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19 sept. 2011

Mundo que vas girando - por Delfina Acosta




No entiendo el mundo. Y es normal que no lo entienda. Y comprensible, en cierto grado, que no quiera entrar en sus razones pues si lo hiciera seguiría el camino de los tontos, que son aquella gente que trata de encontrar el sentido de las cosas que escapan al conocimiento humano.

Tú ves un ciervo bebiendo agua de un remanso... La paz pareciera bajar como una estrella sobre ese fondo claro de las aguas, en el que la noble bestia no se observa y no se entera que es hermosa. Y miras a las flores, con sus mejillas como hundidas, pero cautivantes a la vista, pues sus colores son definidoras de la forma del día. Pero también están esas bellas plantas carnívoras, que tienen un suelo desabastecido en nitrógeno, razón por la cual sus raíces las empujan, se diría, a acrecentar horribles métodos de alimentación. Ocurre así que un insecto cae presa de sus trampas y, zas, pierde la vida. Aquellas flores carnívoras, que algunos niños suelen mirar con curiosidad y son motivo hasta de admiración de los científicos, no tienen el corazón malo, no señor. Actúan para lo que fueran hechas, nomás.

Y el perro que mueve la cola, saludando al amo cuando llega del trabajo, tiene unos ojos festivos y una condición casi humana, que nos hace pensar, a veces, en el carácter del hombre. Y están los lobos, que en oscuras noches, y siendo avanzado el frío, se acercan al sitio donde el leñador (su barba es la de un forastero, pareciera, en la película) no consigue conciliar el sueño. Está tan atento a los aullidos. Pero aquellos animales tienen hambre nada más.

Y la víbora, que luce hermosos anillos, y contra la cual el hombre lanza maldiciones, como si fuera reguladora de su propia conducta, no tiene culpa ni conciencia, no, señor, de morder a un animal, inoculándole su veneno. Ella vino con este suministro a la naturaleza, pues... Y, por otra parte, muchos calzados de hombres y mujeres ricachones se hacen con su piel.

Así pues, visto y considerando que los animales que conforman nuestra naturaleza caótica, son inocentes y están eximidos de todo juicio de cualquier tribunal, y forman una comunidad que solo “entiende” que debe sobrevivir, vuelvo mis ojos, mis observaciones, mis vacilaciones, al hombre. Por Dios, hay personas que se levantan, apenas empieza el día, pensando ya cómo embaucar a su prójimo. Planean en su maldad cómo quitarle la paz, cuánto daño hacerle, y se piensan inocentes, a veces, o, en todo caso se disculpan, pues los malvados tienden a perdonarse.

El político que acumula dinero, billete sobre billete, valiéndose de medios sucios, merece ya un real castigo. ¿A qué esperar? Y el mundo no para, no se detiene ante una acción criminal del ser humano contra su prójimo, porque está visto que el mundo es así, y no debería ser así, pero, repito, es así.

Las grandes diferencias sociales hacen que haya pobres sumidos en la más exasperante miseria y abandono, y personas relajadas y hasta ociosas en la opulencia. Y esas grandes diferencias señaladas se dan en Latinoamérica, en Europa, en África, en donde el hombre pone las plantas de los pies. En el Paraguay se conoce a quienes por medios delictivos se quedan con los bienes públicos del Estado. Son entrevistados, hacen vida social y hasta se dan el lujo de realizar proselitismo. Y la gente, la pobre gente, que no pasa del mero plagueo, o de un discurso disparatado, carente de concreción, cuando tiene una audiencia frente, a qué niveles de decadencia llega. La sociedad debe involucrarse ya nomás en el desborde en que está sumida para salir a flote.

delfina@abc.com.py
19 de Septiembre de 2011


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