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2 oct. 2011

El genio de la lámpara (colaboración de Carmen)

El hombre caminaba por la playa cuando encontró una extraña y antigua lámpara de aceite.

Como la vio sucia y corroída comenzó a frotarla.

De pronto, salió de ella una nubecilla que se convirtió en un genio.

Antes de que el hombre le preguntara nada, el gigante habló:

-Mire. Soy un genio maravilloso. Sí, tengo poderes milagrosos. Pero no me pida nada. Estoy repodrido de que me usen desde hace siglos para satisfacer deseos.

El hombre quedó perplejo. Pensó un minuto y luego le propuso:

-Vea, don Genio. Hagamos un trato. Me complace un solo deseo y ya no vuelve más a la lámpara y hace su vida libre y despreocupadamente sin que nadie lo moleste.

El genio también se quedó pensando. Luego respondió:

-Usted es un tipo piola. No quiero volver más a esa cosa oxidada. Me gusta el trato. Pida nomás.

-Bien. Yo tengo miedo de viajar en barco o en avión. Pero quiero ir a Europa. Genio, ¿no me hace un puente desde Puerto Madryn hasta algún lugar de Europa para que yo pueda ir caminando?

-¿Está loco? ¿Sabe lo que cuesta un puente así? ¡Son miles de kilómetros por encima del océano! Mejor pida otra cosa.

-¿Otra cosa? Bueno. Yo nunca entiendo a las mujeres. Lloran por cualquier cosa. Nunca están satisfechas con nada. Viven quejándose de uno y de lo que uno hace... ¿No me haría comprender a las mujeres, don?

El genio dudó un largo rato. Se rascó la cabeza, miró hacia el cielo, se tomó la barbilla... Finalmente, miró al hombre con resignación y le preguntó:

-¿El puente lo querría de una sola mano o de dos?
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