar, entrevistó al hombre de la casa, en una terraza bordeada de verdes incomparables de distintos tonos, y por encima, el cielo azul.

El dueño de la finca estaba muy sereno después de un día de arduo trabajo, como casi todos.

Sorprendido el chef-periodista argentino, le preguntó por su actividad. No recuerdo puntualmente el diálogo porque pasó fugaz por mis oídos y vista (traducción), pero sí el concepto. Entonces me permito la licencia de inventarlo o reescribirlo.

- ¿Todos los días son así con tanta actividad? Pregunta el joven.

- Sí, casi todos. Responde el señor.

- ¿Desde hace cuánto que lo hace?

- Desde siempre, hace mucho que lo hago…

- ¿Y por cuánto tiempo más piensa hacerlo?

- Hasta que el físico me dé, en algún momento dirá basta pero, mientras tanto, ¿Por qué dejar de hacer lo que sé hacer y me gusta?

- ¿Cómo es esto de vivir en el mismo lugar donde se trabaja?

- Es una unidad de felicidad… vida, trabajo y producción.

En pocas palabras resumió mi historia y mis desvelos. Alguien, desde muy lejos responde a mis enigmas.

Es que, si yo lograra el orden que en esa chacra había, sería el hombre más feliz del mundo, desarrollando la actividad de casi toda mi vida. ¿Hay acaso diferencia entre un teutón y un criollo? Seguro que sí, aunque todo está en función de lo queremos ser.

Me pregunto: ¿Quiero dejar de ser el que soy o prefiero seguir siendo lo que supe ser hasta ahora?

Es toda una cuestión. Lo que yo tengo bien en claro es que sin orden no hay progreso, ¿es entonces la razón del estancamiento? No hay administración que aguante el caos, la anarquía. De ahí lo que nos ocurre a la Argentina país, y en cierta forma influye en los ánimos sociales, con sus respectivas repercusiones materiales, en todos nosotros.

Eso de que hasta el cuerpo aguante… ¿y por qué no? Jugué más de 30 años al rugby hasta que el físico dijo basta. Sin embargo, en el fondo, sigo siendo un jugador de rugby.

Si Dios me devolviera 15 años, lo primero que haría es volver a las canchas a jugar el deporte con el que crecí.

Si Dios me devolviera 15 años, corregiría muchas de las cosas que me llevaron al desorden, recuperaría tiempo y aquello que perdí sin ninguna razón.

Si Dios me devolviera 15 años…

Seguiré hasta que el cuerpo diga basta…

Pero, ahora sé que no hay ninguna razón para dejar de ser el que soy, gracias al germano.

Todavía tengo algunas alternativas para elegir antes que me limite mí condición.

Muchos, probablemente, no pueden optar como yo.

Todos, en cambio, estamos siendo acechados a cada momento, por una araña que nos envuelve en su tela, fuerte y pegajosa, de la que, día a día, intentaremos cortar sus hilos con cuchillos de buen filo para liberarnos.

De eso se trata mi búsqueda: de liberarme de ciertas cosas… del presidio al que arbitrariamente me condena la actualidad… de algunas cadenas propias, a las que me someto de una manera innecesaria.

Tengo muy claro sí, que sin orden jamás me sentiré libre.

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