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20 may. 2012

Recuerdos de mi muerte - Apunte 20 - Monitores para todos


"GM desarrolla un proyecto para convertir las ventanas del auto en pantallas interactivas
25/01/2012 El objetivo es que los pasajeros de los lugares de atrás, que generalmente son los niños, puedan entretenerse con diferentes actividades interactivas.
http://www.iprofesional.com/".
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Ya comenté en apuntes anteriores que en la clínica, el Dr Richardson había decidido convertir las ventanas interiores y exteriores de cada sala en monitores gigantes que permitieran interactuar con la computadora central tanto para utilizar los programas como para ver canales de televisión de todo el mundo.
Acabo de transcribir el título de una nota de hace muy pocos meses que se refiere a lo mismo "en la realidad" pero en mi aventura fuera del cuerpo ya estaban disponibles tres años antes, aunque yo no tenía noticias previas de eso.
¿Cómo se instalaban los elementos que convertían una ventana en un monitor de PC? Era rápido y sencillo. Un operario iba colocando contra una pared a nivel del zócalo un cable grueso de tipo coaxial que tendría unos 2,5 cm de diámetro. Lo iba fijando con unas grampas como lo hubiese hecho con una extensión telefónica. Al llegar al marco de la ventana elegida, cortaba el cable y en ese extremo ponía una ficha a modo de terminal "hembra". Luego con el mismo cable rodeaba el marco dejando un extremo a la altura de esa ficha que había colocado antes y lo completaba con un terminal "macho", junto al otro extremo que tenía una especie de capuchón "ciego". Cuando estaba todo dispuesto, conectaba ambas fichas y ya se podía utilizar esa ventana como monitor.
Era evidente que no se trataba de aberturas comunes sino de unas especiales cuyos vidrios estaban "sensibilizados" técnicamente para generar puntos (lo que llaman "pixels") que pudieran emitir luz visible en miles o millones de colores posibles.
Y en las ventanas interiores, que ahora quedaban fijas, agregaban la cortina "veneciana" que permitía utilizar el "menú" del sistema operativo tanto por "toque" con un dedo como mediante un control remoto.
Todo esto me sorprendía un poco pero no demasiado. Sabía que la tecnología avanzaba continuamente y que podía posibilitar cosas así, pero lo que me enojaba un poco era que ni el personal, ni los pacientes ni los familiares que los visitaban se admiraran de estas maravillas. Lo tomaban como algo perfectamente natural y, a lo sumo, algunos de los usuarios de la clínica se quejaban porque todavía las ventanas de su sala no habían sido activadas todavía.
De las muchas situaciones que se plantearon luego de instalados estos enormes monitores en la salas en las que yo estuve internado durante mi proceso de "puesta a punto" relataré algunas en futuros apuntes. Y menciono eso de la "puesta a punto" porque yo no me veía enfermo allí sino que nos habían llevado para hacernos una especie de reacondicionamiento destinado a alistarnos para cumplir con la misión que se nos había encomendado. Por eso podíamos salir a caminar por la ciudad algunas horas de la tarde o noche sin inconvenientes, ni sentía ningún dolor o malestar que me incomodara sino todo lo contrario.
Mientras en la realidad mi cuerpo estaba en terapia intensiva, nunca desperté lo suficiente como para tomar conciencia de ese lugar. No recuerdo absolutamente nada aunque sí pude percibir que allí estaban internados también el chico Joel y un señor mayor, lo que Olga me confirmó luego. No los veía con claridad, pero sabía que estaban. Luego me trasladaron a una sala de internación en la que sí "volví en mí" muchas veces a lo largo de esos días, aunque sin la claridad mental que los médicos esperaban porque consideraban que los efectos de la anestesia inicial y de la morfina posterior ya debían haber desaparecido. En la ventana que separaba esa sala del office de enfermería correspondiente estaba instalado el monitor con la cortina "veneciana" plástica, y, del lado del office, una terminal de PC que ya mencioné.
En mi experiencia, tuve dos traslados a otros lugares. Uno fue a una sala recientemente habilitada en la que entré como primer paciente internado pero que en pocos minutos estaba compartiendo con tres o cuatro pacientes más. El otro traslado fue a un lugar fuera de la clínica del que también algo ya dije y que quedaba en una construcción especial que tenían frente al arroyo Esquel, junto al night club, en la esquina de la "diagonal" y la calle Pellegrini.
La sala recién habilitada tenía un par de ventanas que daban a una calle. Supongo que se trataba de la 9 de Julio, por el movimiento de ómnibus y automóviles que se apreciaba más por su ruido que por su imagen. Esas aberturas todavía no tenían instalado el sistema necesario para ser usadas como monitores.
En la de "externos" frente a la playa, colocaron un monitor gigante pero no modificando una de las ventanas sino sencillamente aplicándolo sobre la pared que daba a la playa, es decir, de espaldas al norte.
Si algunos amigos cuentan circunstancias que les acontecieron en experiencias cercanas a la muerte con una duración generalmente parecida a la de un programa "unitario" de televisión, como ya han ido apreciando a lo largo de estos apuntes a mí me tocó una "serie" de unos cuantos capítulos. Y como lo que me ocurría era tan interesante, yo no tenía ningún interés en que finalizara.
Llama la atención en mis relatos relacionados con esta experiencia, no solamente la cantidad sino la calidad de recuerdos detallados que se acumularon en mi mente. Pero también me sorprende que, a pesar de mis temores iniciales, la enorme mayoría de esas imágenes se mantiene casi sin deterioro más de tres años después. Quizá han quedado allí almacenadas hasta hoy en que las voy escribiendo o tal vez permanezcan guardadas hasta mi muerte real, ésa de la que no regresaré para compartir historias con mis amigos.
Hasta el próximo apunte.

Daniel Aníbal Galatro

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