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23 ene. 2012

No cambies la vida por un puñado de monedas de oro.Por Daniel Galatro

Esquel fue hace casi diez años quien encendió todas las luces sobre un problema gravísimo que amenazaba también su área de influencia. Y más del 80% de la población comenzó a salir a las calles - y aún lo hace - para expresar su decisión del "No a la Mina" que en realidad significa algo más profundo: "Sí a la Vida".

En estos tiempos, ya el tema se ha hecho nacional porque cada vez más argentinos se han dado cuenta de que las explotaciones mineras a cielo abierto con uso de cianuro, arsénico, etc. son una lisa y llana violación de su derecho a vivir en un lugar elegido tal cual fue siempre: hermoso y sano.

Pero el rechazo en otros puntos del mundo a proyectos como éstos alertó a los empresarios multinacionales y se lanzaron con desesperación a buscar dónde podrían ser aplicables por "darse la condiciones".
Ya que oro, por ejemplo, hay en casi todo el mundo, el tema era encontrar dónde había personajes con poder que fueran lo suficientemente lábiles de conciencia como para cambiar la salud, el bienestar, la felicidad de sus conciudadanos no por treinta monedas de plata como Judas, aunque sí por unas cuantas más.
No debieron andar mucho para hallar este tipo de dirigentes porque, como el oro, los hay también por casi todo el mundo. Y cruzando el gran río hacia el sur, la América Latina era sin dudarlo el espacio geopolítico más propicio.

Desde maravillosamente diseñadas oficinas en las que ninguna contaminación física los afecta, dejando espacio solamente para la contaminación moral, comenzaron a esparcir emprendimientos que se basan en obtener la mayor utilidad posible empleando procedimientos del menor costo posible. La relación costo-beneficio funcionó perfectamente un tiempo, hasta que miles y miles de latinoamericanos afectados gravemente en todo lo que un ser humano puede ser afectado, comenzaron a darse cuenta en su propia piel de que las cosas no eran como los empresarios foráneos las habían presentado inicialmente.
Y luego de comprobar que las caricias ya no funcionaban porque Atahualpa Yupanqui había explicado tiempo atrás qué finalidad tenían, sacaron el látigo. Entre los fustigados estaban, por supuesto, los que habían vendido su alma a cambio de la vida de sus compatriotas, porque ellos había contraído obligaciones y no había modo de tolerar que no las cumplieran, pues para eso habían recibido lo que recibieron.

Lo que era la llegada de un Papá Noel desde cerca del Polo Norte cargado de promesas y prebendas se convirtió en una presión cada vez más insostenible, directamente proporcional al creciente rechazo de la gente común que había comprendido dolorosamente cuál era la verdad del asunto.

Hoy puede llamarse "La Alumbrera", "Famatina", o con cientos de nombres diferentes, porque hay muchos casos activos o previstos, pero el tema desbordó esos puntos que parecían lejanos para resonar en las capitales de los países, que descubrieron que era el momento oportuno de poner fin a una vejación que comenzó hace más de quinientos años y solamente vio cambiar los colores de las banderas de los vejadores.

Porque habitantes de una ciudad como Buenos Aires han ido comprendiendo que el problema de la contaminación por este tipo de minería no es un tema "de los paisanos y los indios de por allá lejos". Es un problema nacional, porque el país es de todos y de ellos también. Y Cortázar, por otros motivos pero con idéntica presentación de una estrategia que podemos ver como similar, ya había publicado hace años su "Casa Tomada".

Es que la gente de Buenos Aires, superpoblada región en la que los males crecen por el ascensor y las soluciones parecen haber perdido hasta la escalera, usando una comparación expresada sabiamente por alguien sobre temas geopolíticos como éstos, se va dando cuenta de que sus vías de escape están siendo compradas por extranjeros que las necesitan para su propia huida del hemisferio norte en las próximas décadas. Porque "los paisanos y los indios de allá lejos" no estamos tan lejos, y somos los custodios de los lugares más maravillosos del mundo que tienen, además, las fuentes de agua, de alimentos, de casi todo lo que ya escasea en el resto del planeta.

La minería contaminante es uno de los últimos estertores de la bestia que creyó que este trozo de roca que gira alrededor del Sol era inagotable, y que se podía sobreexplotar sin que eso trajera inconvenientes importantes para los empresarios que ponían el lucro en el punto más elevado del altar de sus dioses. Pero resultó no ser así, y la Naturaleza siempre pasa factura cuando el ser humano se excede. Y el petróleo cobra su energía con la polución del aire, como la minería contaminante también afecta para siempre los lugares en los que alguna vez esos "empresarios" tenían previsto esconderse de las consecuencias, trayendo consigo su oro y sus miserias.

No somos realmente simples habitantes de un lugar en el que vivimos, por nacer aquí o por haberlo elegido, los que salimos al mundo a manifestar nuestra oposición al daño ambiental de nuestro aire, nuestra agua y nuestro suelo. Somos la voz de una Naturaleza que nos encuentra como únicos seres vivos capaces de comprender el mal y de expresarlo. Porque otros seres humanos han demostrado su incapacidad para cuidar este "hogar de todos" que llamamos Tierra, nosotros, también seres humanos, nos vamos sumando al clamor general que dice "¡Basta!".

Si "los malos" son menos pero están mejor organizados, es cuestión de "organizar a los buenos", y eso está sucediendo.

La minería contaminante es uno de los temas que no acepta posiciones intermedias. Hay seguramente mil formas de continuar la minería por procesos menos agresivos, más sustentables, pero que son más costosos para quienes buscan "oro fácil". Y hay otras formas de energía que pueden sustituir al petróleo pero no son tan económicas como simplemente hacer un pozo en el suelo y sacarlo.

"Yo sé que ahora vendrán caras extrañas"... o conocidas, con su bolsita llena de monedas de oro, de promesas, de ilusiones, para intentar cambiar la posición de los muchos que han percibido la verdad. Y, por si no funcionara, detrás vendrán señores con escudos, con palos, con balas de goma y de las otras, para convencer a los más sólidos en sus ideas Porque esto ha ocurrido antes, ocurre ahora y ocurrirá después. Y el único secreto es persistir: seguir informando, seguir demostrando, seguir manifestando. Sumar cada día uno más o mil más para defender este planeta que no tiene otra voz que la nuestra, pero que sí puede vengar las afrentas con reacciones naturales que siempre recuperan el equilibro digno, justo, equitativo y saludable.
Desde mi ventana puedo ver uno de los cerros del conflicto local. Y sé que está lleno de suficiente oro que lo haga atractivo para seres humanos ambiciosos, que los habemos y somos mayoría.

Pero sé también otras cosas que me permiten comprender que prefiero ser un humano que lo contemple desde un lugar humilde pero sano, a que ese montón de oro se convierta en un pozo nauseabundo que ya no tenga quien lo observe porque alguien, que saqueó y huyó, intentó y le permitieron lograr, trocara su ilusoria riqueza por nuestras monedas de vida.

Daniel Aníbal Galatro
DNI 5.331.274
Esquel - Chubut

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