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4 mar. 2016

EL TORNADO (2ª parte) - Por Eduardo Juan Salleras


No es el por qué, sino el cuándo
EL TORNADO (2ª parte)
Por Eduardo Juan Salleras, 4 de marzo de 2016.-

Se autoriza su publicación solamente en forma completa y nombrando la fuente

Abrí los ojos en medio de la oscuridad y miré la hora con la pequeña linterna: 2 de la madrugada. Logré dormir bastante, deduje. Habían pasado unas 7 u 8 horas del tornado. Era un total silencio y yo inmóvil en la misma posición que me acosté. Alguna claridad se veía en la ventana abierta pero, todo era noche.

Pensé: ¿Qué va a ser de mi vida? Venía mal y ahora esto. Hubiera preferido cerrar por voluntad propia, y no a la fuerza por la violencia del cambio climático. Justo a mí que hago todo lo más orgánico posible. ¿Qué habrá afuera? ¿Qué estará pasando con la hacienda y los cultivos vecinos?

Me entró un poco la desesperación y las preguntas inconvenientes que uno se hace en esa situación: ¿Tendré fuerza para revertir esto o por fin aceptar el retiro, más allá de afrontar la limpieza y restructuración de los daños?

Seguí inmóvil sabiendo que un árbol entero estaba apoyado en mi casa y otros dos por ahí, uno en el lavadero… pensé: es buen momento para morir y ahorrarme todo lo que se viene… pero, no le puedo dejar a mi mujer semejante desastre, pobre, sola afrontar un problema mayor, no, ahora no…

Tomé el rosario y no sé en qué decena volví a dormirme.

A las 4 en punto, mis ojos se abrieron de nuevo y esta vez me levanté, encendí una vela y me senté en el escritorio a anotar las prioridades para cuando el sol permita trabajar.

Sin gas, sin luz, sin agua, por ende, sin mate para tomar y una enorme angustia.

Y al fin amaneció. Al menos luz. Salí entonces a mirar lo que había dejado el tornado, si era peor o no tanto.

Enseguida a fijarme si las vacas estaban en su lugar… era todo un desastre, me tocó peor que no tanto.

Decenas de árboles, cientos de gajos cortados por estrangulación con una violencia nunca vista, como una planta cortada al medio y su parte superior vertical, apoyada sobre su base.

Había movido la caldera de la fábrica, arrancada incluso de la línea de agua, semejante bodoque de hierro macizo… chapas por todos lados…

… y especialmente, todo lo que funcionaba estaba roto, incluyendo 5000 metros de línea de electricidad. ¿Cómo salir del campo por el boulevard de eucaliptus hacia la entrada a 1 km? ¿Cómo traer las vacas a ordeñar con 800 metros del mismo boulevard para atrás?

Todos eran problemas sin solución inmediata.

Muchas veces, en los primeros momentos, me senté en algún tronco de los tantos disponibles a mirar el cómo, y ni hablar de pensar en aceptar la derrota, de retirarme, de vender todo… de admitir que los años pesan, de ceder ante la edad y por qué no, a la seducción de una vida mejor, más tranquila.

Eso me “bajoneaba” mucho, lo único que delante de mí tenía un desastre, que más allá de mis planteos existenciales, había que solucionarlo, había que corregir el paisaje y por sobretodo, sacar los árboles de arriba de las casas.

Pude salir gambeteando entre eucaliptos caídos, cortando campo para llegar al pueblo y contratar a alguien que libere los techos de árboles.

Mi mujer, desde Buenos Aires me compró de prepo un grupo electrógeno para poder hacer el tambo, más allá que había para resolver por dónde pasar con las vacas.

Todo fue muy difícil, de altísima presión emocional, en especial, cuando quedé solo: Ricardo se fue a un nuevo trabajo, algo ya previsto antes del tornado. El tambero desapareció, un día no vino más, y mi mujer debió volver necesariamente a Buenos Aires por un par de días.

¿Y ahora? Unos amigos me prestaron un tractor grande para poder tirar los árboles enteros y moverme, porque a mi viejo Hanomag 75 justo se le rompió la bomba de agua. Además del problema puntual, iban pasando otras cosas que pudieron haber sucedido en otro momento, no en ese.

Voy a dejar las descripciones de lado: fue un desastre y punto, lo es todavía en menor medida, inclusive es peor que el relato porque puedo contar un montón de cosas más, de detalles impresionantes, la cuestión pasa por cuando pasó, en qué momento de mi vida ocurrió… y si hay un por qué.

Yo ya tenía – y tengo – problemas de índole productivo y económico, no financiero. Soy un productor lechero, la leche está paralizada en precio hace más de 5 años, y encima, no soy un tambero convencional. Por ello la pregunta desde hace un tiempo es: seguir o no seguir, trabajar o jubilarme, o si se quiere, retirarme a otra cosa.

Sabía que perdía a Ricardo, que el ordeñador era una bomba de tiempo, muy joven y con pocas ganas. Ese era mi problema cuando llegué el viernes 12 a la tardecita a mi casa, esas eran mis cuestiones. ¿Qué me recibió? El tornado.

Estoy peleándole de frente a una serie de inconvenientes y viene algo por detrás y me pega un golpe en la nuca. Caigo de boca encima de las complicaciones, con la cara en el barro de las dificultades que me planteaba, como para tragármelas.

No es por qué pasan las cosas, porque las cosas pasan, sino en el momento que suceden. Es ahí cuando muchas veces nos preguntamos: ¿Es una señal? ¿Cuál es el mensaje de lo que ocurrió? O, no nos hagamos mala sangre por asuntos menores, que solamente hace falta inteligencia y dedicación para resolverlos.

Generalmente no le encontramos sentido y la mayor esperanza anda por el ya pasó, qué peor puede pasar el resto del año.

Cuando andaba entre las vacas y los terneros, casi tocándolos, esa cruza que me había llevado tanto tiempo lograr, a la que estaba domesticándola después de la agitación que produce en los animales cuando pasan estas cosas - que se dan cuenta antes que uno, de lo que se avecina - nerviosos todavía, con un calor insoportable y mosquitos de todos los colores, que hacía mucho más difícil toda tarea. La hacienda se quedaba desde las 11 de la mañana hasta las 6 de la tarde en la bebida… y yo yendo y viniendo, de sol a sol, haciendo y pensando, y lo digo así, porque en estas circunstancias muchas veces hay que ir para adelante sin pensar demasiado.

Muchos me dijeron: basta…

… ¿Cómo abandonar esta vida… si viví haciéndola?...

EJS

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