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27 jun. 2011

GRACIELA ALFANO: LA JURADO


Por Laura Etcharren
en RazonEs de Ser

Desbordes y temores ante la desesperación por no desaparecer.

Tras un recorrido cuestionado por el mundo del espectáculo, Graciela Alfano se consagró, en este último año, como una mediática más sin frenos ni tapujos. Crece en el bochorno personal y con ello, contribuye a regar el rating de Marcelo Tinelli.

Es, Graciela Alfano, mucho más que un jurado dentro de “Bailando por un sueño”. De hecho, trabaja las 24 horas por el programa. Sobre todo, desde la vulgaridad optada para expresarse a través de la red social Twitter. Frases desafortunadas y fotos que en lugar de ubicarla dentro del común denominador social, la vuelven visualmente escatológica. Incluso, hasta en la imaginación.
Encontró, mediante la desmesura y la osadía del ridículo, convertirse en el pulso que resucita los vacíos o las falencias indecorosas de algunos moderados participantes que no les interesa o bien, que no saben ingresar a la jungla del me dijo, le dije, le digo.
En el no saber o desinterés, los puntos decaen.
Porque el baile es solo una excusa. Un fetiche para cubrir la verdadera esencia del programa. Aquel que se construye entre la improvisación del humor agresivo, el juego perverso armado y las escenas de la vida cotidiana que todos los integrantes del show, por ser públicos, vuelcan en los medios.

Afán protagónico

La impronta estructural bizarra de Alfano la convierte en una araña insaciable. Que no para de tejer dramas para volcarlos en la pantalla. Dramas de terceros y burlas hacia terceros. Ella les maneja el ego. Para arriba o para abajo hila la conversación e induce, despóticamente, las respuestas.
Grita, implícitamente, que le respondan con agresividad, ya que es la agresividad el motor de su vida dentro del certamen. La dinámica de la caricatura y el choque, son las variables que convirtieron a Graciela en una pieza fundamental del programa.
Incluso conoce perfectamente cuál es el momento de llamarse a silencio. De apelar a la moderación. Acariciar la lástima. Es el instante en el que ella percibe el abismo. El final temido. Cuando el conductor y los productores comienzan a mirarla con rostro de Adiós.

Crecer en medio de la nada. El sustento de la belleza.

Alfano carece de talento para bailar y cantar. Goza de una belleza exquisita que por temor al paso del tiempo la fue desdibujando con cirugías. Sin embargo, a pesar de las plásticas groseras, sigue teniendo algo que conmueve. Que exalta la libido de hombres y de ciertas mujeres.
Ella esconde generosidad y ternura. Desnuda lo peor, puesto que conoce la ecuación. "A mayor descompensación, mayor rating".
Por una u otra razón siempre estuvo sostenida en el medio. Su romance con Ale y algunos peleas fueron la dinámica de los últimos años hasta arribar a Bailando.
Entre el todo y la nada, se quedo con la nada. Y en esa nada se reinventó como pudo.

DEJAR DE PERTENECER. El ESPECTRO DE LA LUZ ROJA APAGADA

Con su discurso auto referencial, remarca hasta la propia excitación, sus conocimientos de actriz. Sus técnicas de actuación. El cliché de la interpretación como herramienta de devolución para armar siempre la misma frase pero con distintas palabras.
Es que en ella sobrevuela el fantasma de la desaparición. Que la luz roja de la cámara nunca más vuelva a encenderse en su vida.

El miedo por dejar de pertenecer. La pesadilla de que en algún momento, el medio la deje ir para nunca más volver. Entonces, en la astucia de la locura, busca la permanencia y permite que se la utilice como instrumento discordante. Generadora de miserias que mueven los números de la depredación de Tinelli. Aquellos que agudizan la Tinelli Dependencia, a su pesar, del Grupo Clarín.
Así es como Alfano vive al límite cada programa. Como si fuese el último.
Sabiendo que hoy es un bien de uso redituable y que mañana, perfectamente, como todos los que están allí, podrá convertirse en un bien de cambio porque la técnica de la economía de mercado aggiornada y constituida por Ideas del Sur, mucho tiene que ver con la lógica del despojo. Con una explicación marxista ajustada a la pos modernidad.

Una técnica lícita en la televisión. Es explícita.

De ahí, la importancia de ser algo más que una protuberancia de Tinelli. Tener, por lo menos, una changa aparte. Por fuera del circuito que así como te eleva, te depreda. Consecuencia natural del canibalismo de nuestra sagrada televisión.

Cortesía de la Autora (Socióloga)

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