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30 jul. 2011

Ngen: los que gobiernan y cuidan el mundo Mapuche

En mapudungun, la lengua mapuche, "ngen" es alguien que domina, predomina, manda, gobierna y dispone; pero también cuida, protege y resguarda. 
Cuando la palabra precede a nombres de cosas o personas, significa su dueño.

El origen mítico de los Ngen se remonta a la creación del mundo Mapuche luego de la lucha de los pillanes. 

Al principio, cuando aún no existía el tiempo , el wenumapu (la tierra superior) era obscuro. En aquel lugar, a partir del Pu-am (el alma universal) que despertó, se originaron los espíritus antiguos y entre ellos aparecierón los primeros pillanes (espíritus poderosos). 

Los pillanes, junto a los demás espíritus antiguos, habitaron el wenumapu desde antes que el tiempo tuviera su comienzo y lograron traer luz a aquel lugar, ya que ellos son como estrellas resplandecientes de luces y de colores, porque la luz y el color son engendrados por los mismos espíritus antiguos.
Entre los pillanes estaba Antu (el gran dios sol), quien es el más poderoso entre ellos; y como tal decidió tomar a una wangulén (espíritu benigno femenino) como su propia inandomo (esposa preferida). Eso fue al comienzo de los tiempos, y desde entonces ha transcurrido un tiempo tan largo que nadie puede medirlo.

La decisión de Antu, de elegir a la wangulén llamada Kuyén (la luna) como su propia inandomo, trajo problemas, ya que aunque las wangulén aceptaron la elección de Antu y se conformaron con su voluntad, también les trajo gran envidia hacia Kuyén. Como el descontento aumentaba con el paso del tiempo y otros pillanes estaban celosos del poder de Antu, estos últimos permitían y animaban a que las wangulén hablaran cada vez con más fuerza en contra de Antu.

Debido a los celos y la rivalidad que eran muy grandes, se empezó a perder la armonía en el wenumapu, y no se respetaba el admapu (la costumbre de la tierra). 

Todo este mal era alimentado por el pillán Peripillán, quién sentía envidia del poder y el color de Antu.

Al ver la actitud de Peripillán, Antu decidió castigarlo, y con ello comenzó la gran lucha entre los pillanes; y así el resto de los pillanes y las wangulén tuvierón que unirse a la lucha. 

Como las fuerzas de la naturaleza aún no eran entregadas a los Ngen, los pillanes y las wangulén las utilizaron para combatir; lo cual trajo más desequilibrio al wenumapu y al resto del universo mapuche. 

Así el combate fue muy violento, y el efecto de esta lucha alcanzó a todo el mapu (tierra), que fue sacudido, y también alcanzó al minchemapu (mundo oculto negativo) y al ankawenu (tierra intermedia), y lo revolvió todo. Esto último traería posteriormente como consecuencia que los wekufe (espíritus dañinos) y los laftrache (seres pequeños), que hasta entonces habían quedado confinados en el minchemapu, puedan desde entonces recorrer también el mapu y el ankawenu.

La lucha entre los pillanes duraba tanto tiempo, que los hijos de los espíritus antiguos alcanzaron a crecer hasta ser mayores, para unirse a la batalla. Pero en medio de la batalla sus hijos decidieron que era tiempo de que ellos tomaran el lugar de sus padres. Así se convirtió en una lucha de cada hijo en contra de su padre, y de cada la hija en contra de su madre. 

Antu y Peripillán se enfurecieron al ver que no se les respetaba, y por ello agarraron a sus hijos, que eran unos gigantes, del cabello largo que coronaba sus cabezas; y luego con fuerza los lanzaron por entre densas nubes sobre la pedregosa mapu (tierra), que recién estaba siendo creada por Elmapu (espíritu creador). 

Al caer, los enormes cuerpos de los hijos de los pillán se destrozaron. Productos de esos impactos se arrancaron tremendos fragmentos de montañas, se destruyeron las cumbres de los cerros, quedaron huellas en la superficie de la tierra, y los restos de sus macizos cuerpos formaron montañas o se enterraron profundamente, dejando inmensas profundidades que hoy se ven como lagos.

Posteriormente y posiblemente debido a estos hechos, Antu y sus aliados lograron prevalecer; y así pudieron dominar a las fuerzas de Peripillán. Debido a la furia que tenía Antu, Peripillán y sus aliados fueron arrojados al mapu (tierra). 

Luego Antu pisoteó los cuerpos de los pillanes derrotados y tendidos sobre la superficie del mapu, hasta que se hundieron en las profundidades de la tierra. 

Sin embargo la ira de Antu todavía no había cesado. Entonces levantó las piedras, y las rocas, y las montañas, y las echó encima de donde estaban sepultados los cuerpos; y así se formaron grandes cadenas de cerros encima de los pillán vencidos. Como Peripillán era el más poderoso de todos ellos, Antü echó sobre su cuerpo las rocas más grandes, formando de este modo lo que sería el volcán Osorno.

Este castigo casi apagó la multitud de luces de estos pillanes, quedando todas sus luces convertidas en una única: la luz del fuego, similar a la de Peripillán. 

Debido a que desde entonces tratan inútilmente de volver a la superficie, ocasionan con ello que el mapu entero se sacuda por sus movimientos; y si sus cuerpos de llamas logran atravesar las montañas hasta alcanzar las cumbres más elevadas, y por allí logran sacar un brazo o una mano que se resbala por los costados del volcán, como unas enormes culebras de fuego (lava). Pero todo es inútil, ya que no se puede evitar el castigo de Antu; y sus cuerpos, en lugar de convertirse en luz y llegar al wenumapu, se apagan y se convierten en piedra.

