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12 may. 2012

Recuerdos de mi muerte - Apunte 12 - "Y, como dijo Belisario,..."

... el baño no tiene horario." Y se me ocurre iniciar este apunte con esa frase tradicional de mi fallecido amigo calesitero Mimito Difranco porque me resulta hasta gracioso que durante mis aventuras extracorpóreas sucedió al menos una vez que sintiera ganas "de ir al baño". Pero así fue.

Estaba en el estacionamiento de las ambulancias - que conocí realmente cuando regresé de mi experiencia - cuando pregunté a alguien dónde quedaba el lugar que necesitaba. Me señaló una de las altas puertas de chapa que no tenía ninguna identificación especial. Hacia allí fui.

Abrí la puerta, que esta vez era hacia afuera, y entré. Era una única habitación cuadrada de unos 3,50 m ó 4 m de lado. Muy prolija e higiénica, en ella predominaba el acero inoxidable. Pero no distinguía entre los elementos que veía cuál era el destinado para cada función.

A mi izquierda pude distinguir claramente una especie de tablero de llaves (switches) como los de electricidad, cada tecla con una identificación creo que gráfica: una ducha, un inodoro, un bidet, un lavatorio...

Llevado por la emergencia oprimí el que necesitaba en ese momento. Inmediatamente comenzaron a moverse todos los elementos cerrados que había visto al entrar. Se trasladaban para dejar lugar principal a uno de ellos que se descubrió de una especie de caja que lo ocultaba. Era un más que pulcro inodoro de cerámica, con su forma tradicional.

Hice lo que quería y debía hacer. Mientras corría el agua proveniente de algún depósito empotrado en la pared, me puse a accionar las otras teclas. Era maravilloso.

Cuando oprimí la señalada con una ducha, todo el sistema comenzó a reacomodarse. El inodoro volvió a ocultarse en su caja al tiempo que del piso surgía una bañera ("bañadera" decimos por aquí), al mismo tiempo que del muro salían la "lluvia", una canilla y las correspondientes llaves para el agua fría y la caliente. Y un caño con una cortina plástica para evitar que el agua salpicara el resto del lugar.

Luego accioné la tecla señalada con un lavatorio y ocurrió algo parecido. Los elementos para tomar una ducha o usar la bañera volvieron a esconderse mientras de la pared que estaba a mi izquierda surgían una pileta con sus llaves y un botiquín con espejo. También usé estos elementos para acomodarme antes de regresar al estacionamiento.

Accioné el mismo switch y todo esto desapareció en el muro. El baño volvió a quedar como lo encontré al llegar.

Días después de "volver a la vida real" hablé por teléfono con mi hija Victoria, que es ingeniero en computación, y le comenté ese lugar que había visto en mis "sueños". Me dijo que alguna vez había encontrado algo parecido y que me fijara en internet en el tema "domótica", es decir, las casas controladas por computadora. Todavía no lo hice, pero si alguno de ustedes se siente interesado y busca la información, agradeceré que me comparta sus hallazgos. Aunque ahora se me reavivaron las ganas de hacerlo personalmente, ya que debo ilustrar esta nota.
...
Acabo de echar un vistazo y entré en lo que Vicky me decía. Me robo una fotografía que tiene algo de parecido, pero el baño que les describí agregaba ese efecto de ocultamiento mecánico de los elementos que no encontré tan desarrollado en los que vi. Aunque a esta altura de los recuerdos ya estoy como ustedes y nada me sorprende.

Estaba pensando cómo seguirán estos apuntes. Creo que para no perder tanto la coherencia entre ellos, debería continuar con otros hechos vinculados con las computadoras de la clínica y el hotel, porque sucedieron muchas cosas con ellas, especialmente con la "central" que operaba José Luis. Aunque también estaban las terminales en otros puntos de ambos edificios. Ya veremos.

Hasta el próximo apunte.

Daniel Aníbal Galatro



Baño domótico algo semejante al que vi y usé en la clínica.

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