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12 may. 2016

La Picasa: UNA CUESTIÓN DE ANIMALES - Por Eduardo Juan Salleras


La Picasa
UNA CUESTIÓN DE ANIMALES
Por Eduardo Juan Salleras, 6 de mayo de 2016.-

Se autoriza su publicación solamente en forma completa y nombrando la fuente

Cada vez que salgo por el camino de atrás, hacia Aarón Castellanos, y cruzo el canal que ingresa agua a la zona - ¡ojo! Dije “a la zona” no a la laguna – recuerdo aquel tiempo, hace casi 15 años, cuando se produjo la inundación regional más grande de la historia. Va creciendo como una mancha que se expande día a día, el agua. Y la zona vuelve a ser llamada laguna.

¿Cuánta energía hemos gastado en aquel tiempo en procura de que no se repita? Y se está repitiendo.

Pero, no voy hablar ahora de la inundación en sí porque hoy lo único que queda es taparse la nariz y sumergirse debajo de la ola que viene.

Tomé la ruta nacional Nº7, de Castellanos hacia Diego de Alvear, enseguida se nota la magnitud del desastre. A los 3 o 4 kilómetros veo a mi izquierda una pequeña isla de 50 por 50 metros y unos 10 animales en ella. Todo alrededor, agua.

Las vacas, con algunos terneros, todavía tenían piso seco donde echarse y algo de pasto para mantenerse.

Volví luego a los 5 días, nadie había ido a salvar a las vacas y ya la isla contaba con la mitad de la superficie y diría, sin suelo seco donde dormir.

Fui a la Comuna a avisarles del despropósito, y pedí que alguien se haga cargo de salvar a los animales, aunque carezcan de derecho de propiedad pero, a esa altura de abandono creo que ya no le pertenecen a nadie.

No quiero pasar más por allí porque si vuelvo a verlos, sin que nadie los ayude, la angustia va a ser muy grande.

Y ya sé, estará el que diga: por qué no se preocupa por los seres humanos que están inundados en Entre Ríos y Santa Fe:

Porque desde aquí no alcanzo, desde lo que soy, no puedo.

Porque los seres humanos son ciudadanos y tienen un Estado que les debe dar soluciones.

Porque la mayoría son contribuyentes, e incluso eligen a sus gobiernos para que se hagan cargo de la cosa pública, como evitar las inundaciones, y si se producen, salvar la circunstancia.

Las pobres vacas ya perdieron además a su dueño, nadie parece hacerse cargo de su salvataje. A mí, por distancia, se me hace imposible rescatarlas.

Es tal el desprecio que tenemos los argentinos por todo, que no se puede esperar otra cosa de esas pobres vacas, que terminen flotando en la laguna, o mejor dicho, en la zona inundada.

Porque dejamos pasar más de una década sin que pase algo útil, es que estamos de vuelta en lo mismo. Parece no haber servido todo aquello que se perdió por aquel entonces.

No hemos resuelto nada a pesar que están las mismas caras.

Como no podía pasar de otra manera en la Argentina, buscaron soluciones políticas a un problema técnico.

Hubo propietarios que ya sacaron la hacienda de los campos.

Hay agricultores que ya perdieron sus cosechas y el que mejor está, ha logrado levantar un poco pero, no tendrá caminos por donde hacer efectivo su esfuerzo.

El estado de la red vial secundaria (de tierra) es preocupante, no solamente por los pantanos y agua sobre las calles, sino que en las partes secas cede el terreno con el peso de los camiones que circulan por donde todavía se puede.

Y seguirá viniendo agua, en volúmenes peligrosos como se ve hoy, más allá que en nuestra zona no ha llovido tanto como para ver este desastre. Llega el agua desde lejos con una velocidad inusitada. En cualquier momento pasará un joven haciendo surf por el canal.

Día a día se ve cómo aquella pequeña laguna - menor a 2000 hectáreas - se va transformando en un mar, que tal vez termine con la vida de aquellas vacas y terneros que perplejos ven como el agua se lleva el suelo donde pisan, el campo donde pastaban y sobrevivían, probablemente felices o satisfechos de lo que les tocaba. ¿Qué van a pensar esos pobres animales que los hombres, dotados de inteligencia y sensibilidad, se pasarían casi 15 años intentando resolver lo conocido y al fin no lo hicieron?

Claro, la hacienda no sabe nada de política, ni de la estupidez humana, mucho menos de la mezquindad. Ni decir de técnica, aunque parece ser que en ello se parecen a los hombres.

Sí, estoy hablando otra vez de “La Picasa”, ya no de la laguna sino de la zona inundable del sur de Santa Fe. Una cuenca cerrada que debe hacer desaparecer mágicamente en su cuenco, el agua que no entra en su capacidad, la que llega de todos lados.

Se hace muy difícil entender algunas cosas, muchas son tan obvias que lastiman.

La mayoría son tan evidentes que dan para la sospecha.

Mientras otra vez las familias rurales de la zona, ven como se ahogan nuevamente sus cosas, entre tantas un puñado de vacas a la deriva, a la vista de todos a un costado de la ruta, pasaron un montón de años secos en los que juguetearon a la política sin analizar profundamente lo técnico y lo sensato, y otra vez, como si fuera un castigo a la inoperancia, regresa el agua, vuelve la inundación y la culpa.

Es desgastante predicar en el desierto.

Agota toda las fuerzas de la verdad y del camino de la razón, ante tanta necedad, o tal vez ignorancia, o peor aún, el no querer…

… pido al menos, urgente, salven esos animales.

EJS

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