Luego, al querer Antu castigar a las wangulén vencidas en ambas batallas, éstas se pusieron a llorar y a implorar su perdón, y lloraron tanto, que sus lágrimas se convirtieron en toda el agua que existen en el mapu. Debido a ello, Antu se apiadó de ellas y como castigo sólo les disminuyó sus luces, dejándolas como el brillo de simples estrellas.

Luego de la gran batalla y los castigos dados a los perdedores, las madres Wangulén lloraron cuando vieron los cuerpos despedazados de sus hijos, y empezaron a lamentarse y a llorar. Debido a ello el espíritu Pu-am se conmovió, y decidió recuperar el equilibrio. 

Por ello decidió primeramente que los cuerpos volvieran a llenarse de vida. Si bien Pu-am permitió que volvieran a ser seres completos y habitaran el mapu, no permitió que recuperaran su forma antigua, y los castigó reencarnándolos en otras formas. 

Así fue como el hijo de Peripillán fue convertido en una inmensa culebra cuyo nombre es Kaykayfilú y el hijo de Antu fue convertido en otra inmensa culebra cuyo nombre es Trentrenfilú. 

A sus Padres Pillanes vencidos, al igual que a Peripillán, los dejó que permanecieran encerrados dentro de los diferentes volcanes del Mapu, custodiados por los Ngen-winkul (espíritus dueños de cada cerro o volcán). Posteriormente, Pu-am decidió que cada espíritu quedara en su lugar y cumpliera su propósito, y que todos cumplieran con el admapu. 

Producto de esta orden, Elche decidiría posteriormente crear al hombre; y, como en el origen mitológico del mapuche este pueblo está relacionado con los pillanes y las wangulén, el mapuche tiene la posibilidad de poder llegar a ser uno de ellos.

Es así, como desde el wenumapu, cada antepasado Pillán da guia y vela por el bienestar en cada una de sus familias descendientes respectivamente; siempre y cuando sus descendientes en el Mapu (Tierra), los recuerden y respeten las leyes del admapu.

Los Ngen fueron generados por el Pu-am; quien quiso que los Ngen aseguraran el orden en la Ñuke Mapu, y así impidieran que una vez más se produjera un revuelo tan grande como el ocasionado por la batalla de los pillanes. Así los Ngen fueron destinados al Mapu (tierra) con el fin de preservar la vida y bienestar de la naturaleza silvestre y la interrelación correcta con el pueblo Mapuche. 

Con esta decisión, Pu-am quiso que cada espíritu cumpliera cada día con su camino y con cuanto el admapu había establecido para ellos. Es así, que al llegar los Ngen al Mapu, estos cumplieron su propósito como espíritus dueños de la naturaleza silvestre; cuya misión es cuidar, proteger, resguardar, controlar y velar por el equilibrio, continuidad, bienestar y preservación de los elementos a su cargo.

Cada Ngen reside en el interior de un elemento o parte de la naturaleza, y puede aparecer en su entorno inmediato. La presencia de la naturaleza virgen en su lugar de residencia es una condición necesaria para su existencia, destino y acción en la tierra mapuche. Los Ngen son seres animados, activos, con caracteres antropomorfos, zoomorfos y fitomorfos, que reciben órdenes solo del Pu-am y del pillán Antu.

Los Ngen circunscriben su acción exclusivamente al medio ambiente natural silvestre; y suelen interactuar con los hombres solamente cuando éstos intentan hacer uso del elemento natural a su cargo. En estos casos, como lo indica el Admapu, el hombre mapuche que accede al dominio de un Ngen debe entablar un diálogo respetuoso y afectuoso con él. 

Primero debe pedir permiso para ingresar a dicho dominio. Para utilizar algún elemento natural cuidado por el Ngen, el Mapuche debe justificar por qué necesita de dicho elemento y cuánto piensa extraer para cubrir sus necesidades inmediatas. Una vez obtenida la cantidad justa debe expresar su agradecimiento al Ngen; y, cuando se interactúa con el ngen fuera del ámbito de la propia reducción, es necesario entregarle un pequeño obsequio cumpliendo así con el principio tradicional de la reciprocidad. Este obsequio suele consistir, alternativamente, en algunas migas de pan, o bien granos de trigo y/o maíz, o alguna pequeña moneda, u cualquier otro obsequio.

La entidad o fenómeno específico de la naturaleza silvestre representada por cada ngen define y establece su categorización. Cada categoría de Ngen posee diferencias regionales, infrarregionales y locales; de acuerdo a las características de cada ecosistema y a la importancia relativa asignada por los actores sociales a sus diversos componentes. 

En cada categoría puede existir espíritus en particular que reciben nombres específicos.

Ngenechén: Espíritu o deidad que gobierna a los humanos.
Ngen-mapu: Espíritus dueños de la tierra, especialmente de la tierra cultivada.
Ngen-winkul: Espíritus dueños del cerro o volcán.
Ngen-kütral: Espíritu dueño del fuego.
Ngen-ko: Espíritus dueños del agua.
Ngen-kürëf: Espíritu dueño de los vientos.
Ngen-mawida: Espíritus del bosque nativo.
Ngen-kulliñ: Espíritus dueños de los animales.
Ngen-lawén: Espíritu de las hierbas medicinales.
Ngen-kurra: Espíritus dueños de las piedras.
Ngen-rëpü: Espíritu dueño del camino tropero trazado por la naturaleza o las pisadas de animales. silvestres.

Fuentes varias en internet

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