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13 sept. 2011

Aquel lejano 11 de Septiembre


[Thomas W. Clarck P/Diario El peso]

Muchas cosas se ignoran sobre el 11S, y muchas otras quedarán para la reconstrucción literaria. El atentado que inauguró el siglo XXI fue tal vez uno de los eventos más difundidos de la historia reciente y tal vez el menos comprendido. Explicaciones oficiales insuficientes y absurdas crearon el clima propicio para la emergencia de múltiples y diversas teorías conspirativas. ¿Queda algo por imaginar en este ejercicio permanente y casi deportivo que implica el buscar explicaciones de un hecho que es en sí mismo absurdo y digno de la mejor historia del Cómic americano?

Sin perjuicio de la indagación de sus verdaderas causas, que es una cuenta pendiente de las diferentes administraciones que se sucedieron en la Casa Blanca, resulta importante no olvidar sus consecuencias, tan importantes tanto para el pueblo norteamericano como para el resto del mundo.

La impresionante colisión de los aviones tuvo un saldo casi inmediato de casi 3000 muertos, muchos de los cuales al día de hoy no fueron identificados. Algunos pocos hombres de negocio y turistas madrugadores junto al numeroso personal de servicio de las torres gemelas quedaron sepultados luego del derrumbe. Sin embargo existen otras víctimas ignoradas de aquel evento, entre ellas está el caso de la hermana Cindy Mahoney una de las voluntarias rescatistas que arriesgó su vida para ayudar a sacar a las personas debajo de los escombros.

¿Quién es Cindy Mahoney? Ocurrida la colisión de los aviones, Cindy salió de su convento y literalmente corrió hacia las torres que todavía estaban en pie. Muchos de los últimos supervivientes le deben la vida, porque desde aquella jornada y durante varios meses no abandonó el lugar. Conocida como el “Ángel de la zona cero” llamaba la atención entre los voluntarios de la Cruz Roja por su energía, predisposición y buen humor.

Hoy, a 11 años de aquello episodios, pocos recuerdan a Cindy, que murió a los 54 años un primero de noviembre de 2006, luego de agonizar por más de 5 años, sin poder hablar y con un respirador artificial. Su diagnóstico: enfermedad pulmonar obstructiva crónica y reflujo gastro-esofágico, se cree que por la exposición a sustancias tóxicas en la Zona Cero.

La hermana Mahoney, antes de morir ha designado un albacea, David Worby, para que su autopsia pueda ser usada para demostrar que la nube tóxica del 11-S era letal.

David Worby, es un abogado que representa a 8.000 trabajadores en un pleito legal colectivo contra las autoridades locales y federales. “Llevamos años advirtiendo que las personas están muriendo a causa de la nube tóxica y hemos reclamando asistencia sanitaria e indemnizaciones para los 40.000 trabajadores que estuvieron expuestos y para los vecinos que regresaron antes de tiempo. Sin embargo, el Gobierno y el Ayuntamiento no han hecho otra cosa más que mentir y dar la espalda a los afectados”, declaró el letrado.

¿Qué actitud tomaron las autoridades ante la tragedia, cuando cientos de personas arriesgaban sus vidas para tratar de salvar a víctimas del atentado? A tres días del 11S, la Agencia de Protección Ambiental [EPA] dictaminó que el aire del bajo Manhattan era “seguro y respirable”, sin embrago meses después, la inspectora general de la EPA, Nikki Tinsley, reconoció que no existían suficientes datos para certificar el regreso “seguro” a la Zona Cero. El Consejo de Calidad Ambiental de la Casa Blanca, fue acusado de minimizar aún más las recomendaciones de la EPA.

Distintos medios alternativos han informado de una cantidad importante de casos parecidos al de la hermana Mahoney, por ejemplo el del policía James Zadroga, que pasó más de 20 días en la Zona Cero y murió a los 34 años por una enfermedad pulmonar. El bombero Félix Hernández, fallecido a los 31 y un colega Timothy Keller, murió en junio a los 41 por una afección cardiovascular, agravada con un enfisema y una bronquitis crónica que le impedía subir las escaleras.

El Hospital Mount Sinaí certifica que el 70% de los trabajadores de la Zona Cero habían desarrollado hasta el 2006 “nuevas enfermedades respiratorias”. Las neumonías se han disparado y los casos de intoxicación con amianto y cáncer de pulmón aumentaron sin cesar.

La inhalación de sustancias tóxicas puede traer secuelas graves y de por vida, así lo han demostrado numerosos testimonios.

John Sferazo, sufrió estrés postraumático, ansiedad, depresión y graves problemas respiratorios con la sinusitis crónica. Su consumo de medicamentos le consumía la mitad de su pensión. El experto en demoliciones John Feal, perdió medio pie cuando le cayó una viga encima, ha pasado por 32 operaciones y ha sufrido estrés postraumático, hernia de hiato, reflujo esofágico y el pulmón derecho totalmente dañado.

El ecuatoriano Iván Tablada, afectado de bronquitis, testimonió que ha trabajado en condiciones infames, siete días a la semana y los contratistas se esfumaron y a él y sus compañeros los dejaron sin seguro y sin protección. Illiana Sánchez ha exhibido pruebas fotográficas de las condiciones precarias en las que trabajaban.

El Doctor Thomas Cahill, de la Universidad de California, afirmó que el polvo resultante de la caída de las Torres Gemelas fue una amenaza persistente para la salud en un radio de kilómetro y medio durante más de un mes después de los ataques. La doctora Marjorie Clark, declaró: “El 11-S fue el equivalente a docenas de factorías de amianto, varias plantas incineradoras y un volcán”.

Pronto a cumplirse un nuevo aniversario del atentado, una de las perspectivas más ignoradas del tema, fue la mirada al interior del hecho. A las personas que murieron aplastadas y carbonizadas, a los rescatistas y a los habitantes del bajo Manhattan.

Con mucho cinismo se hacen homenajes y recordatorios a los muertos y se disponen de millones para la reconstrucción del predio afectado. Con igual cinismo se evade una investigación profunda de los hechos transformando la tragedia en una caricaturesca versión del “lejano oeste” devenida en una mortal aventura al “lejano oriente”, que todavía perdura. Se ha relegado a un segundo plano la salud de muchas personas a la par que se erige un inmenso monumento a las víctimas. Tal vez cada ladrillo represente a cada una de ellas.

Fuente: Diario El Peso

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