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19 may. 2012

Razim al Hamed, el verdadero “hombre del año"



Un cuento destinado a los adultos.
(Quizá también una guía más acerca de cómo crear una ficción que parezca cierta.)
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¿Quién es Razim Al Hamed? Según muchos mails que circulan por Internet, es el hombre más rico del planeta, que ha decidido compartir su fortuna con todo el mundo.
Y su riqueza está siendo repartida en cheques de mil dólares a todo aquel que lo desee, gratis, que pueden solicitarse haciendo click en un link incluido y así luego esperar para recibir en la puerta de su propia casa.

¿Por qué el bueno de Razim Al Hamed ha tomado esta decisión? Según quien ideó el personaje, porque está llegando al fin de su vida sin herederos para su inmensa fortuna y, acercándonos como estamos a las fiestas de Navidad y Año Nuevo, no desea que algún gobierno se quede con su dinero en caso de fallecer y prefiere dar con él un poco de felicidad a quienes están sufriendo necesidades.

¿Cuál es la verdad de todo esto? ¿Cuál es la ficción?

Si por un momento pretendo hacerla suponer verdadera, la historia podría comenzar, por ejemplo, señalando que Razim nació en Al Hufuf (Arabia Saudita) el 28 de Diciembre del año 1920. Esa ciudad es el mayor centro urbano localizado en el vasto Oasis Al-Ahsa en la llamada "Provincia del Este" de ese país. En el año 2009, la ciudad tenía una población de un millón doscientas mil personas, aunque era mucho menos poblada, por supuesto, cuando Razim fue dado a luz allí.

Y continuar diciendo que su padre trabajaba en el cercano campo petrolero Ghawar, uno de los mayores del mundo instalados en tierra firme. Su madre estaba sometida a las leyes y costumbres de Arabia Saudita que aseguran para las mujeres un tratamiento de "menores de edad perpetuas" y sin importar su edad, debió tener un tutor masculino, que primero fue su padre y luego su esposo, quienes podían autorizarlas a realizar actividades como viajar al exterior o recibir atención médica. Pero nunca estuvo esa pequeña familia en condiciones de viajar por su extrema pobreza, y solamente recibió atención médica para el parto de Razim.

Sin embargo, será importante incluir que la mujer enfermó poco tiempo después de dar a luz y antes de que Razim cumpliera un año de vida, falleció. Por eso el padre entregó al niño a unos primos lejanos que querían pero no podían tener hijos, y por ellos Razim fue llevado muy lejos del Golfo Pérsico.

Su padre adoptivo, ése que acabo de crear aquí, se dedicó durante muchos años al comercio de telas y a causa de ello la familia viajaba constantemente, de una ciudad a otra, aunque el objetivo del hombre era llegar a Europa. Poco a poco, y viviendo pobremente de lo que recaudaba con la compraventa de esos tejidos, fue acercándose con su esposa y su hijastro al Viejo Continente.

Será así coherente con el relato que Razim recuerde hoy que cumplió sus 30 años en una población turca cercana a la frontera con Armenia. El lugar se llamaba Kars y estaba cerca del Monte Ararat. La gente de por allí decía que sobre esa enorme roca se encontraban los restos del arca de Noé de la que hablaban los libros sagrados. Cuando Razim se refiere a esa época la recuerda con pesar, es fácil de suponer, ya que había reemplazado a su padrastro en la tarea de comerciar telas porque el hombre se sentía muy anciano para hacerlo y su esposa tenía graves dificultades para caminar. Así el joven se había convertido en el sostén de su pequeña familia y todo lo que ganaba, que era realmente poco, lo destinaba a que sus padres adoptivos, que lo habían tratado siempre con mucho afecto.

Nuestro Razim nunca supo su verdadero apellido, el que correspondía a su progenitor biológico, y adoptó el apodo de su padre adoptivo, "al Hamed", cuyo significado es "el que es digno de alabanza", y que sabía que era muy usado en todos los países árabes. Seguramente su padrastro lo merecía y el joven trataría de merecerlo también.

