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9 oct. 2013

Solo en la madrugada - por Eduardo J Salleras


Qué mirar
SOLO EN LA MADRUGADA
Por Eduardo Juan Salleras, 9 de octubre de 2013.-

Se autoriza su publicación solamente en forma completa y nombrando la fuente
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Todos los días me despierto a las 3 o 4 de la mañana.
En otro tiempo saltaba de la cama contento.
Abría las ventanas, negras todavía. Encendía mi computadora y a escribir, y a pensar.
Llegué a publicar así 3 artículos por semana: martes, jueves y viernes, en el diario El Informe de Venado Tuerto.
Luego a mis actividades rurales.
Hoy es distinto. No tengo ganas de levantarme, porque a diferencia de antes, es la cama el lugar donde estoy más cómodo, y aunque pueda escribir todo el día y todos los días, tampoco tengo ganas… temas: puf… de política ni hablar, y habiendo cursado varias materias de la vida, también sobre ella puedo garabatear.
En cambio, me acomodo en la cama, enciendo el televisor con el volumen bajito para no despertar a mi mujer, y enseguida busco algún canal de documentales, cuyos relatos tengan un tono de vos de carácter somnífero; aplico entonces el “timmer” en 15 minutos, y en tan sólo 5 estoy frito de nuevo, para volver a despertarme a la media hora y repetir la operación pro sueño, varias veces por madrugada.
Mi actividad física es muy intensa y eso me lleva a un cansancio grande, en especial del cuerpo, frecuentemente acompañado de algún dolor, en particular de cintura. Esta es la razón de dormir poco y sentirme bien, acostado.
En esos “zappings” de la tele, descubrí que este fabuloso aparato está en las peores manos, o al menos, en las equivocadas. El 80% de la programación tiene un mensaje violento, ni hablar los noticieros.
Las películas no sólo son crueles, brutales, sino que además tiene por lo general un contenido irreal: monstruos, vampiros, máquinas humanas, superhombres tétricos… crímenes horrendos, droga, espeluznantes fantasías… en definitiva una agresividad que duele, y aquel que no lo sienta así, es porque ya forma parte del juego.
Una noche me tenté con mirar dibujos animados. Alguno se salva, pero muchos son la versión kínder de lo dicho en el párrafo anterior: temibles.
Podría ver un poco de fútbol, pero no nacional porque hasta en el relato se siente saña, incluyendo a los atropellados arbitrajes. Para pasar a la propaganda del gobierno que es otra muestra salvaje de abuso del poder político, lo que es también agresivo.
Incluso, en esos canales de documentales, el 70% de su programación, si no es ofensiva es al menos desagradable. Si no se pelean dos gordos yanquis en un taller, juegan otros con armas como si fueran juguetes, o un combate medieval de hombres bajo armaduras y sobre caballos, con lanzas… realmente estúpido. No hablemos de aquellos programas que muestran la vida en las cárceles, o de aquellas pobres personas que pesan media tonelada, o deformes. También asesinatos vip, las verdaderas mujeres asesinas, mentes criminales, Tabú y toda clase de inmundicias.
El único que se salva es el canal Film & Arts.
Uno vive en ese escenario desagradable y como corolario, la campaña electoral, o los discursos presidenciales, que en tono arrabalero, la jefa de Estado pretende llevarse a todo el mundo por delante. Y se enoja con uno, y se ríe de otro… acompañada siempre de una sarta de imbéciles que festejan miserablemente tanto vituperio.
Pero la realidad es que, si obviamos algunos de estos espectáculos, ignoramos los actos oficiales, la campaña electora – en definitiva nadie dice nada – apagamos el televisor si no hay algo que valga la pena… el 80% de nuestra vida no es tan violenta.
Si seleccionamos los momentos, evitando aquellos que nos perjudican el alma o el cerebro, y sin siquiera fantasías ingenuas o extravagantes, los días se completarían con más provecho.
Pero, la verdad es que hay una sociedad que consume esas estupideces llenas de intemperancia, de brutalidad; excitándose con la maldad; utilizando la ira como discurso; confundiendo amor con pasión; lo estridente supera a la calma; y la confusión es, en definitiva, el argumento.
Por lo tanto no nos debería llamar la atención ver a la gente irascible en el andar diario, reaccionando muchas veces con rabia a situaciones que no merecen, por ser ajenas a nuestra vida; se actúa con furia, y nos lleva a no poder volver atrás si nos equivocamos o si es conveniente.
El delito es la expresión máxima de lo que estoy hablando. Se mata gente por nada, con efusiva crueldad, a personas indefensas, a niños, a ancianos… a su propios pares, gente como ellos, los asesinos, tal vez víctimas de la sociedad, o mejor dicho, de la política.
Claro todos son traumas urbanos.
En la nada, donde yo vivo, esto no ocurre y si hay algún desbalance emocional es producto de las relaciones humanas, las que en menor grado se expresan parecidas a lo dicho anteriormente en su tendencia. Existen discusiones estériles sobre obviedades. Cada uno pretende vivir el mundo como propio, y solamente comparte con el otro cuando quiere hacerse de algo que le interesa. Nadie roba, toman para sí. Es curiosa la situación pero carece de violencia.
Estas son algunas de las cosas que pienso a la madrugada cuando no puedo dormir y tampoco levantarme.
Llevé a mi escritorio una mecedora para sentarme a leer en vez de mirar televisión. Y si tengo ganas, a mano está mi papel y mi pluma: la computadora.
Si la realidad me permite, volveré a pensar en cosas bonitas y escribir sobre ellas.
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