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10 nov. 2011

aniBORGESario Por:Alexander Jesus Rozo,

El 10 de noviembre de 1941, (hoy, hace setenta años), Borges firmó el prólogo de EL JARDIN DE LOS SENDEROS QUE SE BIFURCAN. Es de suponer que aquel año lo dio a la imprenta, pero al lado de ARTIFICIOS este libro fundamental se publicó en 1956 con el nombre genérico de FICCIONES. Propicio para cualquier estación y lugar, he vuelto a leer estos relatos con la misma felicidad de la segunda vez, cuando los comprendí y gocé. La primera, en mi lejana adolescencia, quedé perplejo e inquieto. Hoy, en plena madurez ratifico la delectación que produce el exigente placer de su lectura y el misterioso arte de su escritura. No hay mejor cuentista que Borges. Sus piezas son fértiles, inagotables y felices. Sus temas recurrentes pero con unas variaciones increibles. Su arquitectura verbal raya en la economía y la concisión de la poesía. Éste pequeño homenaje es muy poca cosa para ese libro lleno de lugares fantásticos donde el otro, el panteísmo, el idealismo, la traducción, el azar, la metaliteratura, los libros, el laberinto, la memoria, la identidad, el destino, los simulacros, la venganza, la eternidad, la teología, la muerte, el secreto y el judaísmo, hallan un demiurgo que nos depara asombro en cada línea y maestría incomparable. Mientras los hombres se entregaban con saña a la guerra, en diversos lugares y bajo distintos soles un dios concretaba su creación. El 10 de noviembre de 1941 la dio a luz. El conjunto de cuentos publicados abarca de 1939 a 1944. Publicados en 1956, ya está muy claro, no perderán vigencia. La guerra acabó en 1945. A sus admirados lectores quisiera preguntarles por su cuento preferido de Borges.

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