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La vida, el bastón, Borges, Sábato...

El bastón era un péndulo en las manos de Borges; entreví 2 sombras y detrás a dos hombres y, dentro de las sombras y los hombres, entreví el amor y la muerte, la lucha y el arte, es decir: LA VIDA "


A la izquierda, pálido, apoyando sus manos en el bastón,, la incógnita de sus ojos deambulando en la sombra: Borges

A la derecha, un ademán inquieto y ojos permanentemente al acecho: Sábato
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Borges, el tejedor de sueños

 Jorge Luis Borges, escritor argentino que se convirtió en ciudadano del mundo. A medida que iba perdiendo la vista, su visión del mundo y de la humanidad era cada vez más clara y profunda. Había llegado a la vida cuando el siglo XIX se despedía: el 24 de agosto de l899. Su figura crece con el paso de los años y aunque no haya logrado conseguir el Premio Nobel de Literatura, su obra perdura en el tiempo. Este Premio internacional que es considerado el más importante, se ha otorgado a personajes como Bjornson, Mommsen, Heyse, Gjeellerup, Spitteler, Echegaray, Carducci, Seferis, Reymont, Karlfeldt, Sillanpää, Eucken, H. E. Martinson, E. Johnson, Laxness, Quasimodo y Bunin, entre otros.

EN EL NOBEL NO ESTÁN TODOS LOS QUE SON Entre los escritores que figuraron como candidatos al Premio, pero no lo consiguieron, mencionaremos --además de Borges y Alfonso Reyes-- a Bertolt Brecht, Mark Twain, Henry James, Máximo Gorki, Paul Valéry, H. G. Wells, Somerset Maugham, Anton Chejov, León Tolstoi, Henrik Ibsen, Rainer Marìa Rilke, Marcel Proust, Benedetto Croce, Virginia Woolf y George Meredith. El diario italiano Corriere della Sera realizó una encuesta mundial en 1970, la cual favoreció a Borges, como el candidato al Nobel que más votos recibió de parte de los lectores. Sin embargo, la Academia Sueca se decidió por Solshenitsyn.

A Borges le gustaba hacer bromas con esto del otorgamiento del Premio Nobel. En una ocasión dijo que si lo hubiese recibido, perdería el puesto de “futuro candidato”. “Al parecer –dijo en una ocasión—todo se hace al azar de una geografía política. Creo que los próximos cinco o seis premios serán australianos o húngaros”.

Al respecto, María Kodama, la viuda de Borges, ha expresado que Borges “se divertía muchísimo con el hecho de que no le dieran el Premio Nobel de Literatura. Decía que se había convertido en un mito escandinavo, el del hombre al que no le habían dado el Nobel. En caso contrario él se hubiera convertido en uno más de la lista”.

Pero volvamos a Borges. Este ilustre escritor que recorrió los caminos de Francia, Italia y Suiza, hizo de Buenos Aires, su ciudad natal, fuente de inspiración. Incursiona en la poesía, en el ensayo, en la crítica y en la narrativa. Entre sus obras figuran: “El tamaño de mi esperanza”, “El jardín de los senderos que se bifurcan”, “Fervor de Buenos Aires”, “La Muerte y la Brújula”, “Nuevas Inquisiciones”, "Ficciones", "El Aleph", "Cuadernos de Bustos Domecq", "Historia de la eternidad", "Historia universal de la infamia", etc.

LA HISTORIA DEL ESPIRITU A Borges le gustaba recordar a Paul Valéry, quien escribió: "La Historia de la literatura no debería ser la historia de los autores y de los accidentes de su carrera o de la carrera de sus obras, sino la Historia del Espíritu como productor o consumidor de literatura. Esa historia podría llevarse a término sin mencionar un solo escritor". Desde niño entró en contacto con los libros. Pasaba horas en la biblioteca de su padre, Jorge Guillermo Borges. En ese lugar entró en contacto con sus primeras lecturas: Huckleberry Finn, Wells, Dickens, Don Quijote, los cuentos de Grimm, Lewis Carrroll y Las Mil y una Noches.

“Si se me pidiera elegir el acontecimiento principal en mi vida, eligiría la biblioteca de mi padre. De hecho, a veces pienso que nunca me alejé mucho de esa biblioteca”.

