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4 jun. 2012

UN FENÓMENO VIRTUOSO: LA AMISTAD

Mi cumpleaños
UN FENÓMENO VIRTUOSO: LA AMISTAD
Por Eduardo Juan Salleras, 2 de junio de 1956.-
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Se autoriza su publicación solamente en forma completa y nombrando la fuente
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   Pasé un 31 de mayo maravilloso, con los saludos de los que me quieren, o al menos me consideran: familiares, amigos y compañeros de colegio. Es que hace 56 años nacía, justo en 1956.
Con algunos incluso me reuní y otros en cambio, vía mail o teléfono, me hicieron llegar su reconocimiento.

Y es lindo…pensar que hay gente que se niega a cumplir años, cumpliéndolos igual, entonces qué mejor, darle trascendencia a lo inevitable: envejecer.

Me sentí querido, al punto que alguien, la noche posterior, me llamó para expresarme lo siguiente: “Quería decirte que sos un fenómeno”. La verdad, me sorprendió, más por quién me lo decía, alguien a quién admiré de niño y de adolescente.

¿Qué es un fenómeno? Algo anormal. Estoy seguro que no se refería a ello puntualmente sino - y espero que así sea - a algo fuera de lo común, sin ser monstruoso, deforme… tal vez sí distinto.

Ahora debería descartar de plano como fenómeno el concepto de prodigio porque nada más lejos de mí que semejante atributo.

Durante mi vida de aprendizajes, no aprendí, porque desaproveche el momento. No era un mal estudiante, más bien un “no” estudiante, que a su vez practicaba una mala disciplina.

Me arrepiento sinceramente de haber desaprovechado ese tiempo, y aunque ahora pretendo recuperarlo, cultivándome en todo lo posible, ya no es igual. Mis esfuerzos por disimular la ignorancia son enormes pero, lo hago bastante bien.

Estoy tan seguro de mis limitaciones que me quedé pensando cuando un querido amigo, que vino el mismo día de mi cumpleaños a tomar unos mates a casa, me dijo – hablando del país – que nuestro problema está en que no somos virtuosos y por ello fracasamos como nación, una y otra vez, y para negar semejante frustración, le cargamos la culpa al que se fue, como si no hubiéramos tenido nada que ver. Es la primera muestra de nuestra deshonra.

Pero qué significa ser virtuoso: quiere decir que ante las distintas alternativas que se presentan, elegir la correcta, la mejor, la adecuada. Eso es ser virtuoso.

Estoy tan lejos de esta condición que lo más cercano a ella es darme cuenta de mi lejanía.

No nada más distante de la virtualidad que negar los desaciertos, ya sea no asumiéndolos o pretender hacerlos pasar por éxitos, como hacen los políticos.

Nos hemos equivocado como sociedad cívica permanentemente desde hace muchas décadas, si bien no es nada estimulante elegir entre malo y peor pero, lo que no podemos negar es que siempre está el camino correcto como alternativa… siempre está, distinto es que no queramos tomarlo, por largo, por sinuoso, por esfuerzo, por sacrificio…

De niño tomé la alternativa incorrecta: no estudié, me portaba mal; aunque ello me trajo algo de popularidad, me alejó de lograr ser alguien virtuoso.

Gracias a Dios tengo buenos amigos que sí lo son y con mucha ductilidad hago rebotar en ellos aquellas pelotas difíciles, quedándome a mí, a buen golpe.

Estos dos amigos nombrados son, casualmente, virtuosos.

Ahora, ¡Qué virtud es ser buen amigo! ¡Qué virtuosa es la amistad!

Tengo muchos y muy buenos amigos, algunos a los que no veo siempre, incluso muy de vez en cuando pero, los que uno sienten que están, siempre. Esos que en algún momento de su vida, de sus días, de su día, piensan en mí… y yo pienso en ellos. Esos en los que si uno debería confiar en alguien algo, los buscaría, sin dudar.

Aquellos que se alegran de mis éxitos y se entristecen con mis fracasos, y viceversa yo.

Esos que se ponen felices por verme bien y se preocupan cuando no pego una.

¡Qué palabra inmensa es Amistad! Y en los cumpleaños, o en otros festejos, se nota, cuánto hemos cultivado esa flor magnífica, con la más variada gama de colores y el más encantador de los aromas.

Cuando digo: con la más variada gama de colores, es porque tengo amigos de todos los tipos, de distintas edades, de diferente origen, desde ingenieros a tamberos, de paisanos de bombacha y botas a los perfectamente trajeados. Y me es igual, con todos la paso bien. No son los mismos temas los que hablo, ni son las mismas risas ni las mismas gracias. Cada uno algo me da, algo me deja, siendo todos muy ricos en el dar porque unos son virtuosos en algunas cosas y otros en otras. No es la misma mirada e interpretación la del intelectual, que la del técnico y muy distinta de la de aquel, cuya virtud fue transitar correctamente el único camino que le ofreció la vida pero, al que le dejó su huella para siempre.

Al decir: “El más encantador de los aromas”, es esa estela de fragancias que deja la amistad en el correr de la vida.

Y me fui corriendo al quinielero de enfrente: - ¿Cómo hago para jugar a la quiniela, hoy cumplo 56 años y soy de 1956? El hombre con el dedo pulgar señaló el tablero que estaba a su espalda. Acaba de salir el 56, me dijo.

Lo mío será siempre romperme el lomo laburando.

De qué me estoy quejando si estoy hablando de la amistad, de la cantidad, de los enormes amigos que tengo, allá y acá, amigos de toda la vida, compañeros de colegio, de rugby, de fiestas, de la tierra y el campo, de la ciudad… desde los que están en otros países hasta los que tengo en el pueblo. Los que veo siempre y los que ya no veo pero que siguen siendo amigos.

Cómo no voy a festejar mi cumpleaños… mi familia entera vibra con mis emociones y prepara el acontecimiento de tal forma que para mí no sea un día común.

Los que me conocen saben que no es un día más, entonces me llaman y me saludan.

¿Algún día seré un fenómeno virtuoso?... ¿O un buen amigo?

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