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11 dic. 2011

PALERMO SEGUN SARMIENTO

La visión de Sarmiento.

En su libro “Campaña del ejército grande”, Sarmiento describe la residencia de San Benito de Palermo. Resulta interesante ver cómo lo describe, porque muestra la envidia, el resentimiento, el odio y la aversión de Sarmiento hacia todo lo nacional, y a Rosas en particular, dejando por añadidura al descubierto algunas de sus propias miserias.

“(…) Palermo es un gran monumento de nuestra barbarie y de la tiranía del tirano, tirano consigo mismo, tirano con su naturaleza, tirano con sus semejantes-¡Y ojalá que el tirano hubiera sido el hijo de una sociedad culta como la de Luis XIV, habría realizado grandes cosas! Rosas realizó cosas pequeñas derrochando tiempo, energía, trabajo y rentas, en adquirir las nociones más sencillas de la vida, de que carecía.

“(…) solo medraban sauces llorones, e hizo alamedas del árbol consagrado a los cementerios.”

“(…) La casa es del mismo género. Cuando se habla de la habitación del soberbio representante de las independencia americana, del jefe del estado durante veinte años, se supone que algo de monumental o de confortable ha debido crearse para su morada. En punto de arquitectura, el aprendiz de omnipotente era más negado que en jardinería y ornamentación.

"La casa de Palermo tiene sobre la azotea muchas columnitas, simulando chimeneas.
"En lugar de tener exposición al frente por medio de un prado inglés con sotillos de árboles está entre dos callejuelas, como la esquina del pulpero de Buenos Aires: la cocina, que es un ramadón, está a la parte de la entrada principal, para que las reminiscencias de la estancia estuviesen más frescas.

"No sabiendo que hacerse, sobre las habitaciones estrechas, en torno de un patio añadió en esquinas unos galpones de obra como el edificio, hecho sobre arcos que reposan en columnas sin base, ni friso, si no es aquel bigotito de ladrillo salido que ponen los albañiles en los arcos de los zaguanes.

"Asi, pues, toda la novedad, toda la ciencia política de Rosas estaba en Palermo visible en muchas chimeneitas ficticias, muchos arquitos, muchos naranjitos, muchos sauces llorones.

"Manuela no tenía una pieza donde durmiese una criada cerca de ella.

(Seguramente en su infancia, y en la de su hijo Dominguito, contara con las comodidades suficientes para alojar a los “criados” y por eso Sarmiento no puede concebir que alguien prescinda de tenerlos)

"(…) los escribientes y los médicos pasaban los días y las noches sentado en aquellos zaguanes o galpones, y la desnudez de las murallas, la falta de colgaduras, cuadros, jarrones, bronces y cosa que lo valga, acusan a cada hora la rusticidad de aquel huésped, por cuyas manos han pasado, suyo, ajeno o del Estado, cien millones de pesos en veinte años.

(Increíblemente Sarmiento acusaba así a Rosas, de no gastar lo "suyo, ajeno o del Estado")

"Cuando Rosas haya llegado a Inglaterra y viso a cada arrendador de campaña, farmer, rodeado de jardines y bosquecillos, habitando cottages elegantes amueblados con lujo, aseo y confort, sentirá toda la vergüenza de no haberle dado para más su caletre que para construir Palermo.

"¡Oh! ¡Como va a sufrir Rosas en Europa de sentirse tan bruto y tan orgulloso!

Sarmiento parece criticar a Rosas porque vivía modestamente, sin opulencia ni lujos siendo un jefe de estado. Omite Sarmiento decir que Rosas pudo vivir con opulencia con su fortuna personal, obtenida por esfuerzo propio antes de ocupar ningún cargo público, (a diferencia del propio Sarmiento), criticándolo incluso que no haya aprovechado los millones ajenos que pasaban por sus manos.

Alberdi dijo: “Sarmiento, trabajador improductivo, estéril, a título de empleado vitalicio, que vive como un doméstico de los salarios del Estado, su patrón”. Sarmiento cobraba “un poco de todo”: desde sueldos de inspector de escuelas hasta de militar, tal cual se hace ahora. En 1877 fue ascendido a Coronel Mayor del Ejército, equivalente a General de Brigada: tenía 66 años. En 1881 fue nombrado por Roca Superintendente General de Escuelas: tenía 70 años. En 1882 fue ascendido a General de División: tenía 71 años.

Se equivocaba Sarmiento si pensaba que Rosas en Inglaterra haya sentido vergüenza o se haya sentido un bruto. Vivió con dignidad, sin reproches ni resentimientos, y siendo confiscados todos sus bienes en su Paria, vivió modestamente de su trabajo, y según lo atestigua Alberdi, que lo entrevistó en una recepción oficial en Inglaterra, no pasaba por bruto ni mucho menos. Tampoco envidaba “los prados ingleses” sino que vivó añorando su pampa, y conservó las costumbres y vestimentas de su querida Patria. (Ver Rosas y Alberdi )

Por algo a Sarmiento lo apodaban “El loco”

Fuentes:
- Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades
- Obra citada
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

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