BIBLIOTECAS Y LABERINTOS Era un apasionado de la lectura. Su relación con los libros y las bibliotecas, lo llevó a ser dueño de un saber enciclopédico. De sus textos, recordamos "La biblioteca de Babel", un lugar en donde se guardan y se conservan los libros de todo el mundo y de todos los tiempos. Otro de los temas en sus libros, es el de los laberintos como símbolo del espacio complejo y cerrado que contiene la vida misma. También el tiempo y la eternidad adquieren una gran importancia en su obra. Le gustaban las tardes de oro de junio. Un día de junio se nos fue. A Borges le sucede lo que a muchos otros escritores. Que la gran mayoría no los conoce, a pesar de la grandeza de sus obras. Borges se consideraba ante todo un lector. Lo fue toda su vida. A pesar de que fue perdiendo la vista, siempre tuvo –incluso al final—quien le leyera. Su mente era privilegiada y fue capaz de imaginar las más bellas páginas. Poeta y prosista, se consideraba, primero y ante todo, lector. Incluso llegó a decir con la modestia que lo caracterizaba: “Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”. La lectura lo llevó a la escritura. A los seis años decidió ser escritor. Sin duda, su padre ejerció una gran influencia en su formación. El hijo cumplió el deseo de su progenitor de llegar a ser un gran escritor. Su madre, aunque posesiva, también le resultó de gran ayuda.

A los siete años escribió un cuento: La visera fatal y para los nueve tradujo El príncipe feliz de Oscar Wilde.

SU SUEÑO: VIVIR ENTRE LIBROS

Uno de sus sueños era leer todos los libros y encontrarse en todas las bibliotecas al mismo tiempo. Tuvo la fortuna de ser director de la Biblioteca de Buenos Aires, entre 1955 y 1973, aunque tal vez sería más adecuado decir que Argentina tuvo la fortuna de que Borges fuera director de la Biblioteca.

Borges es, sin duda, uno de los escritores más importantes del siglo XX y de todos los tiempos.

Fuente: http://www.elporvenir.com.mx/

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Borges, el preferido por los traductores árabes entre los autores argentinos

Dos cuentos de Borges, "La busca de Averroes" y "El Libro de Arena" son, además, los únicos que han sido traducidos en tres ocasiones al árabe, de acuerdo con el catálogo, que incluye más de medio centenar de obras de dieciocho autores argentinos.

La bibliografía de autores argentinos traducidos al árabe fue elaborada por el hispanista Zidan Abdel-Halim Zidan, quien destacó la calidad de los traductores y los retos que han tenido que afrontar, "porque proliferan modismos y frases hechas".

El estudio ha podido rescatar la existencia de 56 obras distintas de 18 autores argentinos que se pueden leer en árabe en nueve países, gracias al trabajo de 49 traductores, 20 de ellos egipcios.

En ese catálogo, Borges domina, porque tiene veinte obras traducidas, la mayoría cuentos. Es seguido por Julio Cortázar, con ocho, Adolfo Bioy Casares, con tres, y Ernesto Sábato y José Hernández, con dos cada uno, entre otros autores.

En la presentación de la bibliografía, el embajador argentino, Luis Enrique Cappagli, destacó que el proyecto está inscrito en las actividades culturales con motivo del bicentenario del primer Gobierno argentino, formado el 25 de mayo del 1810.

"Este es un primer paso, y esperamos que en el futuro haya nuevos listados de escritores provenientes de otros países de lengua castellana", agregó el diplomático La iniciativa forma parte de las gestiones previas a la participación de Argentina como invitada de honor en la próxima Feria Internacional del Libro de Fráncfort, que se celebrará en octubre.

Existe un programa argentino, anunciado el 3 de febrero del 2009, que busca promocionar la traducción de obras argentinas en distintos idiomas, pero no había información sobre las traducidas al árabe, razón por la cual se decidió encargar la bibliografía a Zidan.

El estudio fue presentado en la sede del Instituto Cervantes de El Cairo, cuyo director, Javier Ruiz, destacó que los libros árabes "no suelen viajar entre los países" de la región, por lo que destacó el esfuerzo que representa el catálogo presentado hoy.

