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19 may. 2012

¿Sabías que puedes ser hijo de un extraterrestre y aún no estar enterado? Sobre híbrido y cosas así.



Ya muchos amigos saben que estoy inmerso en una nueva novela en gestación que trata de las experiencias íntimas y no tan íntimas de una chica híbrida.

En esto de la Ufología, se denomina "híbrido" al que tiene un progenitor terráqueo y su otro progenitor es alguien proveniente de otro planeta del Universo.

Generalmente esta situación no es conocida por el interesado (o interesada) hasta que algunas circunstancias se lo hacen sospechar primero y confirmar después.

En el caso de Natasha, la protagonista de mi novela, su capacidad de mover objetos a distancia (telequinesis), sanar heridas por imposición de manos o conocer en detalle hechos aún no sucedidos le permiten sospechar y confirmar que "algo raro pasa con ella".

Cuando la situación comienza a aclararse, ¿qué pasa con sus sentimientos, sus temores, sus deseos? Eso lo sabrás cuando leas la novela si alguna vez llego a terminarla, para lo que aún falta quizá no poco tiempo.

Pero vamos a jugar un poco con esa situación suponiendo que eres tú el o la protagonista.

De pronto, un día, algo inexplicable te pasa y descubres que tienes un poder particular. Puede ser alguno de los que Natasha manifiesta o cualquier otro. Te ocurre una o más cosas que no puedes comprender del todo pero que sabes que puedes reproducir a voluntad.

Lo comentas con alguien o te lo reservas, pero comienzas a intuir que éso que te pasa no es del todo humano. Y lees por allí que los extraterrestres han estado, están y seguirán estando entre nosotros de alguna manera. Al menos, miles de personas lo han asegurado siempre.

Y uno de ellos, de vez en cuando, traba relación con uno de por aquí para vivir una experiencia sexual. Contacto, abducción, seducción (o no), fertilización de un óvulo humano con algún tipo de espermatozoide foráneo o fertilización de algún tipo de óvulo extraterrestre con un espermatozoide humano. Y de allí, después quizá de los consabidos nueve meses, naces... ¡tú!

Y comienzas a llamar "papá" o "mamá" a quien no lo ha sido biológicamente. Un nuevo "híbrido" en este planeta: ¡Tú! Entonces buscas, investigas y todo eso, para confirmar que no eres de este lugar o lo eres en un 50%.

Aquí estás, entonces, a sabiendas o en total ignorancia concreta, aguardando a que uno de estos días, o preferentemente, una de estas noche, venga tu otro progenitor, el no terráqueo, a buscar a su bebé que ya no lo es tanto porque se ha convertido en adolescente o en persona adulta.

La nave espacial baja en tu jardín o en cualquier otro lugar más o menos adecuado y te invita dulcemente a subir al transporte ése para llevarte a vivir definitivamente en tu otro hogar, desconocido y lejano. O siguiendo las técnicas de Spielberg, se coloca sobre tu actual residencia, emite un haz de luz y te succiona suavemente hacia su interior.

En fin, que tu vida cambia a partir de ese momento. Y cambia de un modo brusco hacia un futuro totalmente distinto.

¿Qué pensarías? ¿Qué pasaría con tus amores terráqueos, con tus amigos, con tus proyectos, con tus sueños...? ¿Serías feliz yéndote de este complicado planeta Tierra para "mudarte" a otro diferente más avanzado, más ordenado?

¿Le dirías sin problemas "papi" o "mami" a alguien sin orejas y con tres dedos en cada mano, por ejemplo? ¿Lo discriminarías o pensarías que es uno de tus progenitores y que seguramente tienes tú también algo de él o de ella?

No es fácil ser "híbrido". Todo se complica pero también se abren inesperadas posibilidades para tu vida. Debes dejar a tu otro progenitor a quien llamabas "mamá" o "papá" y lo era realmente, y a alguien a quien llamabas "papá" o "mamá" sin que lo fuera biológicamente.

Quizá lo no sabes y eres un producto híbrido interplanetario. Y esta noche, ¿por qué no?, baja una nave de otra galaxia (o de ésta misma) y alguien con uno de sus tres dedos de la mano derecha hace un gestito para invitarte a iniciar una etapa maravillosa de tu vida, o al menos, supuestamente maravillosa.

¿Irías?

En caso negativo, cuéntame por qué.

En caso afirmativo, fíjate si puedes enviarme un mensaje por internet o algo así, de modo de saber cómo te está yendo por allá lejos. Para ir preparándome, porque seguramente también yo soy híbrido y uno de estos días seguiré tu camino.

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