El cruce de Turquía desde la frontera armenia hasta la búlgara le llevó a Razim unos diez años. Llegó a Edirne solo, pues sus padres adoptivos habían muerto en el tiempo que llevó el penoso recorrido. Primero la madre, físicamente muy deteriorada por los años y las enfermedades, falleció y fue sepultada en Afyon. Meses después el hombre, que no pudo soportar la pena, sufrió un ataque cardíaco en Uludag y en pocos días dejó de existir, sin haber logrado concretar su sueño de pisar la Europa más allá de Turquía.

¿Vamos bien? Creo que sí, porque las precisiones geográficas ayudan a crear un ambiente de veracidad a cualquier historia de ficción. Puedo proseguir.

Muy entristecido aunque aliviado de la carga que significaban esos dos ancianos enfermos en su vida, pronto Razim reunió algo de dinero y se atrevió a cruzar la frontera hacia Bulgaria. Ya se hacía conocer como "Razim al Hamed" y en el centro del país, en una provincia conocida como Gavrobo, conoció a Mohamed, un primo lejano del padre del hoy rico y famoso H.E. Sheikh Hamed Bin Ahmed Al Hamed, directivo importante de la compañia de inversiones Al Farida. Si bien ese Mohamed no era un hombre de fortuna, había hecho relaciones valiosas apoyándose en el nombre de sus familiares y así había logrado varios años atrás instalarse en París como agente de inversiones petroleras en Arabia Saudita.

Ahora he reforzado la credibilidad en esta historia absolutamente falsa mencionando personajes de existencia real aunque en forma tangencial, imposible de verificar. Continúo.

No le había ido nada mal. Era inteligente y sagaz. Pronto simpatizó con Razim y le ofreció mudarse con él a su departamento en el Boulevard Saint-Germain, a pocas cuadras del río Sena.

Hasta 1980, Razín trabajó para Mohamed, quien progresó mucho con su empresa y entonces sí se convirtió en un verdadero potentado, con los frutos de las inversiones de franceses en sus proyectos y también con los beneficios enormes que le produjeron sus propios capitales colocados en diversos lugares de Asia y de Europa. Ese año, ya cansado y dispuesto a disfrutar de su bienestar económico, dejó a su amigo, ya de 60 años de edad, como dueño de la agencia, lo abrazó y se fue a recorrer el mundo. Razim nunca supo más sobre él.

Debo dar un cierre al proceso ficticio de enriquecimiento del personaje. Porque alguien que obsequia una enorme cantidad de millones debe previamente haberlos conseguido. Y debo idear cómo hubiera podido lograrlo.

Pero, pese al enorme crecimiento del dinero de ese hombre nacido en Al Hufuf, todavía estaba muy lejos de convertirse en el más rico del mundo. Eso ocurrió con bastante rapidez cuando Razim se interesó por la electrónica y el universo de la informática de las telecomunicaciones. Vendió la agencia en muchos millones de dólares y los invirtió en empresas internacionales, algunas de las cuales se convirtieron poco a poco en su propiedad, al adquirir más del 51% de las acciones.

Es tiempo de que el autor del relato, es decir yo mismo, se inmiscuya en él para facilitar en el lector esa saludable confusión entre realidad y ficción que logra generar algo así como una “mentira creíble”, mucho más convincente que cualquier “verdad increíble”.

Cuando le pregunté acerca de los detalles de esas operaciones tan rentables que había realizado en solamente diez años a partir de la década de los 80, sonrió misteriosamente y se negó a hablar sobre el tema. Eso me hizo sospechar que quizá no fueran demasiado "limpias" y que involucraban a importantes personalidades políticas de diversos países.

Ni siquiera Razim al Hamed sabe realmente cuánto dinero posee. Y tal vez es por eso que muchos lo consideran "el hombre más rico del mundo". Aunque quizá no ha conocido más felicidad que la de la riqueza.

Por supuesto, un árabe saudita de 30 años llamó por su presencia física la atención de muchas jóvenes turcas con las que seguramente mantuvo apasionados romances. Y cuando llegó a los 60, las parisienses se le acercaban no solamente por su apostura sino también por el mucho dinero que ya había reunido. Pero nunca contrajo matrimonio y él está seguro de no tener hijo alguno, ni reconocido ni sin reconocer.

Como el relato tenía un destino prefijado, uno de nuestros blogs en internet, debía crear una relación entre el protagonista y nosotros, Olga y Daniel, de modo que pareciera natural su publicación en ese lugar. Y aquí era un buen momento para incluirla.