"Si no sabemos los libros que viajan de una lengua a otra, no sabemos la influencia que llegan a tener", agregó Ruiz. EFE
Fuente: http://www.abc.es/
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Borges, la memoria y las neurociencias

Ya de chico Borges había logrado cautivarlo. Ahora de grande, ya un prestigioso científico, confirma con placer y admiración la absoluta genialidad del escritor. Rodrigo Quian Quiroga –profesor de Bioingeniería en la Universidad de Leicester– descubrió que existen neuronas que tienen la capacidad de abstraer. Su hipótesis es que quien no posee estas neuronas es incapaz de hacer abstracciones. Lo genial es que Borges abordó el tema casi 70 años atrás. "Funes el memorioso". Ahí está todo.

"Borges dice que alguien como Funes, con una memoria infinita, no es capaz de pensar, de abstraer. Lo que yo argumento es que alguien como Funes y probablemente personas con autismo, justamente no tendrían el tipo de neuronas abstractas que yo descubrí. Lo increíble es que Borges publicó esta historia en 1944 y sus razonamientos fueron brillantes, mucho antes de que existiera todo el conocimiento que tenemos ahora de cómo funciona la memoria. De hecho me sirven para entender mejor cosas que estoy investigando en 2010", asegura Quian Quiroga. Desde 2005 fue probando la existencia de estas neuronas que responden a grados de abstracción muy importantes, neuronas involucradas en un proceso intelectual muy elevado. "Es posible que estas neuronas relacionen la percepción con la memoria creando la codificación abstracta que usamos para almacenar recuerdos –teniendo en cuenta que tendemos a recordar conceptos y a olvidar detalles irrelevantes–. Si estas neuronas faltan, la capacidad para generar abstracciones sería limitada, lo que lleva a patologías como el autismo o a personajes como Funes. Lo sorprendente es que Borges describió con precisión los problemas de capacidad de memoria distorsionada mucho antes que la Neurología", dice Quian Quiroga en un artículo publicado hoy en la revista Nature.

Funes, escribió Borges, era "virtualmente incapaz de ideas generales, platónicas (...) Su propio rostro en el espejo, sus propias manos, lo sorprendían cada vez que las veía (...) Pensar es ignorar (u olvidar) diferencias, generalizar, abstraer. En el prolífico mundo de Ireneo Funes no había nada más que detalles".

Quian Quiroga visitó a la viuda de Borges, María Kodama, quien lo invitó a la biblioteca privada del escritor. Allí, descubrió anotaciones de Borges, como una en "The mind of man", del psicólogo Gustav Spiller, de 1902. "Recuerdos de vida, página 187", escribió Borges. En esa página, Spiller estimaba la cantidad de recuerdos de una persona en distintas etapas de la vida: cerca de 100 los primeros 10 años, 3.600 hasta los 20, 2.000 más entre los 20 y 25, llegando a 10.000 a los 35 años. Spiller también explica cuánto tiempo se necesitaría para recordar todo. Dice Borges de Funes: "Dos o tres veces había reconstruido un día entero; nunca se había equivocado o titubeado pero cada reconstrucción había demandado un día entero".

Por: Mariana Iglesias
Fuente: Clarín
Más información: http://www.clarin.com/
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BORGES SE ANTICIPÓ MEDIO SIGLO A LAS NEUROCIENCIAS

Es sabido que Borges sentía fascinación por ideas como el infinito, los espejos y los laberintos. En su cuento Funes el Memorioso, publicado en junio de 1942 en La Nacion y que relata los avatares de Irineo Funes, un peón de Fray Bentos que poseía la increíble capacidad ?o maldición? de recordarlo absolutamente todo, explora los laberintos de la memoria y llega a plantear ideas que sólo ahora están teniendo comprobación experimental.

"A mediados del siglo XX, Borges ya planteaba que pensar es abstraer y que para poder recordar es necesario olvidar", dice el físico y neurocientífico argentino Rodrigo Quian Quiroga, profesor de bioingeniería de la Universidad de Leicester, en Gran Bretaña, que analiza el célebre cuento, rastrea sus fuentes y compara esas ideas con los resultados de sus propias investigaciones en un artículo que hoy publica la revista Nature.

Según Quian Quiroga, una de las preguntas más interesantes de las neurociencias es cómo hacen las neuronas para codificar y almacenar la información que recibimos del mundo exterior. En busca de respuestas, el científico descubrió un tipo de neuronas del hipocampo capaces de generar representaciones abstractas de conceptos como la identidad de una persona. En experimentos con electrodos que registraban la actividad de estas células, pudo comprobar que la misma neurona se activaba cuando, por ejemplo, la persona estudiada veía diferentes imágenes de una actriz famosa, oía su nombre o lo leía.

