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Un recuerdo de la visita de un amigo: Plácido Domingo

Gracias por esta experiencia inolvidable.








Plácido Domingo pasó por Buenos Aires. Y luego de algunas idas y venidas cantó en la Avenida 9 de Julio.
Estuvo hermoso. Porque lo tuvimos allí, acompañado de nuestra Virginia Tola - su frecuente partenaire - cantando con el corazón para demostrar que no es solamente el tenor vivo más famoso del mundo sino que es un tipo del que la mayoría querría ser amigo: un gran tipo.

Quizá a algunos les gustó cómo abordaba fragmentos de ópera, otros disfrutaron de las zarzuelas, o se sorprendieron al saber que también es director de orquesta, director de teatro, etc. etc. Pero a todos nos hizo lagrimear más de una vez durante esta reunión familiar que mantuvo con decenas de miles de "parientes" que estuvieron presentes o que participamos desde 2.000 kilómetros de distancia a través de la televisión, como nosotros.

Faltó el asadito, quizá también unos mates hubieran estado perfectos, porque ese enorme individuo que nos sonreía y nos abrazaba desde el escenario se integró perfectamente a unos músicos maravillosos que lo acompañaban muy bien dirigidos y a un coro que siempre nos sorprende por su calidad.

Nosotros no lo tomamos como una actuación sino como un ensayo más, esta vez en el jardín de casa. Un ensayo de lujo del que pudimos participar más cerca que nunca de ese talento internacional que no se borrará facilmente de nuestras almas y mucho menos, quizá por obra del destino, en el Día que dedicamos a la Memoria.

Estuvo bien, muy bien. Y agradecemos a quienes lograron concretarlo: funcionarios, directivos de la Beethoven, músicos, coreutas, asistentes, obreros, y hasta el propio Plácido Domingo que tuvo la enorme delicadeza de bajar a nuestros corazones con su magia y hasta con un par de hermosos nietitos que no podían faltar a la fiesta.

Olga y Daniel
Esquel

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