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4 jun. 2014

DE PSICÓLOGOS, DE PSIQUIATRAS… - De Eduardo Juan Salleras


Ya probar es distinto.
DE PSICÓLOGOS, DE PSIQUIATRAS… que pase el que sigue
De Eduardo Juan Salleras, 3 de junio de 2014.-
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Se autoriza su publicación solamente en forma completa y nombrando la fuente
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Estos días en Buenos Aires, de reuniones y festejos cumpleañeros, los ciudadanos me hablaron de las bondades alcanzadas gracias a psicólogos o psiquiatras. Cosa que no dudo.

Ahora, cuando pasan al: Vos deberías probar… Ya es distinto.

La aspirina es buena para el dolor de cabeza, pero ¿si no me duele?

Evidentemente ven en mi algo que yo no distingo, y que me hace merecedor de unas sesiones de psicoanálisis.

Reconozco que no estoy en un buen momento anímico, que la ira (en su concepto de enfado muy violento, pero que nunca supera lo verbal) muchas veces gana protagonismo en mis descontentos y que en cierta forma, creo, me libera de los demonios circunstanciales que se apoderan de mi vida en ese momento. Ah, y nunca me dolió el pecho por hacerlo.

Desde luego, es siempre mucho más llevadero tratar - ni hablar convivir - con alguien más sereno.

Tampoco puedo fingir, me haría sentir muy mal tener que sonreír o poner cara de nada, cuando por dentro un volcán está por explotar, dejándolo reventar en mi interior en silencio. No sería sano.

Es cierto, yo vivo últimamente empantanado, pero no en el mismo lugar, salgo y vuelvo enseguida a encajarme. Sin embargo, avanzo y por momentos veo el camino bastante bien.

Reconozco que me da algo de temor verme andar en una calle seca y perfecta, ni hablar en una ruta asfaltada, porque no sé si eso es para mí, o quizás ya no sea yo.

La vida es así, barro y pozos frecuentes, cada tanto seco y liso.

Pero no me quejo y agradezco que si me ven para el diván me lo digan.

Una vez, tomando unos mates con mi querido amigo El Hombre del Carro, ese andante sabio de los caminos de tierra, de pozos y barro a veces, ante una consulta mía me respondió:

- ¿UD me pregunta que le pediría a un amigo? – piensa y contesta - que me diga siempre la verdad. Que sea sincero en todo momento. Claro, si tiene ganas de macanear que macanee, no hay problema, eso se distingue.

- ¿Y UD tiene muchos amigos?

- No, ¿cuánta gente sincera cree que va a encontrar en la vida? ¿Cuántos hay dispuestos a decirle siempre la verdad?

- Yo tengo muchos amigos y confío en su franqueza, porque creo que uno se muestra predispuesto a recibir la verdad. En cambio. hay personas a las que no les gusta que le digan las cosas como son, y uno ¿quë va a hacer al respecto? Callarse, mirar para otro lado, cambiar de tema…

La suma de las conductas individuales, hacen un comportamiento social.

Sentencio entonces que es común en nuestra sociedad la negación de la realidad.

Para no ser demasiado lapidario puede reducirlo a que, muchas veces si vemos venir la verdad por nuestra misma vereda, preferimos cruzarnos.

Y eso es lo más suave, porque tenemos dirigentes políticos, que no son otra cosa que el reflejo del pueblo, capaces de tomar como verdad una tremenda mentira, quizás argumentando la necesidad política de hacerlo, cuando son por lo menos muy discutibles esas necesidades y mucho más, la concordancia política.

Doy un ejemplo contundente de lo que estoy diciendo: el oficialismo critica a los demás lo que no le gusta que le critiquen a él. Como si por estar en el gobierno hubieran adquirido licencia para pecar. Lo que ellos hacen mal está bien, aunque sea igual a lo que otros hicieron mal y están condenados por ello.

Así también lo notamos a niveles individuales, personales.

En cambio yo me enojo conmigo mismo, como si en mi existieran al menos dos personas, una que yerra y la otra, que reprende a la primera por sus pifias, cuando son ambas responsables.

O sea, mi conducta interior es algo parecida al oficialismo… aunque a este nunca se le vio asumir un yerro. Y al final de cuentas, termino la mayoría de las veces riéndome de mi mismo, de mi vehemencia – que no es lo mismo que demencia - y lo inútil es a veces exigirse demasiado

UD que se ha posado en el diván muchas horas de su vida, ¿cree que estoy para acostarme también un rato y hablar de mí? ¿De quién le cuento, del que se equivoca o del que lo reprende? ¿O de esa persona que termina riéndose de los dos?

No es lo mismo estar deprimido que tener depresión. Nunca me sentí en ninguna de las dos formas. En cambio sí, me embolo. Según una amiga psicóloga este comportamiento existe y sería casi opuesto a la depresión. Porque ésta última es tristeza, es desgano; el embole, en contraste, es enojo, es iracundo.

La política es una de las cosas que me ponen mal y me tensionan, tanta mentira, tanta hipocresía, tanta gente engañada, que incluso gusta de que la engañen y después se deprimen por ello; tanta riqueza estéril en manos de corruptos…

Es por eso, que de vez en cuando, como un ejercicio de liberación, como esos golpes de ira cuando me salen las cosas mal, decido escribir un artículo que hable de los profesionales de la mentira, que hable de política. Es expulsar la indignación de adentro mío… El que se queja cuando escribo sobre ello debe ser porque teme ser salpicado con tanta inmundicia. Y eso es comprensible. Pero a mí me hace bien.

Tal vez algún día decida hacer la prueba del psicólogo o el psiquiatra, porque quién dice, de una de esas frecuentes empantanadas no pueda salir. O tan sólo por la curiosidad de descubrir al final quién soy, si el que yerra, si el que reprende furioso o el que se ríe de ambos.

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http://elportaldeolgaydaniel.blogspot.com.ar/

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