Poco antes de cumplir sus noventa años, en este 2010 y residiendo en algún lugar de Europa - algunos dicen que compró una muy hermosa villa en Puglia, Italia y de allí no sale con frecuencia - sugirió a un amigo que había decidido regalar su cuantiosa fortuna "de a mil dólares per cápita". Y entonces se comunicó con nosotros a través de alguien que conocíamos en común para pedirnos que difundiéramos la información.

Pero todavía no lo hemos hecho, salvo en este informe. Lo que significa que todo lo que puedan encontrar en Internet, especialmente en Facebook, es solamente una enorme mentira, una trampa para incautos, un "hoax" como dicen los expertos.

Era tiempo de que yo, el autor de este relato, comenzara a mostrar con mayor claridad que todo era falso en la historia: el personaje inicial y esta pretendida biografía por mí creada. Y debía ser algo relativamente brusco e impactante para que provocara, como lo logró, reacciones de distinto cariz entre los lectores, más de treinta mil hasta hoy, instando a muchos a enviar sus comentarios.

Razim al Hamed no enviará ningún cheque a nadie ni por mil dólares ni por un solo dólar hasta que se lo indiquen sus amigos Olga y Daniel de Argentina. Solamente en ellos tiene confianza y solamente ellos saben bien cuándo y cómo deberá hacerse la distribución. Y, en caso de fallecer, a ellos dejaría su inmensa fortuna para que se ocupen de continuar su aplicación a fines que lo merezcan realmente.

Porque sería triste que el dinero llegara a manos de ambiciosos que creen que pueden recibirlo a cambio de nada, de tontos que han podido engañarse o engañar a otros a través de mails que los incitan a intentar conseguir mil dólares, casi una limosna, con solamente pedirlos. De insensibles a quienes no les interesa ni quién los da ni por qué los da.

Para ellos, Razim al Hamed no existe. Nunca existió. Y la historia que aquí relatamos es apenas una ficción para demostrarles que es verdad que "cada minuto nace un tonto". Es una historia más de Navidad que quisimos hacerles llegar para los ambiciosos, los tontos y los insensibles, pero también para los hombres y mujeres de buena voluntad que confían en lograr dones a cambio de sus esfuerzos cotidianos por los suyos y por los prójimos, dones que valen mucho más de mil dólares y que enriquecen su alma más que su materialidad.

Razim al Hamed es el verdadero "hombre del año". Porque su creador, anónimo e ignorado, permitió que hoy estuviésemos reflexionando aquí sobre temas tan profundos, inspirados por ese ser ficticio pero alentados por la proximidad de unas festividades que nos conmovieron de niños pero que nos siguen siendo significativas de adultos.

En nombre de Razim al Hamed, "el que es digno de alabanza" aunque no haya existido nunca, que se corporiza hoy y aquí, quizá por única vez, no para entregarles un cheque de mil dólares sino para desearles algo mucho más valioso: paz y felicidad para esta Navidad y para el año que pronto iniciaremos.

Y, finalmente, aclaré explícitamente que todo era un relato de ficción creado por mí ese 20 de diciembre de 2010 y dedicado a Olga Isabel Román (con amor) y a "Razim al Hamed" (con respeto).

Y como nos sucede a los escritores, los comentarios generaron una retroalimentación mayor que la esperada. De un simple juego navideño se convirtió en un evento que me permitió replantearme, por ejemplo, el cuidado que debe tener quien escribe con los términos que utiliza pues cada lector es un receptor diferente que lee y evalúa en forma absolutamente individual lo que uno ha volcado con mayor o menor cuidado y conocimiento en un texto que partirá luego al mundo insertándose en un espacio-tiempo propios e insospechados.

Aquí he hecho aún más compleja la dificultad de comprensión del texto, al incluir comentarios personales acerca de cómo lo pensé y elaboré, pero éste es otro lugar de expresión y yo, un mes después de escribir el primer relato, también soy diferente. Y así como un escritor dicen que siempre está relatando partes de una misma historia, al casi repetir una historia no dice exactamente lo mismo que cuando la ideó por primera vez. Por aquí se trata no de un simple cuento sino de mis “sentimientos íntimos”.

Daniel Aníbal Galatro
21 de Enero de 2011.

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