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10 oct. 2011

Mujeres rebeldes con causa


¿Por qué mujeres rebeldes? Porque muchas, cuando los tiempos de la dictadura eran apremiantes para la sociedad, salieron a defender los derechos de los demás a manifestarse, poniendo en riesgo su propia integridad física.

Sabemos que existen personas que por flaqueza de ánimo o espíritu se doblegan fácilmente ante una circunstancia adversa. Y también sabemos que existen seres humanos capaces de sobrellevar situaciones límites que paralizarían hasta a las mismas piedras.

Una de esas mujeres que no se rindieron ante las torturas y las persecuciones ha sido, sin lugar a dudas, Esther Ballestrino.

Ella nació en el Uruguay, en el año 1918, pero creció en el Paraguay, de manera que fue una “militante uruguayo-paraguaya”. La represión llegó a su familia cuando sus dos yernos, Manuel Carlos Cuevas e Ives Domergue, fueron secuestrados y desaparecidos. Pero fue en el año 1977, cuando se topó de lleno con la mano trituradora de la represión, pues su hija Ana María Careaga, en estado de embarazo, había sido secuestrada y después llevada al centro de detención clandestino Club Atlético, donde padeció torturas.

Fue entonces cuando tomó contacto con las “Madres de Plaza de Mayo”, de la Argentina. Se lee en el texto lo siguiente: “Esther se constituyó en una de las más animadas y lúcidas fundadoras de la organización denominada ‘Madres de Plaza de Mayo’, que durante años se tornó en la peor pesadilla para las cúpulas militares que lideraban el régimen dictatorial. Además, Esther pasó a cooperar activamente con la organización llamada “Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas” y con la “Liga Argentina por los Derechos del Hombre”.

El horror represivo le tocó en primera persona cuando, según arduas investigaciones que se hicieron, ella y dos fundadoras de “Madres de Plaza de Mayo” habían sido llevadas a la Escuela de Mecánica de la Armada, que dependía de la Marina de la República Argentina. Allí conoció horrorosas torturas. Se cuenta con la versión de que entre el 17 y el 18 de diciembre de 1977, esa mujer que, según mi criterio fue una heroína por excelencia, ha sido arrojada desde una aeronave en la costa de Santa Teresita. ¿Qué más se puede decir? Pues que no conoció de debilidad, que fue consecuente con sus ideales hasta el final y que su memoria y su conducta vertical deberían ser motivo de alta inspiración.

Cualquiera puede preguntarse naturalmente: ¿Por qué involucrarme hasta ese punto? No tengo, ni tendré, desde luego, la respuesta. Pero sí sé que Esther Ballestrino, con su rebeldía, con su actitud de enérgico rechazo ante un sistema opresivo, colaboró, y cuánto, para que la patria se alzara contra las ofensas de una dictadura sanguinaria que ningún pueblo del mundo merece.

Otra mujer rebelde por la patria ha sido la poetisa Carmen Soler, quien en 1955, después de que su hogar fuera allanado, fue llevada al Buen Pastor. Pertenecía al Partido Comunista. Sufrió en carne propia todo tipo de vejaciones y maltratos.

Hay que considerar que Oscar Creydt, líder nato del Partido Comunista, difundía entre los seguidores de tal partido la instrucción de no caer vivo en manos del enemigo. Se entiende, obviamente, las razones. Cualquiera, bajo los atroces efectos de las pileteadas y las presiones sicológicas de diversos tonos, podía “cantar” y “delatar” a sus compañeros de causa.

Carmen Soler soportó todo, hasta lo más miserable, indignante e inhumano que pueda hacer el hombre contra una persona incapaz de defenderse. No abrió la boca, aunque, en una oportunidad, para intentar poner fin a las torturas, se cortó las venas de los brazos. La dictadura no le daba tregua alguna. El trago más amargo que ingirió fue, sin lugar a dudas, el asesinato de su hermano, Miguel Ángel Soler, secretario general del Partido Comunista Paraguayo, en manos de la Policía Política. Corría entonces el año 1975. El exilio la “arrastró” hasta varios países, como a muchas mujeres paraguayas que se levantaban, desafiantes, contra la dictadura militar. Los inesperados vientos de la vida la llevaron a acompañar los restos mortales del gran poeta chileno Pablo Neruda, de conocida militancia comunista.

