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El problema de la minería no es la cuestión ambiental



15 de febrero de 2012

Esta nota fue publicada en la Agencia Paco Urondo. La transcribimos por considerar que hay que acentuar el debate sobre la minería y su desarrollo en nuestro país. Ya lo dijimos, no se puede pensar una país económicamente independiente sin industrias. Y la minería es una necesidad para avanzar en ese sentido. Ahora, ¿qué minería? Poco se sabe más allá de los desastres del estilo de La Alumbrera o lo que se intenta con el Famatina.
Oponerse como se oponen los pueblos ha sido un gesto de conciencia y valentía. Eso no se opone a llevar adelantes estudios, discusiones y capacitación sobre la minería que necesitamos y donde el Estado debe tener una actitud no pasiva, sino ser parte de los proyectos y de esta manera no dejar librado todo a capitales privados, por lo general, saqueadores de riqueza. Aquí el artículo.
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Por Horacio Bustingorry - Leonardo Pflüger planteó una discusión sobre minería, impacto ambiental y la percepción de la población. El escrito generó un importante revuelo y un intenso debate que lleva más de 80 comentarios. El objetivo de la presente nota es evaluar a grandes rasgos la política minera y sus vínculos con el modelo económico kirchnerista.
Existen otras aristas de la minería con igual o mayor importancia que la cuestión ambiental. Muchos compañeros kirchneristas cansados del ecologismo a ultranza plantean la necesidad de explotar los recursos naturales para impulsar el progreso del país. Sin descuidar la cuestión ambiental por completo, este razonamiento es acertado. Sin embargo, cuando se observan los principales rasgos de la política minera se abren interrogantes sobre su capacidad para fomentar el desarrollo nacional.
Creación de puestos de trabajo…
Desde 2003 los gobiernos kirchneristas apostaron fuertemente a la creación de trabajo. Las medidas redujeron el desempleo a menos de un dígito. Se fomentó la ocupación mediante diferentes modalidades, con empleos de calidad y en no pocas actividades de formas precarias similares a los 90. Como fuera, la reducción de la desocupación es una contratendencia del capitalismo mundial (excepto China) con lo cuál la experiencia argentina constituye una verdadera revolución del trabajo.
La minería realizó su aporte. Hasta 2003 estaba escasamente desarrollada pero a partir de esa fecha el crecimiento del sector fue exponencial, superior al 300%. El balance resulta positivo porque la minería ayudó al crecimiento económico y fomentó la creación de trabajo donde antes no existía. En siete años se crearon 400.000 empleos, un incremento superior al 400%. En general la calidad del trabajo es buena. Como ocurre en todas las empresas altamente tecnificadas y de gran rentabilidad los trabajadores se encuentran en condiciones aceptables. Los salarios promedios se ubican en los 15.000 pesos, una cifra muy superior a las remuneraciones promedio.
… sin valor agregado
El problema de la minería no se agota en la variable empleo. Existen otros elementos a tener en cuenta y permiten vislumbrar rasgos neoliberales en la actividad. Un factor central es la escasa presencia del Estado en la actividad. Las empresas actuantes se ven beneficiadas con contratos leoninos. Más allá de la nacionalidad de las compañías mineras (es dudoso que existan empresas nacionales con el capital y la tecnología necesaria), lo cierto es que son favorecidas por una legislación muy benévola heredada de los 90.
La exportación en general no está grabada con retenciones. Al no cobrarse dicho impuesto la actividad no provee divisas para industrializar el país, mecanismo clásico de los gobiernos peronistas. El contraste es evidente con la actividad agropecuaria donde las retenciones fueron utilizadas para impulsar varios sectores no competitivos de la economía. La tecnología utilizada es extranjera con lo cuál casi no hay industrias locales proveedores de insumos. Nuevamente surge el contraste con la actividad agropecuaria donde más de la mitad de la producción de maquinaria agrícola es fabricada en el país.
Las regalías que cobran las provincias son muy bajas. No superan el 3% ciento muy por debajo del 12 que se exige a las petroleras. Las diferencias con esta actividad son notables. Las retenciones a la exportación de crudo son del 45%, la exportación de nafta está gravada con un 5% y existe un control de precios internos que impide que el barril de crudo supere los 42 dólares en el mercado local. A todo esto súmese las renovadas exigencias del gobierno nacional para que las empresas petroleras inviertan e incrementen la producción y resultará evidente las diferencias con la minería.
Los minerales que recibieron más impulso los últimos años, cobre, oro y plata son extraídos en boca de mina y exportados en bruto.
Empresas emblemáticas como Cerro Vanguardia y La Alumbrera destinan la totalidad de su producción a la exportación debido a que no se diseñó un esquema para industrializar el mineral en el país. La actividad no está en sintonía con el planteo de la presidenta de sumar valor agregado a nuestra producción.
La multinacional Vale ilustra lo expuesto. Planea extraer cloruro de potasio de un yacimiento a 200 km. de la localidad mendocina de Malargüe para luego exportarlo a Brasil. La empresa adquirió y rehabilitó un ramal para trenes de carga que pasa por Neuquén y Río Negro y finaliza en el puerto de Bahía Blanca donde el mineral se embarcará a granel para ser exportado. El esquema es típico de una economía de enclave. Más allá de las diferencias tecnológicas, el caso de Vale puede compararse con la modalidad de la United Fruit en Centroamérica a principios de siglo XX. La lógica económica relegaba otras áreas y reforzaba el modelo primario-exportador.
La política minera y el modelo económico general.
Se puede concluir que la política minera está más cerca de la matriz neoliberal que del esquema kirchnerista. Sobre todo en cuanto a los enormes beneficios que obtienen las empresas y la casi nula intervención estatal.
El modelo económico K no se puede evaluar por una sola actividad como hace buena parte de la izquierda. La incidencia de la minería en el PBI es del 4,5%. El porcentaje desmiente la idea de un modelo extractivo exportador como principal característica del modelo K. Sin embargo, la minería presenta incongruencias con el resto del modelo resultando ser una de las actividades menos reivindicables de las impulsadas por el gobierno nacional.

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