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13 nov. 2011

"La Cajita de Música" - de Daniel Aníbal Galatro - fragmento

UNO

-Así que vos sos el novio de Alicia.

La mirada de Marcela no podía ocultar la picardía que la pregunta traía aparejada. Jaime sonrió un poco.

-Novio, no. Somos amigos. – balbuceó confundido mientras maldecía por dentro la infeliz idea de Alicia de traerla al cumpleaños del hermanito.

¿Qué papel hacía él allí? ¡Novio de Alicia! Presentación en familia y todas esas cosas, justamente en el momento en que ya estaba casi seguro de largarla. ¡Gorda idiota!

Además de tener que aguantar las bromas de los amigos.

-¿De dónde sacaste ese tanque?
-Está fuerte la cosa esa que llevaste al baile, pero ¿no te parece demasiado fuerte para vos? Además, tiene una cara…

Alicia no era fea. Algunos rasgos de su rostro eran casi bellos, pero el tejido adiposo que inundaba hasta los más remotos rincones de su cuerpo había ido restando virtudes estéticas a cada uno de ellos hasta darles un aspecto a veces indefinido.
Era un cuerpo joven, sin embargo. Atractivo como el de cualquier mujer de quince años. Con suficiente como para que un muchacho excitable intentara una conquista. Con demasiado como para que, de lograrla, ese mismo muchacho tuviese interés en profundizar en su alma. Porque Alicia, detrás, o debajo, o en algún lugar del interior de su cuerpo abundante, tenía alma. Hasta quizá fuese inteligente, como su madre suponía.
Jaime había sido el primero que se acercó a ella para entablar una relación que excediera los límites temporales de un baile. Tampoco era demasiado deslumbrante, pero tenía porte varonil, dieciocho años y unos ojos azules que lograban que Alicia sintiera aflojársele las piernas cuando él la miraba tiernamente.
Habían salido juntos cinco o seis veces. Un cine, caminar por la plaza, acompañarla a la escuela. 
Al cumplirse el segundo mes del poco convincente romance, Jaime intentó apurar las cosas. No quería tomarle demasiado cariño a esa piba porque después le iba a pasar como con su primera novia. Todo había terminado en una mirada triste, un beso y nada más. Esta vez era diferente. Esta vez debería terminar en una cama. 
...

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