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30 sept. 2014

EL TALLER DE PITI - De Eduardo Juan Salleras



Hacer lo que se pueda
EL TALLER DE PITI
De Eduardo Juan Salleras, 26 de septiembre de 2014.-

Se autoriza su publicación solamente en forma completa y nombrando la fuente

Hay lugares mágicos, con un magnetismo especial y no es por su majestuosidad, sino lo contrario, por su sencillez.
¿Qué tienen esos lugares para atraer a la gente? Evidentemente algo las hace sentir bien.

Uno de esos lugares que me sorprenden es el Taller de Piti.


Es por demás pequeño, un garaje donde cabe apenas un auto y pequeño. Sobre una calle de tierra de un pueblo vecino, a metros del asfalto.

Allí se atienden todo tipo de vehículos: automóviles, camionetas, tractores o camiones.

Cuando se levanta la cortina de chapa, no demasiado temprano, uno puede ver en su interior a mano derecha y enseguida, el banco de prueba. Ahí Piti, recibe los burros de arranque o los alternadores y los evalúa. Todo una obra mecánica diseñada y construida por él. Si no pasa el examen, a renglón seguido, al banco de trabajo en donde se desarma, ya sea para repararse o en su defecto, proponer un diagnóstico y presupuesto. A continuación una estantería llena de cajitas que sólo Piti sabe lo que hay dentro.

Del otro lado, a la derecha, otros muebles, mesas de apoyo sin un fin determinado, y una de las mayores curiosidades del lugar: un pequeño pizarrón, seguramente, en el inicio de aquel emprendimiento mecánico, pretendió hacer de computadora donde anotar los turnos y los trabajos, aunque, desde aquel entonces, esté escrito lo mismo, y tan sólo un renglón.

Al fondo, y estamos hablando de escasos 5 o 6 metros, una mesa y dos sillas de plástico. Lugar estratégico para estar, al menos sentado, y dominar la panorámica.

Todo montado sobre un costado de un reducido terreno.

Días pasados, observando la situación, me di cuenta que algo había, no paraba de llegar gente, no solamente a reparar sus vehículos, sino a hablar.

Es como un oráculo donde ir a consultar o a medir los pensamientos. Siempre alguno toma el mando de la pava y el mate, jamás vedada para nadie más allá del costo de la yerba, y hablan.

El martes se me ocurrió preguntarle a Piti: - ¿cómo haces los días de lluvia? No tienes un lugar donde trabajar.

- Meto un auto…

- Pero, ¿entra?

- Sí, alguna noche me ha tocado trabajar bajando la persiana…

- ¡Um! ¿Con las puertas abiertas del coche?

Y se ríe Piti… - Mira Eduardo, se hace lo que se puede…

¡Qué frase esa! Se hace lo que se puede…

Si sabré yo de hacer lo que puedo con lo que tengo o lo que me queda. Es toda una situación que claro, muchos no la conocen porque no han estado jamás ante ésta disyuntiva: pueden hacer lo que quieren, y está bien, me alegro por ello, aunque se pierden el sabor, ese gustito de salir al frente con lo que se puede.

- Piti, entre el taller y la medianera del vecino, tienes unos 4 metros, por el largo del mismo, podrías hacer un formidable techito para resguardarte los días de lluvia… no es nada un día, ¿si te toca un temporal?

- Sí, lo pensé, será para cuando me gane la lotería… Los días de lluvia me mojo un poco y hago lo que puedo.

Mi casa, en el campo, también es sencilla y chiquita, también tiene algo especial, sé que así es porque me lo han hecho saber.

Llena está la vida de cosas maravillosas, encantadoras y simpáticas, que nada tienen que ver con la opulencia, la majestuosidad o el lujo. Todo lo contrario, es lo simple y una dosis adecuada de magnetismo, de atracción diferente, en una conjunción entre el lugar y quién lo habita.

El aura que rodea ese sitio referido me llamó la atención. Puedo describir sin mayor inconveniente sobre un amanecer o un crepúsculo, como describir cualquier pincelada o aroma de la naturaleza. Esto es distinto.

Espero haber logrado que vean y sientan en la imaginación lo que cuento.

Arreglarse con lo posible, con lo que uno tiene a mano o disponible, como dije antes, comprende una gracia exclusiva, conocer y saber sobre lo disponible y que nos permita continuar en la vida.

En esa estantería, al fondo del taller, uno puede encontrar repuestos de alternadores, de burros de arranque o el regulador que Piti encontró similar al que va:

- Mira, aquí encontré uno parecido, lo voy a probar… y lo vamos a hacer andar.

Y así será, porque la cuestión es seguir, aunque sea como se pueda.

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