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3 may. 2012

Recuerdos de mi muerte - Apunte 6 - Fontana y la diagonal

Vista de la esquina de Fontana y Ameghino donde estaba el chalet y nacía la diagonal hacia el norte

Una reducida zona de la ciudad de Esquel, que iba desde Av. Fontana y Av. Ameghino hasta la que debía ser la esquina de esta avenida con Pellegrini, se transformó en un sector en el que me ocurrieron muchas cosas, quizá llegando al final de la historia.

El arroyo Esquel fluía en ese sector de la Ameghino bajo un puente de maderas duras y anchas, abulonadas entre sí. Luego la Avenida seguía rumbo al noroeste, como lo hace realmente, pero era totalmente de ripio y con muy pocas construcciones a sus lados, y esas pocas sobre la mano derecha, según se las veía cuando se la recorría alejándose de su intersección con Fontana.

No había ningún monumento visible desde esa esquina, ni siquiera la rotonda que allí está hoy. Tampoco ninguna de las avenidas tenía una "rambla" divisoria del sentido de tránsito como en realidad tiene, ni siquiera árboles que delinearan el mismo. No había estación de servicio allí y no recuerdo haber visto movimiento de automóviles en la zona. Era como si solamente nosotros dos - Olga y yo - estuviésemos recorriendo el lugar.

Ya mostraré esos detalles pero les pido que imaginen que una diagonal unía la esquina de Fontana y Ameghino con la de Pellegrini y Ameghino. Caminando de la primera hacia la segunda, solamente había construcciones a mano izquierda, ya que el triángulo remanente era un bosquecillo que luego vi que en parte se usaba como estacionamiento.

La diagonal terminaba en una amplia playa que bordeaba el lado oeste del arroyo, con variados árboles decorándola, entre los que se destacaban pocas pero elegantes palmeras.

Desde el puente hacia el origen de las aguas el arroyo se iba ensanchando rápidamente y a por su intersección con 9 de Julio ya no era fácil ver la orilla opuesta. Era un lugar realmente hermoso pero yo sentía que no era verano o al menos que el clima no era agradable y en ningún momento de interesó quedarme allí con Olga ni tan siquiera a compartir unos mates. No caminamos nunca sobre la playa. Nuestro recorrido terminaba en la última construcción sobre la diagonal citada ya que allí estaba la sala "externa" en la que pasé los últimos días de cama.

En la esquina de Fontana y Ameghino, un terreno triangular forzado a serlo por la diagonal que de allí partía, había un hermoso y muy cuidado chalet con tejas coloniales, un pequeño jardincito con bellas flores y, apoyados en la pared baja que lo separaba de la vereda, dos telescopios: uno con trípode y otro de mano, éste último colocado sobre el pasto.

Luego me enteré de que el propio Dr. Richardson, quien seguramente era propietario de esa vivienda, los dejaba allí para que los transeúntes los utilizaran y pudieran observan claramente la luna que desde allí se veía muy bien, especialmente en plenilunio y cuando atardecía temprano. Como nosotros la primera vez que pasamos por allí y muchos otros seguramente en esa misma o en otras noches claras, los telescopios eran aprovechados y luego dejados en el lugar para los próximos que gustaran usarlos.

En un terreno lindante con el del chalet de la esquina y con la sala "externa", una construcción algo escondida entre las largas ramas de los árboles del bosquecillo de la inexistente vereda opuesta que cruzaban la angosta calle en diagonal, y algo retirada de la línea municipal lucía un cartel casi invisible de día. Pero de noche, y tras una graciosa anécdota protagonizada por Olga en una de las visitas que me hizo, nos enteramos de que se trataba de un Night Club ya que se encendían unas luces que permitían ver algo mejor el citado cartel.

Tarea nada fácil la de hoy, ¿verdad? Un esfuerzo de la imaginación que compensaré adjuntando dos imágenes en vez de la única acostumbrada (si es que alguien llega a acostumbrarse a algo con solamente cinco dosis (en este caso, cinco apuntes).

Cualquier consulta, quedo a sus órdenes. Ya saben, amigos, que sus comentarios son el rastrillo que escarba y reacomoda recuerdos de una vivencia que tal vez nunca ocurrió, y permite que asomen terrones que ya se habían sumergido en profundidades complejas de mi corteza cerebral.

Aquí cierro, entonces, con la fotografía de lo que cualquiera que pase por allí encontrará en la esquina citada. Pero también va un esquema hecho por alguien que quizá volvió de la muerte y que, además, nunca pasó por una escuela de dibujo. Excusas para disimular defectos, pues para eso son las excusas, dicen.

Un saludo y hasta el próximo.

Daniel

 

Un esquema general que quizá ayude a visualizar algunos lugares relacionados con esta historia.

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