He aquí unos versos de su poesía llamada “Calabozo de castigo”: Uniformes, metralletas, / Que morir no es el problema/ patio, pasillos estrechos, / y sí vivir con acierto, / puerta de hierro maciza, / centinela de consignas, / cerrojo y candados negros, vigía de nuevos tiempos./ Una boca que se abre./ Calabozo de castigo, / dos metros por metro y medio/ pisos, techos y paredes./ ¡Un espacio tan pequeño/ desnudos como el desierto.../ con un sol rojo en el centro!

Indomable Soledad Barrett

Rebelde, demasiado rebelde por la patria fue la nieta del escritor español Rafael Barrett, el autor de aquel contundente libro llamado El dolor paraguayo. Me estoy refiriendo a Soledad Barrett, quien nació en el Paraguay en 1945. Hay un cuadro que la pinta entera y valiente. El 6 de julio de 1962, un grupo comando neonazi secuestró a Soledad e intentó obligarla a expresar algunas consignas que iban abiertamente contra su ideología. Le dijeron que gritara “¡Viva Hitler!”, y ella contestó ardientemente “¡Muera Hitler!”. No paró la cosa allí. Quisieron que también gritara “¡Muera Castro!”. Y su respuesta no se hizo esperar, siendo sus expresiones las siguientes: “¡Vivan Castro y la Revolución Cubana!”.

Como no pudieron lograr sus pretensiones, le hicieron tatuajes de la esvástica con una navaja y le arrojaron, encapuchada, cerca del Zoológico de Villa Dolores. Este lamentable hecho ocurrió en el Uruguay. Soledad Barrett murió en 1973. El poeta Mario Benedetti escribió versos en homenaje a su trágica memoria: “Hace diez años tu adolescencia fue noticia/ te tajearon los muslos porque no quisiste/ gritar viva Hitler ni abajo Fidel/ eran otros tiempos y otros escuadrones/ pero aquellos tatuajes llenaron de asombro/ a cierto Uruguay que vivía en la Luna... ignoro si estarías/ de minifalda o quizá de vaqueros/ cuando la ráfaga de Pernambuco/ acabó con tus sueños completos...”.

Adalita del Puerto de Schaerer tenía una posición contundente en relación con la salida del dictador Alfredo Stroessner. Según consta en el libro ahora comentado, reivindicaba la experiencia del Movimiento del 14 de Mayo. En definitiva, se mostraba partidaria de una solución armada. Y eso, un golpe de Estado, fue desde luego lo que derrocó a Stroessner.

En 1986 Adalita del Puerto se constituyó en socia fundadora del Movimiento Mujeres por la Democracia.

Muchas heroínas que se alzaron contra la dictadura militar dejaron sus vidas en las sesiones de torturas. Otras trajeron a sus hijos al mundo tras los barrotes. Hubo algunas que daban de mamar no solo a sus descendientes, sino también a los hijos de otras compañeras de prisión.

Varias son las paraguayas cuya vida y lucha por una causa libertaria están registradas en este atrapante libro de Roberto Paredes. No están todas, por supuesto. Se encuentran las más representativas o emblemáticas. “Se trata, sin disminuir a nadie, de personas especialmente relevantes, que desistieron de tentadores beneficios y de placenteras comodidades para dedicar sus vidas a la construcción de una realidad distinta, mejorada”, expresa el autor del libro.

Se sabe, se debería saber, que han sido demasiadas las mujeres, algunas niñas adolescentes, cuyos nombres no registra la historia, que no perdieron la moral ni fueron acobardadas por los infernales apremios sufridos en su integridad. Muchas quedaron con graves secuelas físicas y sicológicas.

Se espera que ellas no hayan luchado en vano. Ya está instalada la democracia en nuestro país. Ahora corre por cuenta de cada uno de los paraguayos, sin distinción de credo religioso, posición social o inclinación política, hacer cuanto está al alcance para que el Paraguay tome un rumbo esperanzador. Nada es fácil en el mundo. Ni en América, ni en Europa, ni en África... Ningún gobierno tiene la culpa de todos nuestros males. Somos protagonistas potenciales de un tiempo en que debemos mostrar absoluta convicción en nuestras acciones y un mayor compromiso con las urgencias sociales y económicos de nuestro pueblo.

Delfina Acosta
Asunción del Paraguay
9 de Octubre de 2011

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