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27 mar. 2014

El otoño, UNA BUENA OPORTUNIDAD - Por Eduardo Juan Salleras


26 de marzo de 2014.-
Se autoriza su publicación solamente en forma completa y nombrando la fuente
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Si no heló el sábado a la mañana pasó cerca.

Fue un amanecer muy frío, después de una noche fría, de igual modo había que salir a trabajar.
Me correspondía por un rato una actividad de todos los días, luego a otras cosas.

Desde lejos, mientras limpiaba con un machete las malezas donde debía ir un boyero eléctrico, levanté la cabeza y vi a la distancia, entre medio del monte de las casas, estacionada en sus copas, una densa niebla que no era tal, sino el humo de la chimenea flotando por la quietud.

Parece que la patrona encendió el primer fuego del otoño y de la temporada, otro más, y ¿cuántos en la vida?

Un nuevo comienzo, uno de los más marcados en el año.

Es el tiempo de los días cortos, de los árboles amarillos que dejan caer sus hojas lentamente al suelo; de clima húmedo… y los fuegos, si no son por el frio, sí serán para secar un poco los ambientes.

Y así empieza otra etapa.

Como siempre digo: todo lo que comienza se termina, y probablemente después siempre algo nuevo nace.

Es la eterna oportunidad.

Los que vivimos en el campo sabemos de esto, es indefectible que pase de manera muy notoria, porque es la naturaleza la que marca los tiempos, a los que uno debe rendirse o acomodarse, manejarlos y administrarlos.

Desconocen los urbanos sobre estas reglas, de allí una cierta distancia entre camperos y habitantes de pueblos o ciudades. Aunque hoy son muy pocos los que habitan la tierra, sí son muchos los que viven de ella sin habitarla.

Cada uno a su manera.

Estas transformaciones lógicas y habituales, mudan en nosotros lo que tenemos puesto sin la más mínima ocasión de oponernos a ello. Nos mueven y nos cambian de lugar como si fuéramos de papel. ¿Quién puede resistirse al tiempo, a las estaciones, al clima o a la misma creación?

Uno solamente se adapta: más o menos abrigo, más fuego, menos reparo… ahora es tiempo de encender la luz más temprano y porque no, leer un buen libro.

Hay cosas que no se pueden cambiar y sin embargo creemos que lo hacemos.

En ese intento se producen tremendos desórdenes y a pesar de ello, lo más preocupante es ver las piezas en su lugar, y no lo están.

La vida nos da y nos quita, para seguir viviendo debemos entonces dar para recibir.

Hay cosas que se pierden que jamás se recuperan pero, existen muchas otras que permanecen ahí como siempre, aguardando nuestra decisión, tomarlas o dejarlas, es la oportunidad.

Suele ocurrir que cuando te decides, y por lo correcto, eligiendo lo que otros dejaron y creces, te llaman oportunista.

Pero, si no lo tomas y lo dejas ahí, sin que nadie dé cuenta de ello, permaneciendo empantanado por miedo a equivocarte o al qué dirán, nadie se ocupará de vos ni de lo que dejaste sin tomar.

Y si fallas en la elección… solamente perdiste una oportunidad.

¿A qué se debe todo este razonamiento?

Las estaciones nos marcan tiempos precisos de la vida: cómo vivirla, y las circunstancias que nos tocan en suerte nos muestran algunas probabilidades para resolverlas.

En el otoño termina el ciclo estival. Mueren los cultivos de verano dejando su descendencia en una semilla, la que tendrá la oportunidad de dar vida a su especie en la próxima primavera.

En el tiempo otoñal agoniza el calor y los días largos comienzan a apagarse más temprano.

Habrá que apurarse a hacer leña si no la hicimos en el verano, y elegir ramas secas para prender las estufas. Seguro que al principio no será tarea de todos los días, aunque suele ocurrir en este tiempo esa sensación de ambientes destemplados que son más incómodos que los definitivamente fríos.

En el otoño de la vida hay quienes no encienden o directamente dejan apagar los fuegos del alma, cuando más el espíritu necesita templar su existencia.

Es el momento de tomar decisiones, que por distintas razones no siempre lo hacemos no habiendo motivo para esperar tiesos el invierno.

Aún hay tiempo, tenemos a mano la ocasión de acomodarnos, manejar y administrar la situación, nuestra condición.

La fantasía, la ilusión, nos son exclusividad de la primavera o del verano.

¡Cuántos sueños, cuántas historias, nacieron en una tarde de otoño! Cuando el sol se oculta en el ocaso, el espejismo de un anhelo nos toma de la mano y nos lleva a pasear por jardines de ensueños, que a cada edad circulamos sin límite de madurez.

El asunto es atreverse a innovar en nuestra vida como las estaciones modifican sus paisajes, debiendo nosotros ir apurados tras sus caprichos, adaptándonos a las normas que la naturaleza nos impone, sabia y equilibradamente.

Siempre hay una oportunidad, es cuestión de cómo aprovechar el tiempo, porque el próximo minuto durará 60 segundos, tanto para el recién nacido como para el que está en el ocaso de su vida.
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http://elportaldeolgaydaniel.blogspot.com.ar/

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