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28 may. 2012

Recuerdos de mi muerte - Apunte 28 - Los dos Moisés


Lo que aquí voy a intentar transcribir de mis recuerdos es algo que me ocurrió en un momento en el que quizá transitaba justamente la frontera entre la vida y la muerte. Porque es una de las pocas cosas en las que se mezclan la realidad que Olga sufría desde afuera con las imágenes que se formaban en mi mente.
Es por eso que transcribiré lo que ella escribió en su relato antes de complementar con lo poco y no muy claro que me quedó grabado.
Aquí está ese fragmento de lo tan estremecedor que ella escribió sobre esta "muerte" o, más precisamente, "casi muerte" mía.
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"Ya era la hora para entrar. Me coloqué el uniforme esterilizado al que ya estaba acostumbrada. Me fui acercando hacia su cama. Mientras me aproximaba lo notaba ansioso, nervioso. Sólo miraba mis manos para ver si traía la Biblia. Los dos estábamos nerviosos, porque yo no sabía con qué me encontraría.

Me hizo una seña y le coloqué los anteojos como él me pidió. Movió la cabeza rápidamente y se los quitó porque no veía nada. Yo no sabía qué hacer porque tampoco sabía qué leerle. Lo que menos imaginé fue que él me diría donde detenerme y qué leer.

Casi balbuceando, Dany se agitó mucho al hablar. Y con la mascarilla era muy difícil poder entenderle. Estaba asustada. No le comprendía nada, tenía miedo de hacerle mal. Supuestamente era él quien me leería algo a mí y por eso me pidió los lentes, cosa que no ocurrió porque me pidió que fuera yo quien lo hiciera.

Nunca olvidaré esa experiencia. Tomé la Biblia y le fui diciendo los nombres de los sucesivos libros. Así él me guiaría para indicarme dónde detenerme. Con movimientos de cabeza me señalaba que pasara páginas. No sabía dónde leerle, qué leerle, cuál era el lugar.

Cuando llegué al Éxodo y al título que expresaba “Moisés huye de Egipto”, muy nervioso me dijo que era ahí, que leyera eso.

Pero lo que más me impresionó es que él iba repitiendo renglón por renglón lo que yo leía. Le costaba muchísimo trabajo porque se agitaba. Yo quería que descansáramos pero él pedía que siguiera leyendo.

Cuando terminamos, me llamaron la atención varias cosas.

En primer lugar, el pasaje, porque se refería a Moisés y así llamábamos a un pastor amigo que con Daniel se habían adoptado mutuamente como padre e hijo. Dany había venido a paliar de alguna forma la pérdida del progenitor del pastor ocurrida en circunstancias dramáticas cuando tenía apenas diez años. Ese vínculo filial reciente se había hecho y sigue siendo muy profundo. Y este amigo estaba atravesando muchísimas pruebas en esos días, y el pasaje bíblico era un mensaje para él o al menos eso me parecía. Le pregunté a Dany el por qué de ese mensaje y muy suavemente mencionó el nombre del pastor, confirmando que era realmente para él.

Otra cosa que me llamó la atención fue que mientras yo leía él también parecía hacerlo, ya que tenía la mirada en un punto imaginario donde sus pupilas iban de un lado a otro de ese punto como si estuviese leyendo. Con el tiempo, Dany me confirmó que sí estaba leyendo ese pasaje a la par mía en una Biblia grande y antigua que me describió en detalle."
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Este relato de Olga fue escrito un tiempo después de mi - de nuestra - extraña experiencia. Fue escrito desde el corazón, y por eso nos sigue resultando conmovedor hasta las lágrimas cada vez que intentamos volver a leerlo. Lo ha publicado completo en:
http://losescritosdeguerreradelaluz.blogspot.com.ar/2012/05/el-dia-que-el-murio-y-yo-lo-vi-una.html 

Porque por fuera de mí, en la llamada "realidad", las cosas iban muy mal y tomaban el aspecto de lo irremediable, y así ustedes o yo mismo podemos intentar comprender aunque solamente sea un poquito esto que me - nos - ocurrió.
Cuando entré en el coma inducido lo hice con algunas preocupaciones que hasta ese momento venía trayendo en algún lugar de mi mente. Entre ellas estaba el tema de que mi amigo pastor había decidido mudarse con su familia a otra ciudad. Todos los que los queríamos bien deseábamos que no se fuera, pero la decisión ya la había tomado y en un momento suficientemente profundo de mi sueño eso estalló.
Recuerdo que de pronto me di cuenta de que este "Moisés" amigo debía tener relación muy directa con el escritor de los primeros libros bíblicos. Y fue entonces que pedí ese Libro, en mi devaneo fuera del cuerpo pero, según Olga refleja, también en esa realidad externa que ella y muchos otros veían.
Sentí que depositaban sobre mis muslos recogidos un gran volumen que lucía muy antiguo. Sus hojas estaban sanas pero amarillentas.
Podía ver bien los títulos escritos en grandes letras góticas pero lo que continuaba debajo estaba absolutamente borroso. Fue entonces que pedí mis anteojos. Y pese a lo que Olga relata - la verdad "verdadera", como hubiera dicho mi madre - las letras pequeñas se aclararon y pude encontrar lo que buscaba, aunque no sabía realmente qué era hasta que lo encontré.
Hojeando el Génesis desde el principio, en algún lugar de la Biblia - del lado de las páginas impares, precisaría un editor - vi un título enorme en el que se leía "Moisés", algo que en ninguna versión que conozca puede hallarse. Refería allí la historia del patriarca, lo que no me interesaba demasiado en ese momento. Pero unas pocas hojas más adelante, también del lado impar, justamente en la mitad de la columna derecha, un subtítulo en negrita mencionaba la primera salida de Moisés al desierto, forzada por la situación de riesgo de vida que se le presentaba al haber matado a un egipcio.
Y leyendo esas líneas me tranquilicé. Nuestro amigo, nuestro Moisés, estaba en esa situación. Lo vi en esa Biblia o en mi mente como una ilustración a lápiz en la que aparecía de espaldas, con una vara en su mano y mirando el vasto desierto frente a él. Pero comprendí que, al igual que el bíblico, se iba para regresar. Y que había que darle el tiempo necesario de modo de que, lejos de Esquel - su Egipto -, fuera preparado por Dios para la siguiente etapa a cumplir en su labor pastoral.
Volví a la realidad mucho después con ese mensaje, que no recuerdo si lo transmití al interesado pero sí a muchos otros que lo querían y quieren bien. Y estoy seguro de que lo aceptaron en esos momentos de modo de tranquilizarse un poco.
Ese Moisés nuestro se fue con su familia como tenía decidido y regresó tiempo después a la ciudad en que debía estar, es decir, al lugar entre nosotros en el que Dios quería que estuviese.
Creo oportuno cerrar este apunte tan especial con las mismas palabras con las que él cierra sus predicaciones habitualmente: "Amén, amén y amén". Porque "así es" como sucedió.
Hasta el próximo apunte. 
Un afectuoso saludo.

Daniel Aníbal Galatro

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