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29 sept. 2011

¿Accidentes o crímenes de tránsito?


por Delfina Acosta
(desde Asunción del Paraguay)

Ya se volvió moneda corriente a través de los medios informativos, palabras más, palabras menos, el siguiente tipo de informe: Un joven murió arrollado por auto que se desplazaba a gran velocidad. El conductor fue sometido a la prueba de alcotest y el resultado dio positivo.

Cuando una persona sube a un móvil para conducir debe estar en el pleno uso de sus facultades. Eso lo dicta el sentido común, el sentido por el cual todos los individuos deberíamos regirnos.

Ahora bien, muchos, quizás demasiado, son aquellos personajes, que bajo el efecto de la ingesta del alcohol o las drogas, se transforman en criminales potenciales, pues ¿qué prudencia, qué consideración, qué reflejos se puede aguardar de ellos, si no están en condiciones de cuidar de su integridad física ni la de los demás?
Acelerando cuando no deberían acelerar, desentendiéndose de la luz roja del semáforo, girando violentamente en una curva cerrada, conduciendo a una velocidad imprudente, ponen en alto riesgo no solamente sus vidas, sino también la suya, lector. Dios lo guarde entonces de los conductores embriagados o drogados porque ellos son causantes de parapléjicos, gente lastimada en grados severos y muertos.

He aquí algo elemental: Art. 4º. El conductor de un vehículo en marcha debe estar constantemente en condiciones, situación y posición de dirigir y dominar completamente su vehículo, debiendo advertir la presencia de este a los otros conductores y a los peatones que encuentre en su camino, y a tomar todas las precauciones para evitar accidentes y obstrucciones del tránsito.

Si este artículo, que para mi entendimiento es una redacción constitutiva de las normas de tránsito, no se cumple a rajatabla, estamos zigzagueando como sociedad. En otras palabras, nuestra conducta se encuentra ebria.

Sea quien sea el individuo que conduce borracho, y que para mi criterio es un criminal y también suicida, debe recibir una sanción ejemplar.

No creo exagerar mucho cuando digo que el “crimen” está instalándose ya también en el tránsito. Y eso no lo merece nadie. No lo merece usted, ni sus hijos, ni su familia, ni sus amigos, ni sus vecinos. Y no lo merezco yo.

Pienso que tendría que hacerse una campaña urgente y contundente de concientización en todo el país sobre el tema del tránsito a través de los diferentes medios de prensa. Y hasta debería ser premiada la mejor campaña.

Por otra parte, aquellas personas que no usan los cinturones de seguridad, en casos de accidente, beberán quizás el trago fatal de su distracción, de su desidia, de su desconocimiento de las leyes, y lamentaremos grandemente lo que les haya ocurrido, pero habrá que reconocer que en un grado muy importante han sido “causantes” de su propio fin. ¿Y qué pasa con aquellas gentes que hablan por teléfono móvil mientras manejan un auto? ¿No tienen siquiera la más mínima conciencia del mal que pueden provocar?

Y los motociclistas desprovistos de cascos, ¿coquetean con la muerte?

El caso es que nos aproximamos a una situación límite.
Y la sociedad y las autoridades debemos darnos cuenta de que estamos ante la luz roja del semáforo.
Es el momento de entender, de una vez por todas, que necesitamos tomar decisiones urgentes.
No dejemos que la luz pase a verde desentendiéndonos de un examen de conciencia que todos debemos rendir.

26 de Septiembre de 2011

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