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1 jun. 2015

EL FUEGO DE LA VIDA - Por Eduardo Juan Salleras


Cumplí 59 años
EL FUEGO DE LA VIDA
Por Eduardo Juan Salleras, 31 de mayo de 2015.-

Se autoriza su publicación solamente en forma completa y nombrando la fuente

Es fundamental acomodar bien la leña en el fogón para lograr tener un buen fuego…

De eso se trata. Casi todas las mañanas, a las 5 de la madrugada, me despierto y voy a realizar esa tarea.

Primero unas cuantas hojas de papel de diario, encima la leña fina, sobre ella la más gruesa, cubriendo bien todo el hogar sin dejar espacios inútiles y con sólo el combustible que entra en una lata de arvejas, enciendo el fuego, cierro la puerta de la caldera, abro el tiraje y por el pulmón comienza escurrirse el viento hacia adentro produciendo una buena llama… a la hora, tengo el vapor suficiente para pasteurizar la leche y procesarla en procura de ese maravilloso manjar blanco que es el queso.

Sentado sobre un bidón de 20 litros, me quedé la otra mañana mirando el fuego y pensando en la soledad del alba, aún oscura, qué importante es en todo acomodar bien las cosas, en el lugar debido.

Así encendí fuegos todos los días de mi vida, llegando a hoy que cumplo 59 años, despidiéndome de la sesta década e iniciar el año que viene, una nueva etapa.

Y estoy conforme.

Vine hasta aquí y eso es mucho decir. Creo inclusive que lo he hecho bien, tal vez algunos se me apagaron, otros los hice exagerados pero, en líneas generales, puedo decir que tuve éxito con mis fogones.

De niño, son los mayores, los padres, quienes deben encender nuestros fuegos. De vez en cuando nos dejan prender algún fósforo, arrimar alguna leña pero, enseguida nos apartan por si acaso.

Los adolescentes, pretenden hacerse cargo, si es posible solos, de esa tarea, y que sea propia, personal. Así, muchas veces queman madera innecesariamente y gastan más combustible de lo lógico. Hay quienes se dan cuenta de ello con el tiempo pero, hay otros que no, y tardan muchos años, a veces demasiados, viendo a tremendos grandotes derrochar tiempo y lo que a algunos les falta, quemando inútilmente lo que tal vez, escasee mañana.

Creo haber sido alguien muy apasionado en casi todas las cosas que pretendí llevar a adelante, con éxito o no, siempre con entusiasmo y severa autocrítica; puedo decir entonces, que llegué hasta aquí correctamente y es mucho decir.

La pasión es como un combustible extra, como soplar las llamas para reavivarlas, como remover la leña que al quemarse se ubica mal en el fogón, sin tener costo alguno.

Me encanta iniciar un nuevo fuego con las brasas del día anterior, quiere decir que fue bueno, que fue suficiente.

Es de esperar: no todo intento tuvo el resultado esperado.

Hoy estoy trabajando más que nunca, y en realidad, siempre pensé que al llegar a esta edad, no iba estar tan apremiado, tan necesitado en hacer el trabajo que hago, cuando parece que las cosas no salen como espero.

Mi mujer, los otros días me preguntó (porque ella trabaja a la par mía):

- ¿Estaremos haciendo las cosas bien?

Le respondí de manera terminante: - Desde ya que no, no debemos estar haciendo lo correcto, porque de lo contrario no estaríamos como estamos, haciendo lo que hacemos, habiendo llegado ambos a una edad en la que deberíamos estar más disfrutando lo hecho que seguir acomodando cosas.

- ¿Entonces? - Confundida cuestionó.

- Yo me lo pregunto día a día, ¿Qué estoy haciendo? Sin embargo, cuando logro poner las cosas en su lugar o tan sólo, cuando sé dónde ubicarlas; cuando estoy en medio del campo arreglando algo, o mismo a la madrugada, encendiendo el fuego de cada día, me doy cuenta que soy feliz, que esa es, por hoy, mi felicidad.

- A mí me pasa lo mismo si logro curar algún ternero enfermo o cuando los veo bien a todos.

Quizás ese sea nuestro éxito en la vida ser felices, a pesar de estar donde estamos, haciendo lo que hacemos, sin ser esto lo que esperábamos para nosotros a esta altura de la vida.

Los caminos del éxito no son todos iguales, muchos son silenciosos, como el nuestro - como el mío - en el que varias veces se siente soledad, en el que nos cruzamos con poca gente pero, eso no quiere decir que no sea el que nos toca… eso no quiere decir que sea, el que corresponde.

Vivimos en un país en el que sobra todo, carecemos solamente de vergüenza, sin embargo vivimos quemando leña innecesariamente, y a pesar de ello se siente mucho frio en demasiadas cosas. Es que el fogón de lo que corresponde, el de las instituciones y las leyes, el de la honestidad y la honorabilidad, el del esfuerzo y el trabajo, el de la educación y la salud… el del bien común… el de la verdad, está apagado, sin que nadie a la vista tenga intensiones de encenderlo.

Estoy contento de haber llegado a donde llegué, entero.

Voy por más.

EJS

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