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23 may. 2012

Recuerdos de mi muerte - Apunte 23 - Recibiendo visitas


En un lugar con cierto parecido al de la imagen, la clínica había dispuesto que los pacientes que pudieran hacerlo recibieran la visita de sus familiares. Era algo más reducido que el de la fotografía pero no demasiado. En varios puntos, dos o tres según recuerdo, también habían instalado las ventanas-monitores para poder ver programas de televisión, ya que no daban la impresión de servir como terminales de PC.

Una sola vez me trasladé allí porque mi amigo Juan vendría a visitarme ya que él quería protegerme de los espíritus dañinos que, según me dijo, rondaban lugares como los hospitales, en los que el dolor y la enfermedad les abrían las puertas de muchas almas.

Pero no era el único que se llegaba a ese lugar. Un médico de apellido Winter, sobrino de un antiguo y famoso profesional de la ciudad, también cumplía funciones de pastor evangélico y visitaba muchos días el hall de recepción para predicar y distribuir unos pequeños libritos con temas bíblicos.

Ése día de la visita de Juan, me senté con él en uno de los sillones. Pregunté a una enfermera si vendría Winter, a lo que ella me respondió que no sabía, aunque era muy probable que sí porque pocas veces faltaba a esos días de visita. Me pareció que a Juan le molestó un poco que yo tuviera tanto interés en ese pastor que no conocía personalmente.

Recorrí con la vista el salón y pude ver que había otros tres o cuatro pacientes que estaban conversando con sus familiares, También estaban ubicados en los cómodos sillones y algunos veían algún programa en el televisor que tenían más cercano.

La mujer más dañada en el incidente entre los taxistas seguía vendada de pies a cabeza y habían colocado su cama rodante al fondo del lugar, frente a una pantalla destinada solamente a ella. La "momia", como la llamé antes, no tenía ninguna visita, por lo que supuse que la llevaron ahí para que se entretuviese un poco.

También entró uno par de minutos allí el Dr Richardson con su impecable guardapolvo blanco. También le pregunté si vendría Winter y me dijo que esperase, que tuviera paciencia. Hizo un más que rápido recorrido por el lugar para ver si todo estaba bien y salió del hall.

Finalmente llegó el médico-pastor, abrió un mueblecito blanco que estaba cerca de la entrada y tomó de allí unas pilas de los libritos que mencioné y los repartió entre varias personas que se le acercaron para recibirlos. Cerró rápidamente la puerta del pequeño mueble y también se fue del lugar sin realizar ninguna predicación.

Tengo otros recuerdos de amigos que me visitaron mientras estuve internado pero creo que ya eran situaciones reales y totalmente corpóreas, por lo que no tendrán cabida en estos apuntes.

En algún momento de mi paso por el hall de recepción que aquí menciono, me vino la idea de que el Dr Richardson era el médico que había prácticamente salvado la vida de la hija de mis queridos amigos Darío y Adriana cuando sufrió un serio accidente, algo que realmente había sucedido. Por supuesto, no se trataba en realidad del mismo profesional pero en ése momento "se me puso en la cabeza" - como hubiera dicho mi madre - que sí lo era.

Al no poder hablar con el director de la clínica en ese momento de las visitas, decidí hacerlo cuando al día siguiente hiciera su show matinal con las historias clínicas. Pero ése será tema de otro apunte.

Un saludo afectuoso, como siempre.

Daniel Aníbal Galatro

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