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27 jul. 2011

Otra opinión sobre el tema de la minería contaminante y demás


Por Daniel Blanco *

Lo primero que quiero destacar es el valor de Jorge al señalar algunas cuestiones que lo diferencian de M. Svampa, y que, por ende, generarían ruido en aquellos que consideran a la autora como un adalid de las luchas en contra de la mega minería y otras cuestiones.

Sin desconocer el nivel intelectual de la autora quiero agregar a los dichos de Jorge algunas cuestiones que la construcción discursiva de M. Svampa enumera muy a la ligera. Transcribo dos párrafos para luego hacer los señalamientos del caso, el primero: “ a partir de su segundo mandato, y liberado ya de la presión de las oligarquías regionales, el gobierno boliviano refleja cada vez más la consolidación de una nueva hegemonía estatalista, de corte puramente economicista, que pone en entredicho las aspiraciones de fundar un Estado plurinacional”.

El segundo: “el extractivismo neodesarrollista tiene en el presidente Rafael Correa uno de sus defensores más acérrimos. Así, la nueva ley minera sancionada en 2008 pretende avanzar sobre territorios protegidos y comunidades indígenas, desconociendo las fuertes resistencias sociales existentes.”

Ambas afirmaciones necesitarían muchísimo más desarrollo para ser aunque sea mínimamente discutidas, sino son de una temeridad tremenda, producto quizás de una nota corta. En relación al presidente de Bolivia, la sola aspiración de construir un Estado plurinacional es un empresa titánica, cualquiera que haya estudiado algo de la historia de los pueblos americanos antes, durante y después de la dominación española, y finalmente en la constitución de los nuevos estados en America del Sur, sabe de lo titánica y trabajosa que es llevar adelante esta idea.

Cualquiera que esté medianamente bien informado, sabe de los intentos de las zonas de gas y petróleo (Beni, Pando, con Santa Cruz de la Sierra a la cabeza) de tumbar a Evo Morales e incluso de separar esas regiones del propio estado boliviano, a la manera de lo que ha sucedido recientemente en Sudan para dar un ejemplo, hace menos de dos años vimos por televisión como se masacraba a cientos de bolivianos en esos estados. Cualquiera, e insisto con el cualquiera para señalar que no hace falta ser un erudito de la política internacional, sabe que el sindicato minero en Bolivia es un poder enorme.

La lucha por el agua sin dueños en la zona del Chapare me debería eximir de más ejemplos, pero la consolidación de un poder estatal, es decir de un estado más fuerte y con representación popular que funcione como limitante del poder de las oligarquías, las luchas facciosas, incluso al interior de los pueblos originarios, que componen ese enorme entramado plurinacional y que tienen diferencias, intereses y enconos desde antes de la propia invasión española y que fue fuertemente incentivada a posteriori, son una realidad insoslayable.

Aquí quiero detenerme para señalar que hay una construcción discursiva que da por sentado que la mera oposición de grupos de pueblos originarios descalifican a Morales o Correa y esto es una estupidez. Existen divisiones, intereses contrapuestos y traiciones al interior de los propios pueblos originarios. Hay, y no podía ser de otra manera en un estado capitalista, problemas de intereses de clase y prejuicios sociales incluso al interior de estos grupos.

Finalmente, y haciendo gala de conocer a Harvey, M. Svampa señala, para nuestro país: “Lo más llamativo en Argentina es, sin embargo, que la coexistencia entre desposesión y progresismo es más rotunda que en otros países. En efecto, en un contexto de polarización donde no caben los matices, el oficialismo mantiene blindado su discurso sobre la política estatal de explotación de los bienes naturales, en especial, la minería. Esto coloca a la Argentina frente a una realidad bastante paradójica, aunque incontestable: la exacerbación de lo nacional popular viene acompañada también por la consolidación de un modelo neocolonial.”.

Bueno he leído otros reportajes de Svampa donde señala diferencias con el gobierno nacional, y sin dejar de señalar que es cierto que existe cierta épica del desarrollismo en su discurso quiero insistir en lo dificultoso de construir alternativas inclusoras en el marco de fuertes resistencias del capital trasnacional a las mismas.

La oposición a la 125 debería eximirme de toda explicación, pero los recientes triunfos de Macri o Del Sel me permiten inferir que no serán los ideólogos donde abreva Svampa los que dominarán el escenario al fin del Kirschnerismo. Sino los Duhalde- Das Neves o Macri- Del Sel. Y sus políticas serán muchísimo más extractivistas, y seguramente no trepidarán en mandar una ley para vender los glaciares a Nestle.

Esto es así ya que producto de la pugna de intereses sectoriales y de proyectos nacionales y regionales disímiles, en A. Latina, como señala Guimaraes, “se viene dando un tratamiento maníaco-depresivo al Estado en América Latina. En la fase maníaca, los actores sociales lo bendicen y le piden que asuma préstamos a tasas de interés real negativas, otorgue favores fiscales, haga obras de infraestructura, etc. En la fase depresiva, lo denigran y lo minimizan, acusándole de representar el interés exclusivo de las clases dominantes, o bien exigiéndole el recorte de su aparato burocrático y del gasto público.”

Por último quiero señalar que para el caso del Chubut, Svampa ha trabajado para la tribuna del No a la Mina, a modo de ejemplo al tratar el tema del No a la Mina, el equipo de Maristela Svampa envía una estudiante de letras a hacer la investigación de campo a Esquel, el artículo ahistoriza el conflicto presentando la lucha de los asambleístas como el inicio de la primera resistencia para impedir un proyecto degradador, cuando en la provincia del Chubut había, si se hubiera hecho un correcto estado de la cuestión, importantes antecedentes, documentados en trabajos escritos y presentados en congresos de Historia Nacionales e Internacionales, publicados en revistas especializadas como la de Ecología Política de Barcelona, que analizaron la resistencia social a proyectos de desarrollo que ponían en peligro el ecosistema. Estos trabajos fueron ignorados por la autora Marcela Marin, presentando el conflicto contra la Barrick Gold como nacido de un repollo, ignorando la lucha en contra del Dique de Epuyén, del basurero Nuclear de Gastre, del Proyecto Prima Klima, solo para enumerar algunas cuestiones que nos incumben.

Así que, insisto, Jorge Oriola ha tenido el valor de hacer señalamientos que pueden no gustar, pero que abren discusiones que cuestionan los lugares comunes que algunos académicos, como los que me permito aquí cuestionar, escriben a la ligera.

Bienvenido el disenso y el conflicto. Pero a leer un poco a algunos autores marxistas, además de Harvey, para entender aquello de que hay contradicciones primarias y secundarias en las luchas sociales. Y no anotarse en el camino de cuanto peor mejor.

* DNI 12.153.366

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