"Al contrario de Funes, que «era incapaz de ideas generales, platónicas» y al que «le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente)», nosotros tendemos a recordar personas, hechos y lugares genéricos, pero olvidamos los detalles", dice, de visita en Buenos Aires.

Durante uno de sus viajes, el investigador se reunió con María Kodama y pudo observar la biblioteca del escritor. "Es espectacular ?asegura?. Revisando sus libros pude ver que Borges escribía en la primera o la última página, con letra muy chiquitita. Esas anotaciones ofrecen pistas de cómo relacionaba sus lecturas y cómo surgían sus ideas."

Entre muchos otros, como los escritos de William James, el padre de la psicología moderna, Quian Quiroga se sintió intrigado por The mind of man, de Gustav Spiller, editado en 1902. Una anotación, "Memorias de una vida entera, pág. 187", lleva a un pasaje en el que Spiller calcula la cantidad de recuerdos que podría tener de su vida y llega a la conclusión de que podrían sumar 10.000 en 35 años. También menciona cuánto tiempo lleva recopilarlos. Borges dice de Funes: "Dos o tres veces había reconstruido un día entero; (...) cada reconstrucción había requerido un día entero"...

"Es fascinante ?dice Quian Quiroga?. Borges, James y Spiller llegaron intuitivamente a conclusiones que sólo hoy tenemos la tecnología para probar."

Por Nora Bär
Fuente: La Nación
Más información: http://www.lanacion.com/

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Che, Borges,¿y el tango?

Una extraña complicidad de ironías y contradicciones envuelven la relación del escritor con el tango.

