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21 sept. 2012

La hipnosis, la telepatía y el espiritismo.


La hipnosis, la telepatía y el espiritismo.
Una nota de Samuel Auerbach

              Frente a la noticia que los científicos han hecho posible que un hombre en Israel pueda mover un robot que se encuentra en Francia con sólo pensar en su movimiento, creo oportuno retomar el tema del espiritismo y materias afines ya esbozados en un artículo anterior, pero esta vez con mayor detalle. Dijimos entonces que el cerebro es un buen emisor de ondas magnéticas debido a la gran actividad eléctrica que desarrolla. El cerebro cuando da una orden para que se mueva un músculo, genera una corriente eléctrica que al llegar a ese músculo lo contrae. También agregamos que la física nos enseña que un conductor por donde pasan corrientes eléctricas de intensidad variable, genera ondas magnéticas que pueden ser captadas por receptores apropiados. Un sujeto en estado hipnótico lo es. Pero no siempre ese estado es necesario para captar pensamientos. Sucede en la vida diaria cuando una persona piensa en alguien y ese alguien al poco tiempo hace sonar el timbre de su puerta. Generalmente, esa y muchas otras coincidencias son atribuidas a la casualidad.
             El caso más concreto de transmisión de pensamientos o "telepatía", se produce en las sesiones que llevan a cabo los espiritistas. El cliente cuando, por ejemplo, piensa en su difunto padre y le pide al "medium" que lo traiga y hable con él, éste, que sabe como entrar en "trance" o autohipnosis, se convierte en fácil receptor de sus pensamientos. Es necesario enfatizar que no todos los individuos son hipnotizables, ni todos los hipnotizables saben hipnotizarse a si mismos como lo hacen los espiritistas. Eso se aprende con un entrenamiento especial, en el que la relajación muscular juega un importante papel.
              El "medium" no engaña a su interlocutor pues está plenamente convencido de encontrarse en presencia del espíritu requerido. Durante el transcurso de la sesión, el cliente, generalmente muy sumergido en un profundo estado de abstracción emocional por el ambiente metafísico y misterioso de la escena, le puede transmitir pasajes olvidados de su vida, hondamente guardados en su subconsciente. Con gran sorpresa y exaltación que a veces llega al llanto, el cliente escucha esos relatos que cree que vienen de su padre a través de otros labios.
              Pasajes vividos en el pasado aunque no se recuerden, nunca se borran por completo. Quedan guardados en ese lugar del individuo que se llama subconsciencia. En ciertas circunstancias pueden aflorar a la memoria, como ser en la vejez, en fuertes estados emocionales y en el estado hipnótico, que es el estado que aprovechaba el neurólogo vienés Sigmund Freud alrededor de 1896, quien con su psicoanálisis, eliminaba de sus pacientes escondidas espinas irritativas que perturbaban su conducta.
              El subconsciente en el ser humano es semejante al disco duro de la computadora. Por medio de su teclado, el que la está manejando puede hacer llegar lo allí grabado hacia la pantalla y ver y leer su contenido. La computadora obedece inmediatamente lo que se le ordena porque no tiene la facultad para negarse. Un individuo en estado hipnótico, tiene su voluntad no anulada pero sí muy reducida. Obedece las órdenes que le da el hipnólogo, quien usando su mismo idioma en vez de un teclado, puede hacer que lo grabado en su subconsciencia aflore a sus labios.
              Un idioma es el conjunto de ondas sonoras llamadas palabras que llegan al cerebro a través del oido, las que transformadas en ondas eléctricas de distintas características lo excitan produciendo una reacción acorde al estimulo recibido. Es por eso que el hipnólogo debe usar y conocer a la perfección el idioma que su paciente aprendió durante su infancia. El idioma es por lo tanto, un conjunto de actos reflejos aprendidos por el paciente durante su niñez, muy parecidos a los que Pavlov conseguía artificialmente con sus reflejos condicionados.
              Una sesión de hipnosis, es una sucesión de actos reflejos que se producen al impacto de estímulos correspondientes, que el paciente responde indefectiblemente porque no mantiene la voluntad de negarse en toda su magnitud. No obstante si la orden no responde a sus fuertes principios morales, el hipnotizado puede negarse a obedecer.
             En mi práctica profesional como odontólogo, a veces usaba la hipnosis para tratar a mis pacientes. Cierta vez, para comprobar la profundidad al que habíamos llegado, le pedí a un paciente que se quitara su zapato izquierdo. Llegó a tocar el calzado pero quedó inmóvil. Me confesó luego que no lo hizo porque estaba seguro que su calcetín tenía un agujero. En otra ocasión, por medio de este método y respondiendo a la pregunta correspondiente, nuestra ayudante me dijo estando aún hipnotizada, dónde había dejado olvidados sus anteojos que buscaba con ansiedad.
             Se me ocurre un experimento para comprobar si la teoría aquí expuesta sobre el espiritismo no está equivocada. Sería interesante si durante una sesión de espiritismo, alguien interponga entre el "medium" y su cliente, una placa metálica que podría ser de plomo, que impida el pasaje de ondas magnéticas. Gran sorpresa para todos si el difunto pariente desaparece repentinamente.

Samuel Auerbach.
Natanya, Israel.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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