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Borges, el tejedor de sueños

 Jorge Luis Borges, escritor argentino que se convirtió en ciudadano del mundo. A medida que iba perdiendo la vista, su visión del mundo y de la humanidad era cada vez más clara y profunda. Había llegado a la vida cuando el siglo XIX se despedía: el 24 de agosto de l899. Su figura crece con el paso de los años y aunque no haya logrado conseguir el Premio Nobel de Literatura, su obra perdura en el tiempo. Este Premio internacional que es considerado el más importante, se ha otorgado a personajes como Bjornson, Mommsen, Heyse, Gjeellerup, Spitteler, Echegaray, Carducci, Seferis, Reymont, Karlfeldt, Sillanpää, Eucken, H. E. Martinson, E. Johnson, Laxness, Quasimodo y Bunin, entre otros.

EN EL NOBEL NO ESTÁN TODOS LOS QUE SON Entre los escritores que figuraron como candidatos al Premio, pero no lo consiguieron, mencionaremos --además de Borges y Alfonso Reyes-- a Bertolt Brecht, Mark Twain, Henry James, Máximo Gorki, Paul Valéry, H. G. Wells, Somerset Maugham, Anton Chejov, León Tolstoi, Henrik Ibsen, Rainer Marìa Rilke, Marcel Proust, Benedetto Croce, Virginia Woolf y George Meredith. El diario italiano Corriere della Sera realizó una encuesta mundial en 1970, la cual favoreció a Borges, como el candidato al Nobel que más votos recibió de parte de los lectores. Sin embargo, la Academia Sueca se decidió por Solshenitsyn.

A Borges le gustaba hacer bromas con esto del otorgamiento del Premio Nobel. En una ocasión dijo que si lo hubiese recibido, perdería el puesto de “futuro candidato”. “Al parecer –dijo en una ocasión—todo se hace al azar de una geografía política. Creo que los próximos cinco o seis premios serán australianos o húngaros”.

Al respecto, María Kodama, la viuda de Borges, ha expresado que Borges “se divertía muchísimo con el hecho de que no le dieran el Premio Nobel de Literatura. Decía que se había convertido en un mito escandinavo, el del hombre al que no le habían dado el Nobel. En caso contrario él se hubiera convertido en uno más de la lista”.

Pero volvamos a Borges. Este ilustre escritor que recorrió los caminos de Francia, Italia y Suiza, hizo de Buenos Aires, su ciudad natal, fuente de inspiración. Incursiona en la poesía, en el ensayo, en la crítica y en la narrativa. Entre sus obras figuran: “El tamaño de mi esperanza”, “El jardín de los senderos que se bifurcan”, “Fervor de Buenos Aires”, “La Muerte y la Brújula”, “Nuevas Inquisiciones”, "Ficciones", "El Aleph", "Cuadernos de Bustos Domecq", "Historia de la eternidad", "Historia universal de la infamia", etc.

LA HISTORIA DEL ESPIRITU A Borges le gustaba recordar a Paul Valéry, quien escribió: "La Historia de la literatura no debería ser la historia de los autores y de los accidentes de su carrera o de la carrera de sus obras, sino la Historia del Espíritu como productor o consumidor de literatura. Esa historia podría llevarse a término sin mencionar un solo escritor". Desde niño entró en contacto con los libros. Pasaba horas en la biblioteca de su padre, Jorge Guillermo Borges. En ese lugar entró en contacto con sus primeras lecturas: Huckleberry Finn, Wells, Dickens, Don Quijote, los cuentos de Grimm, Lewis Carrroll y Las Mil y una Noches.

“Si se me pidiera elegir el acontecimiento principal en mi vida, eligiría la biblioteca de mi padre. De hecho, a veces pienso que nunca me alejé mucho de esa biblioteca”.

BIBLIOTECAS Y LABERINTOS Era un apasionado de la lectura. Su relación con los libros y las bibliotecas, lo llevó a ser dueño de un saber enciclopédico. De sus textos, recordamos "La biblioteca de Babel", un lugar en donde se guardan y se conservan los libros de todo el mundo y de todos los tiempos. Otro de los temas en sus libros, es el de los laberintos como símbolo del espacio complejo y cerrado que contiene la vida misma. También el tiempo y la eternidad adquieren una gran importancia en su obra. Le gustaban las tardes de oro de junio. Un día de junio se nos fue. A Borges le sucede lo que a muchos otros escritores. Que la gran mayoría no los conoce, a pesar de la grandeza de sus obras. Borges se consideraba ante todo un lector. Lo fue toda su vida. A pesar de que fue perdiendo la vista, siempre tuvo –incluso al final—quien le leyera. Su mente era privilegiada y fue capaz de imaginar las más bellas páginas. Poeta y prosista, se consideraba, primero y ante todo, lector. Incluso llegó a decir con la modestia que lo caracterizaba: “Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”. La lectura lo llevó a la escritura. A los seis años decidió ser escritor. Sin duda, su padre ejerció una gran influencia en su formación. El hijo cumplió el deseo de su progenitor de llegar a ser un gran escritor. Su madre, aunque posesiva, también le resultó de gran ayuda.

A los siete años escribió un cuento: La visera fatal y para los nueve tradujo El príncipe feliz de Oscar Wilde.

SU SUEÑO: VIVIR ENTRE LIBROS

Uno de sus sueños era leer todos los libros y encontrarse en todas las bibliotecas al mismo tiempo. Tuvo la fortuna de ser director de la Biblioteca de Buenos Aires, entre 1955 y 1973, aunque tal vez sería más adecuado decir que Argentina tuvo la fortuna de que Borges fuera director de la Biblioteca.

Borges es, sin duda, uno de los escritores más importantes del siglo XX y de todos los tiempos.

Fuente: http://www.elporvenir.com.mx/

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Vista también: http://yobioycasares.blogspot.com/

1 comentario:

Ruiz dijo...

El Premio Nobel está demasiado politizado. Y según he leído, Borges tenía un enemigo en el jurado que consideraba a Borges un escritor de derechas y por tanto indigno del premio. Por mi parte... ya saben cuál es mi opinión: no haber concedido el premio a semejante portento literario es algo así como devaluar la categoría del premio a medalla escolar. Ya me dirán quién sabe o ha leído algo de ese tal Solshenitsyn. Yo al menos no. Saludos.

Dientileche, el País de los Niños