Es muy posible que la discusión sobre si a Borges le gustaba o no el tango sea tan baladí como la de si Piazzolla hacía tango o no. Bien, Piazzolla hacía tango.
Ahora es curioso el empecinamiento que muchos tienen en sostener que a Borges no le gustaba el tango. Y es muy posible que al escritor le gustaran muchas más cosas de las que era capaz de aceptar o reconocer. Pero claro, están sus declaraciones; él sostenía a diestra y siniestra que el tango no le gustaba. Y es bueno recordar que sostener que a Borges no le gustaba el tango es una manera de menoscabar su figura haciéndolo aparecer como antiargentino. Porque no hay que olvidar que “pegarle” a Borges es un deporte nacional. Porque Borges excede los límites de la literatura, porque fue polémico, pero porque lo hicieron polémico, fue irónico porque era una forma de defenderse, y porque los que solo alcanzaron la altura de sus salidas ingeniosas nunca llegaron a las cimas de su obra. Claro siempre fue más fácil preguntarle por un jugador de fútbol que por Schopenhauer.
Pero es cierto, Borges solía sostener que no le gustaba el tango; y me pregunto si lo hacía simplemente por provocar, por darle algo de que hablar a los que nada tenían que decir o contestaba lo que muchos querían oír.
Veamos. Cierta vez el locutor Antonio Carrizo al salir con Borges de los estudios de Radio Rivadavia en Buenos Aires, le preguntó:
Carrizo: Usted dice que no le gusta el tango, pero usted mismo es medio tanguero.
Borges: Oiga, soy Borges
Carrizo: Está bien, pero ese poema “Remordimiento” es un poco sensiblero y llorón.
Borges: Tiene razón, pero no me lo diga. Nunca debí haber escrito ese poema tan cerca de la muerte de mi madre.
Y es cierto, Borges era tanguero, pero no por algún poema sensiblero, sino por su obra, su concepción de un Buenos Aires hecho de arrabal, sagüanes, compadritos y toda una mitología que no tiene otro mundo que el del tango. Mucho de los relatos de Borges son tangos mudados a la literatura.
Pero mejor será desandar ese camino de negaciones borgeanas y bucear en las verdaderas opiniones de Borges sobre el tango. Veamos lo que surge de una charla entre él y Ernesto Sábato:
Borges: Yo no entiendo de música, pero Troilo me gusta. Piazzolla en cambio... Un amigo me llevó a un concierto de él en Córdoba. Tocó seis piezas. Las escuché y me dije: Me voy, como no tocan tango, hoy... Es que mi cuerpo no lo acompaña. Nunca me gustó el bandoneón. Llegó después que el piano, el violín y la flauta.
Sábato: Pero llega a tiempo para convertir al tango, como diría Santo Tomás, “lo que era antes de ser”... Ya sé que a usted el bandoneón no le gusta.
Borges: Tampoco me gusta Gardel.
Y aquí me hago la primera pregunta: ¿No será que, en realidad, a Borges le gustaba determinado tipo de tango nada más? ¿Acaso no confesaba que gustaba de Troilo? Y si así era, ¿eso invalida al tango? A mi hay tangos que no me agradan, pero eso no significa que el tango no me gusta.
Me parece indudable que, por distintas razones, a Borges le gustaba aquel tango compadrón, o compadrito, el de flauta, guitarra y violín, más cercano a su universo, (real o imaginario) más propio de su visión de un mundo que tal vez nunca vio y él reconstruyó por lo que le contaron.
En una charla con Fernando Sorrentino el escritor sostiene, entre otras cosas: “Yo de chico -me he criado en un barrio pobre, en Palermo, el barrio de Carriego-, he visto bailar con corte a los hombres en las esquinas. Porque ninguna mujer iba a bailar eso, porque sabían que era un baile infame.... Cuando supieron que eso lo bailaba la gente bien, entonces la gente se resignó y lo bailó, pero fue muy resistido por el pueblo el tango, porque lo veían como un baile de gente de mala vida. Pero era muy distinto, porque era un baile muy alegre, muy movido, con figuras... obscenas, ¿francamente, no? En París lo adecentaron mucho, lo entristecieron y después vinieron personas que se encargaron ya de cambiarlo. Por ejemplo, La cumparsita ya corresponde a ese cambio. También Gardel, que no tiene nada que ver con la manera vieja de cantar el tango.”
Y sospecho que el fondo de la cuestión no está muy lejos de esto: A Borges llegó a gustarle el tango alegre, no el nostálgico que vino después. Ese tango que estaba más cerca de sus sueños juveniles que de Pascual Contursi. Pero sigamos un poco más:
“En cuanto a los orígenes del tango, -sigue diciendo Borges- me han interesado. Yo he conversado con Saborido, con Ernesto Ponzio, he conversado con don Nicolás Paredes, que fue caudillo en Palermo, he conversado con un tío mío que era niño-bien-calavera; he conversado con gente de Montevideo, de Rosario. Y todos me han dado el mismo origen”.
Y vuelvo a las sospechas, quizás, a Borges le gustaba ese tango hecho de picardía, de esquinas, de su barrio, incluso de sus relatos.
Ahora es bien sabido de su preferencia por la milonga, que está más cerca de aquel tango compadrito y alegre que él gustaba. Aunque su trabajo “Para las seis cuerdas” lejos está de aquellas letras picaras, más bien se emparientan con aquellas milongas fatales, en las que no están ausente el cuchillo, el amor, el coraje y la muerte. Y tal vez, contradiciéndose sin querer, deja que ese trabajo llegue al disco con la voz de Edmundo Rivero y la música de Astor Piazzolla.
Recorriendo los versos de “El tango” (1964) me encuentro con un tango que es tumba de aquellos personajes que, quizás, si para Borges eran el tango:
Aunque la daga hostil o esa otra daga,
El tiempo, los perdieron en el fango,
Hoy, más allá del tiempo y de la aciaga
Muerte, esos muertos viven en el tango.
En la música están, en el cordaje
De la terca guitarra trabajosa,
Que trama en la milonga venturosa
La fiesta y la inocencia del coraje
.
Y me detengo en un punto donde, es solo una pretensión, aspiro a cruzarme con el sentimiento de Borges. Es recurrente en su obra el coraje. ¿Quizás porque él no era un hombre valiente? Tal vez. Y así, constantemente, la figura del compadrito, o del compadre, del que no tiene un instante de duda a la hora de enfrentar la muerte de la mano de un cuchillo, siempre está presente en su obra. Y esos personajes, hechos a cuchillo y coraje desaparecen del tango cuando este se hace sentimental. Entonces ya es el hombre que llora por la mujer que se le fue, por el engaño, latraición de la mina. Y Borges no aceptaba eso, él pensaba como había dicho el caudillo Paredes: “un hombre que piensa cinco minutos seguidos en una mujer no es un hombre, es un manflora”..

