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2 may. 2011

Café de por medio - Daniel Aníbal Galatro - Mayo 2 de 2011

¡Buen día! Fresco pá chomba, ¿no? ¡Hola, Margarita! ¿Cómo anda, amigo? ¿Festejó su día ayer? Hoy tampoco tendría que trabajar, si es peronista. Por lo menos recuerdo que los primeros de Mayo gritaban en la Plaza: "Mañana es San Perón. Que trabaje el patrón". Busque por ahí el discurso del Día del Trabajador de 1949 y posta que lo encuentra.
Pero son otros tiempos. En el 49 yo tenía cinco años y ni me enteraba de estas cuestiones. Jugaba con los soldaditos de plomo, con los autitos de carrera, con las figuritas. No había televisión así que ese señor Perón y su esposa Eva los conocí primero por radio y después en los Sucesos Argentinos, el noticiero del cine. Aguante un poco...
¡Margarita! ¿Un cafecito? No, sin crema. Gracias.
El fin de semana anduve triste, lloriqueando un poco. Es que el viejo Sábato lo tenía y lo tengo muy metido en el alma. Seguramente porque tenía mucho parecido a mi viejo. ¿Físicamente? No, no tanto. Pero sí en que mi viejo había sido admirador de los comunistas cuando era jovencito y participaba en un sindicato. Era chófer de un camión de Particulares, creo, cigarrillos con dueños ingleses bastante bravos pero cuando creció y se moderó se quedó de corazón en el socialismo de Ghioldi. Recuerdo que me cantaba, poniendo cara de pícaro, la "Internacional Socialista". Pero mi madre era católica a ultranza, practicante activa, y él aceptó que yo hiciera primaria y secundaria con los Hermanos Maristas. No venía a misa con nosotros, pero nos traía a la Capilla San Patricio, nos esperaba, y luego nos traía de nuevo a casa.
Después, en tiempo de la reelección de Perón, mi mamá lo defendía a muerte porque había dado voto a las mujeres, pero mi viejo seguía firme con los socialistas y creo que por eso no llegó a intendente de Mar del Plata.
Así que don Sábato, pese a que nunca nos vimos personalmente, me aceptó como hijo adoptivo cuando se lo pedí en una de mis cartas. Quizá lo hizo solamente para compensar la pérdida de mi padre. Pero a mí me quedó como una marca importante en el alma. Y por eso lloré cuando ese hombre murió. Iba a cumplir cien años, como mi viejo, como Fangio.
¡Ah! ¡El café! Gracias, Margarita. Cóbrese, por favor. Gracias.
Casi al mismo tiempo que moría Ernesto también fallecía la Tía Valentina. No tenía cien años, pero casi. ¿Se acuerda de ella? Era divertida. Yo estuve una vez con ella y con el equipo de la tarde del Canal 11 cuando anduve por allí. Me quedaron dos imágenes: la sonrisa de ella y la estatura de "Rosmarí", la conductora.
Y hoy me desperté con la noticia de la muerte de Bin Laden. No me sorprendió demasiado pero me parece que viene medio mezclado el tema. Supongo que será verdad porque el presidente de los Estados Unidos no se va a prestar a la difusión de una noticia de la que no esté absolutamente seguro. Como dicen los chicos, sería un "requemo" que mañana aparezca el tipo vivito, coleando y hablando por video. Pero el tema viene rodeado de mentiritas: la foto trucha, la desaparición del cuerpo por decir que echarlo al mar era una costumbre islámica - lo que no es cierto -, y algunos otros detalles, pero ya veremos, el tiempo dirá.
De todos modos alertaron a los norteamericanos que andan por el mundo para que se cuiden especialmente porque puede haber represalias, dicen. Es un tema que me excede. ¿Usted entiende bien ese asunto del terrorismo internacional?
Bueno, hoy me tengo que ir rapidito porque tengo actividad en unos minutos. Así que lo dejo. Nos vemos mañana, probablemente. No le prometo porque tengo que pasar por el Ansés donde me andan dando algunas vueltas con el tema de la jubilación. Pero todo se va a arreglar, supongo. No me interesa que me la den post-mortem.
Chaucito. ¡Adiós, Margarita!

Daniel Aníbal Galatro
dgalatrog@hotmail.com

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