María Esther Vázquez, privilegiada amiga de Borges, cuenta en su libro “Borges, esplendor y derrota” lo siguiente: “Al mismo tiempo que nuestro escritor afirmaba su lugar en la literatura, hacía otras cosas. Por ejemplo, aprendió a bailar el tango (¡!) y la milonga. Es probable que le hayan enseñado a Güiraldes, él tenía fama de ser un gran bailarín, lo mismo que Victoria Ocampo, con quien compartió veladas tangueras. El entusiasmo (¿?) de Borges por el tango lo llevó a componer, con el músico Octavio Portela Cantilo, uno titulado Biaba con caldo, o sea, traducido del lunfardo, “paliza con sangre”. Parece que era muy divertido y compadrón; por desgracia, se ha perdido”. Creo que sobre esto no hay nada que agregar.

En definitiva si Borges sostenía que no le gustaba el tango no le creo. Sí me resulta más verosímil que ese comentario formaba parte de la personalidad de el personaje Borges, el de las notas en las revistas, el de las respuestas a las preguntas rápidas y malintencionadas.
Estoy tan seguro que a Borges le gustaba el tango como tanto tango hay en sus obras. Y algún mensaje misterioso me dice que lo que, en definitiva, Borges rescataba de aquellos tangos están en la última estrofa de su poema “El Tango”.
.... El tango crea un turbio
Pasado irreal que de algún modo es cierto,
El recuerdo imposible de haber muerto
Peleando, en una esquina del suburbio.
Para Borges el tango era el coraje, lo que vino después, sencillamente, no le gustó·

Por Carlos Hugo Burgstaller

Fuente: TANGO Reporter
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Borges, hombre lobo

Lisa y Georgie -como cariñosamente se llamaban Luisa Mercedes Levinson y Jorge Luis Borges- caminaban por el gran Buenos Aires, se perdían por los barrios más inusitados, como Puente Alsina, llegaban hasta Avellaneda, tomaban el tren y se precipitaban hacia las estaciones del Oeste. Georgie (Jorge Luis Borges) iba a tomar el té todas las tardes con ella, y escribían durante dos o tres horas una sola página. «Era una novedad para mí, que fui siempre una atropellada. Cuando a Borges y a mí se nos ocurría una idea, él la sopesaba, la aclaraba, y la transformaba en síntesis», confesaba Lisa (Luisa Mercedes Levinson). Borges inventó una ciudad que ya no existe. A veces a pie, otras a través de la poesía, encerrada entre oscuridades, silencios y milongas. Probablemente no haya nada más porteño que un hombre que nace en pleno centro de Buenos Aires, exactamente en Tucumán 840, entre Suipacha y Esmeralda (zona conocida como Parroquia de San Nicolás), en un tiempo imposible de imaginar, el 24 de agosto de 1899, hace 110 años.
Una buena tarde, mientras apuraban entre las comisuras de sus labios los últimos estertores del té de las cinco, a Georgie Borges se le ocurrió la idea de escribir un relato en primera persona sobre la aventura de un arquitecto que recibe el encargo de construir un chalet para los Ferrari, familia donde habría anidado un amor de juventud. Así crearon conjuntamente «La hermana de Eloísa». Fue la única obra de ficción que el autor de «El Aleph» escribió a «cuatro manos», exceptuando las puras maravillas que esculpió con su «pequeña sociedad» Bioy Casares. «La hermana de Eloísa» se publicó en 1955 por la efímera editorial bonaerense Ene (en un volumen al que daba título, y que incluía otros dos relatos de Lisa y de Georgie: ««El doctor Sotiropoulos» y «El abra», de Levinson; y «La escritura del Dios» y «El fin», de Borges), pero dejó de circular por un buen tiempo, una vez agotada la escueta tirada, acaso porque sus autores no le daban mayor trascendencia. «Tal vez no fue una gran realización», escribió alguna vez Luisa Mercedes Levinson, quien dijo haber aprendido al lado de Borges «el arte de corregir». Causalidad o no, casi acto seguido ella escribió su cuento más famoso y antologado: «El abra». «Cuando me propuso escribir un cuento en colaboración, casi me desmayo. Borges, en 1954, no era conocido como ahora. Pero nosotros, los escritores, sabíamos de su grandeza», ensalza Luisa Mercedes Levinson al sumo hacedor Georgie Borges.
Inédito en España
El relato «La hermana de Eloísa» no salió jamás de Argentino, y permanecía inédito en España, Afortunadamente, gracias a la maravillosa iniciativa de Del Centro Editores, de Madrid, la obra llega a España cincuenta y cuatro años después. Se trata de una edición especial y única, con una tirada de cien ejemplares numerados, que se presentará el próximo jueves. El libro está realizado en rama, en carpeta y estuche manufacturado artesanalmente. La carpeta ha sido cubierta de papel estampado a mano y el estuche entelado. Esta joya está lustrada por el gran artista argentino, residente desde hace varias décadas en París, Antonio Seguí, quien firma, junto al editor, Claudio Pérez Míguez, cada ejemplar. «Al quedar sin republicarse «La hermana de Eloísa» -explica Pérez Míguez- nos interesó muchísimo sacarlo a la luz pública, ya que en España no se conocía. Es un texto, pues, semi inédito, maravilloso, tentador, que da mucho juego literario». Es cuento largo el de Borges. El relato (ABC reproduce parte de él) se prolonga a lo largo y ancho de diecisiete páginas de texto, y está divido en tres partes. Narra una historia de amor/desamor, la epopeya de un maravilloso arquitecto, a quien a traves de su socio le encargan un chalet, una casa para la familia Ferrari, situada en el sur del Gran Buenos Aires. El arquitecto vivía en aquella zona bonaerense y estaba enamorado de una hija de Ferrari. En ese eterno retorno para visitar a la mujer que le apasionaba el corazón, el arquitecto delinea el cambio de aquellos aires y de aquellas gentes: ya nada tiene nada que ver con la realidad. Borges inyecta enormes dosis de humor al relato, lo cual daba enorme lustre. Como el azucarillo que se diluía en el té de las cinco que apuraban Lisa y Georgie
 
POR ANTONIO ASTORGA

MADRID Domingo , 08-11-09
Fuente:ABC.es
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Borges, a la luz de la luna

El primer museo dedicado al escritor argentino en Buenos Aires, situado en la casa del barrio de Palermo en la que vivió Jorge Luis Borges, abrió anoche sus puertas, aunque sólo por unas horas. La inauguración oficial tendrá lugar en 2010

En la Noche de los Museos o la «Cultura bajo la luna» que iluminó anoche Buenos Aires, Jorge Luis Borges (1899-1996) tuvo su primer museo exclusivo. Actual sede de la Fundación que lleva su nombre, se expuso al público una muestra de manuscritos, objetos y vídeos del autor de «El Aleph».
El acceso abierto incluyó, dentro del circuito de 150 salas, la primera planta de la casa lindante del barrio de Palermo en la que vivió el propio Borges. A lo largo de dieciocho vitrinas, se colocaron distintos elementos alusivos al relato más célebre del autor que amaba escribir en ingles pero logró atrapar en español a millones de lectores en el mundo entero.
La viuda, María Kodama, anunció en declaraciones a la agencia Efe que el centro se inaugurará oficialmente a principios del próximo año. El hallazgo de la casa «surgió de manera loca y de casualidad», reconoce. A ella se le «ocurrió ir a ver la vivienda, que estaba a la venta, para echarle un vistazo al jardín que había inspirado a Borges», recordó. En ella escribió «Las ruinas circulares», «mi cuento preferido», confiesa Kodama.
La fortuna, como en tantas ocasiones, estuvo del lado de la viuda más polémica de un escritor argentino. Los encargados de la venta del inmueble eran admiradores de Borges y habían estado en Ginebra (Suiza) el día del entierro del escritor, así que «facilitaron todos los trámites».

Disputas y enfrentamientos
La fundación en homenaje al autor ya exhibía en su sede en Buenos Aires varios objetos de Borges, aunque está previsto incorporar otros materiales en exposición para hablar, con rigor, de museo. Tambien en Buenos Aires funciona el Centro Cultural Jorge Luis Borges, emblemático lugar de encuentro de conferencias y exposiciones que opera de forma independiente de María Kodama. Las disputas y enfrentamientos entre Kodama y los amigos del escritor que nunca escribió una novela, así como las batallas por la herencia enturbiaron el legado del autor, junto con Cortázar, más internacional de Argentina.
 
CARMEN DE CARLOS

CORRESPONSAL BUENOS AIRES  -Sábado , 14-11-09
Fuente: http://www.abc.es/20091114/cultura-literatura/borges-luna-200911141856.html
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Borges, los secretos de un escritor

Documental producido y emitido por América TV (Argentina) en el décimo aniversario de la muerte de Jorge Luis Borges
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Dientileche, el País de los Niños